“¿Y yo por qué?” diría Peña

PAULINO CÁRDENAS

Escritores, artistas, intelectuales y periodistas pidieron al presidente Enrique Peña Nieto el “esclarecimiento inmediato y efectivo” de los asesinatos de Rubén Espinosa y de otros reporteros en México, así como un “compromiso” del gobierno para “garantizar la libertad de expresión” en el país. Seguramente dirá como en su momento dijo Vicente Fox cuando se dio aquel latrocinio de la señal del canal 40 por parte de TV Azteca: ¿“Y yo por qué”? Se ha visto que el presidente mexicano no reacciona al sentir popular.

No lo hizo cuando le exigían esclarecer la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero; tampoco en el caso de la matanza de Apatzingan, Michoacán el 6 de enero, ni el enfrentamiento en Tanhuato, también en Michoacán, que dejó un saldo de 43 muertos; tampoco la ejecución de al menos 15 de 22 supuestos delincuentes a manos del Ejército en Tlatlaya, estado de México cuando ya se habían rendido. ¿Por qué ahora tendría que ordenar que se indaguen los crímenes contra periodistas y gente que ha criticado a los malos gobiernos?

Su gobierno no está para eso. Como no ha estado para indagar bien a bien qué sucedió con la supuesta “fuga” del Chapo Guzmán que no se sabe si está vivo o muerto. Y eso que le había encomendado encarecidamente a su secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, que se encargara de vigilar que nada sucediera con el líder del cártel de Sinaloa, y menos que escapara como ha sido la versión oficial con la desaparición de Joaquín Guzmán Loera del penal de Almoloya el pasado 11 de julio.

La impunidad que gozan los criminales es inaudita. México parece estar condenado a seguir entre la violencia y la anarquía. Fue el asesinato del fotoperiodista Rubén Espinosa Becerril, una activista, Nadia Vera, y tres mujeres en un departamento de la colonia Narvarte, el pasado 31 de julio. Rubén y Nadia venían huyendo de Veracruz por el acoso del gobierno que incluía amenazas de muerte.

Unas horas después se dio otro crimen, el del ex corresponsal de Televisa, Juan Heriberto Santos Cabrera. Dice la Fiscalía del estado que presuntamente se encontraba reunido con un jefe de plaza de Los Zetas. En esos hechos murieron otras seis personas. Dicen las autoridades que en el lugar se hallaban también dos reporteros del periódico El Buen Tono que resultaron ilesos. El propietario de ese medio, José Abella García, informó que ambos reporteros que trabajaban en ese diario, Enrique Rivas y Guillermo Ramos, fueron despedidos.

Lo fueron, dijo, porque sin duda con el jefe de plaza de Los Zetas no estarían hablando de periodismo ni de libertad de expresión. Según los reporteros despedidos, sería Santos Cabrera quien pagaba a los reporteros asignados a la fuente policíaca para que ocultaran información relacionada con los zetas. ¿De veras?

Esa declaración resulta sospechosa y se antoja hasta dolosa. Hacía dos meses que el ex corresponsal de Televisa y ex reportero de Telever había dejado de colaborar con la empresa de Emilio Azcárraga porque hubo un recorte de personal. El recorte habría sido porque el gobierno de Veracruz ha estado recortando presupuestos de publicidad sobre todo a los medios que ‘no se portan bien’ con el gobernador.

De un tiempo para acá se ha visto una especie de campaña de Televisa en torno a los acontecimientos y atrocidades sufridas por la prensa veracruzana por parte del gobierno de Duarte. Ha habido frecuentes notas al respecto en diversos espacios noticiosos de esa empresa. Algo debió ser el motivo por el que sea dado esa información negativa contra el gobierno de Duarte de Ochoa, lo que habría encrispado al mandatario.

Pudo ser un orden superior de la empresa a causa de que el gobierno duartista no haya querido incrementar en el pago de publicidad, lo que obligó a recortar presupuesto y prescindir de colaboradores. O, peor, que la orden de exhibir las barbaridades que hay en el estado de Veracruz haya sido ‘de más arriba’, léase Gobernación o Los Pinos, por el daño al priísmo que le está haciendo la administración de Duarte.

Esos dos hechos de sangre, el del fotoperiodista que colaboraba con Proceso, Rubén Espinosa, y el del ex corresponsal de Televisa, Juan Heriberto Santos Cabrera, parecen llevar mensajes de la administración veracruzana para ambos medios. Al menos es la percepción. Ambos hechos hacen recordar los montajes que hacía Genaro García Luna en el sexenio pasado, pero ahora de manera agravada, con derramamiento de sangre de por medio.

¿Hasta dónde van a llegar las cosas en Veracruz? ¿Quién parará esa vorágine de sangre? Lo cierto es que a Javier Duarte se le ha condenado públicamente caracterizándolo como un dictador represivo, culpable de la violencia contra el periodismo. Por ello se queja de que hay contra él un ‘linchamiento público’ y hasta podrá decir que se trata de un complot para desestabilizar al estado y por ende a su administración.

La recomendación que hizo a los periodistas en Poza Rica de “pórtense bien” olvidó ponerla en práctica para sí. Por eso dentro y fuera del país lo señalan y piden que renuncie. Pero lo de Veracruz no es el único caso. Contra los periodistas ha habido atentados en otros estados por lo mismo, por que ellos cumplen con su profesión y a los gobernantes les molesta la crítica.

No deben cifrarse muchas esperanzas de que el presidente ordene el “esclarecimiento inmediato y efectivo” de los asesinatos de Rubén Espinosa y de otros reporteros en México, ni que suscriba un “compromiso” del gobierno para “garantizar la libertad de expresión” en el país, como le piden escritores, artistas, intelectuales y periodistas en una carta abierta.

Ello no está en su agenda; como muchas otras cosas que el sentir popular le ha venido exigiendo, como los cambios en su gabinete, en materia de seguridad, en el rubro económico y en materia social.

 

 

Anuncios

Comentarios desactivados en “¿Y yo por qué?” diría Peña

Archivado bajo "¿Y yo por qué?" diría Peña

Los comentarios están cerrados.