Guatemala pone el ejemplo

PAULINO CÁRDENAS

“Estamos cansados de tanta corrupción” fue la frase que comenzó a motivar a los guatemaltecos para ponerle un hasta aquí a tanto abuso del poder en ese país que encabezaba el presidente Otto Pérez Molina y quien por la presión social que había ganado las calles, fue desaforado, fue obligado a renunciar, fue arraigado y tendrá que enfrentar un juicio que lo podría llevar a la cárcel, como sucedió con la vicepresidenta de ese país, Roxana Badetti, quien formaba parte de la misma cadena de corrupción aduanera que fue descubierta por la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala.

La nación vecina le ha puesto el ejemplo a México en cuanto al combate a la impunidad. No basta, como se ha visto en nuestro país, con erogar leyes para combatir la corrupción y acabar con la impunidad. Se requiere organizarse como sociedad, salir a las calles a protestar y exigirle a la comunidad internacional que apoye a depurar los cochineros de los delincuentes de cuello blanco que tienen hartos a los ciudadanos. Pérez Molina está acusado de encabezar una red de corrupción conocida como ‘La Línea’.

Esa red cobraba sobornos a importadores a cambio no pagar el pago de impuestos de aduana. Esto llevará al ahora ex primer mandatario guatemalteco, a encarar un juicio y posiblemente ser encarcelado por actos de corrupción. La corrupción de altos políticos guatemaltecos empezó a salir a la luz en abril pasado y en julio la Fiscalía y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), detuvo a 21 personas, incluidos el director y ex director de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT).

El abogado del presidente, César Calderón, había presentado un recurso de amparo ante la Corte de Constitucionalidad, máxima instancia judicial del país, para detener el proceso legislativo de retirarle la inmunidad. Sin embargo, no procedió debido a las pruebas que presentó a la Fiscalía la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, un organismo avalado por la ONU. El presidente Pérez Molina renunció, lo cual fue celebrado en toda Guatemala.

El caso, destapado inicialmente por la Fiscalía y la CICIG en abril pasado, precipitó la renuncia de la vicepresidenta, Roxana Baldetti, quien guarda prisión preventiva por su presunto papel en el caso. Otto Pérez, un general retirado de 64 años que llegó al poder en 2012, esperaba poder llegar al término de su mandato el 14 de enero, una vez que este domingo 6 se realicen elecciones sucesorias del mando presidencial.

Sin embargo, la ley guatemalteca estipula que el presidente debe cesar en el cargo si un juez ordena su prisión preventiva. Miles de personas exigían la renuncia de Pérez además del desafuero. Las manifestaciones no se hicieron esperar, pero el mandatario se resistía a dimitir al puesto. La Comisión Contra la Impunidad solicitó el 21 de agosto a la Corte Suprema de Justicia que autorizara un proceso para quitarle la inmunidad ante indicios de la participación del mandatario en el esquema de corrupción de ‘La Línea’ que pedía sobornos a empresarios a cambio de no pagar impuestos aduaneros.

Por todas las pruebas acumuladas los legisladores en el Congreso votaron por el desafuero. Y el mandatario se vio obligado a renunciar. Hay otros escándalos de corrupción cometidos bajo la gestión de Pérez. Entre ellos figura la sobrefacturación en la compra de medicamentos por parte del Seguro Social, que implicó el arresto en mayo de titulares de esa institución y del Banco de Guatemala. No ha trascendido si Otto Pérez, un general retirado de 64 años que llegó al poder en 2012, pudiera ser acusado también por esos otros hechos de corrupción institucional.

Pero, ¿cuál fue la fórmula para que no solo las autoridades sino la sociedad, lograran tal hazaña histórica en ese país? En el programa de televisión Diálogo Libre, algunos invitados lo expresaron cuando se les preguntó: ¿Qué ocurrió de diferente esta vez para que a partir de abril se escribiera una página dorada en la historia del país en cuanto al movimiento social?

Uno de ellos, de apellido Samayoa, tomó la palabra y dijo: Estábamos hartos de esperar que alguien más nos viniera a salvar. De hecho, la Comisión Anticorrupción y la Fiscalía dijeron de hecho: ‘hasta aquí podemos llegar’ porque para enjuiciar al presidente habría que desaforarlo y eso es atribución del Congreso. De esta manera, dijo, la ciudadanía tenía que presionar para ir más allá. Si nos quedábamos hartos de la corrupción y nada más, nada iba a cambiar.

“Yo creo que se dio un despertar ciudadano, que no es un despertar nuevo, sino que se ha venido acumulando de varios años. Lo que pasó en abril es que ahora vamos a ejercer nuestro rol, y ahora nos tocaba a nosotros poner la presión”. Mack, otro entrevistado, señaló: “Hay nuevas generaciones que vienen. Los jóvenes lo han dicho: se metieron con la generación equivocada, y lo que sucede es que es una generación que está más informada y que tiene pensamiento crítico.

“Los jóvenes de ahora tienen mejores oportunidades de estudio y especializaciones que la generación nuestra, y eso hace que no tan fácilmente se la puedan creer. El descaro con el que este gobierno manejó todos los temas de la corrupción fue por lo que dijeron ¡basta!

“No solo estamos cansados de la corrupción, sino de la violencia; por eso, cada sector manifestó cómo la corrupción les afecta. Esa prepotencia y arrogancia al más alto nivel. Primero empezamos con regalar motos, después caballos, pero después fueron yates, fincas y hasta llegar al helicóptero. Eso era un descaro”. Una clave fue que varias entidades acuerparon al procurador de los Derechos Humanos.

En México urge un despertar de esa naturaleza para acabar con tanta corrupción de delincuentes de cuello blanco y tanto cinismo, prepotencia y arrogancia. Urge. No solo es cosa de leyes. Es cosa de un despertar de conciencia ciudadana; de sacudir la conciencia social.

 

 

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