Se imponen ya los cambios

 PAULINO CÁRDENAS

Dicen en los corrillos políticos que con la designación de Manlio Fabio Beltrones Rivera para dirigir los destinos del PRI el presidente Peña Nieto busca fortalecer la debilidad y la desconfianza de su gobierno que ha quedado manifiesto en varias encuestas de opinión, en donde su imagen y preferencia han bajado considerablemente. Esa designación la habría decidido sin consultar a sus gurús de cabecera, dicen.

También se asegura que esa determinación lo animará a designar a otros funcionarios en su gabinete si de veras quiere que las cosas no solo cambien, sino que su administración recupere algo de la credibilidad y confianza perdidas y la sociedad comience a ver resultados tangibles. El mandatario mexicano estuvo unos días de vacaciones y ya está de regreso en Los Pinos. Quizá en esos días de asueto se habría convencido de la necesidad de hacer los relevos en su gabinete que el pueblo le reclama, cuanto antes.

Una buena razón es que con los cambios buscaría acelerar el paso y reponer el tiempo perdido para que, con un verdadero golpe de timón, en serio se trace el rumbo que logre impulsar el desarrollo que tanto requiere el país. Se da por hecho que volverá a insistir en sus reformas que, según lo declaró Manlio Fabio Beltrones en Sinaloa, ya como dirigente del PRI también buscará impulsar, a la par de ir depurando cuadros con miras a las elecciones que habrá en julio del año próximo.

También declaró el sonorense que debe haber cercanía entre el mandatario federal y el partido en el poder, ya que no cree en la ‘sana distancia’ que practicó Ernesto Zedillo por lo que el PRI habría perdido las elecciones en el año 2000 frente al panismo según comentó el aún coordinador de la bancada priísta en la Cámara de Diputados quien tomaría las riendas del Revolucionario Institucional después de cumplirse el rito partidista.

No se sabe bien a bien en qué dependencias podrían comenzar a darse los cambios, aunque urgiría hacerlo en las áreas que han cojeado más en la actual administración, como las de economía y finanzas que se encargan de la distribución de los dineros para el desarrollo, la del combate a la pobreza, y la de seguridad. Posiblemente se vean enroques. Es posible que el cambio esté considerando también las áreas energéticas, y que por fin se designe embajador en Washington.

Se señala que el criterio para hacer los cambios en su gabinete sería similar al que habría prevalecido en la decisión -sorpresiva para algunos- de la designación de Beltrones Rivera- ¿Cuál habría sido ese criterio de decisión? Es una pregunta que solo el mandatario federal lo sabe. Habría ponderado los pros y los contras.

¿Qué hubiese pasado si a Beltrones lo pone en Gobernación? ¿O hubiese sido peor dejarlo fuera de la jugada por miedo de los que más influyen en el ánimo y las decisiones del primer mandatario? El 2018 parece lejano, pero para el jefe del Ejecutivo federal desde ahora hay que tomar previsiones.

Por lo pronto, parece haberle quedado claro a Peña Nieto que ha perdido muchas simpatías de los votantes que lo hicieron por él en el 2012, debido a que ha perdido contacto con muchos sectores de la población aunque le han hecho creer que las ‘simpatías’ que le manifiestan en los eventos a modo los priístas, es realmente el sentir de las mayorías, lo cual no es así. Es evidente el grado de confianza que ha perdido de un tiempo para acá. Las causas son distintas, y aunque no son muchas, han sido suficientes para mermar la creencia en su administración.

Desde los acontecimientos de Ayotzinapa con la desaparición de los 43 estudiantes normalistas, las ejecuciones de Tlatlaya, y otros similares, pasando por las dudas de probidad que sembraron en la población los asuntos de la casa blanca de la pareja presidencial, la de descanso del titular de Hacienda, hasta la gota que derramó el vaso con el tema de El Chapo Guzmán que desapareció de la cárcel y cuya última hipótesis es que pudo haber sido ultimado.

A todo eso hay que agregar que varios miembros del gabinete siguen sin dar el ancho. Por ende, las cosas siguen igual. De ahí que hace poco haya admitido que no ha habido el crecimiento que se esperaba, “no en los niveles, lamentablemente, que quisiéramos”. Buena señal que el mandatario empieza a ver las cosas con realismo. Sabe que las cosas no marchan como se las pintaron sus asesores, y que algo hay que hacer para remediarlas y que las cosas empiecen a funcionar.

Desde el momento en que lo dice abiertamente, que no se alcanzarán las metas trazadas, es que pareciera estar convencido de que debe hacer cambios en su gabinete.

Porque no solamente es en el rubro del crecimiento económico, es en de la pobreza que, con esa cifra que dio el Coneval de que en su gobierno han aumentado dos millones de pobres cifra que fue un balde agua fría a su gobierno, es señal de que ni la gente que está al frente de esos programas para abatir la pobreza ni la estrategia para tratar de combatir las causas de tanta pobreza han funcionado y que es hora de cambiar.

Y en seguridad ni se diga. La inseguridad sigue siendo un rubro que tiene muy molesta a la sociedad. Crímenes van y crímenes vienen y las autoridades se la pasan justificando lo injustificable. Está sucediendo, entre otros casos, con las ejecuciones del reportero gráfico Rubén Espinosa Becerril y de la activista Nadia Vera Pérez, quienes venían huyendo de Veracruz por amenazas de muerte en busca de seguridad en el DF, y que fueron ultimados junto con otras tres mujeres en un departamento de la colonia Narvarte.

Otro gran tema que sigue vigente es la corrupción y la impunidad. Son, pues, muchos pendientes que tiene el gobierno de Peña Nieto con los diferentes sectores de la sociedad. Muchos estiman que si habrá de decidir hacer cambios, es el momento. Los cambios en el gabinete serían una buena noticia para los mexicanos y Peña Nieto ganaría un amplio reconocimiento público.

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