TPP, una camisa de fuerza

 

PAULINO CÁRDENAS 

¿Qué misterio oculta el TPP? ¿Qué es el TPP? Según documentos filtrados, el controvertido Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (Trans-Pacific Partnership, TPP, por sus siglas en inglés), los 12 países suscritos -incluido México- están tratando de eliminar todas las barreras al comercio que abarcan las leyes que garantizan la seguridad alimentaria, la protección de la agricultura y la privacidad de la información de los ciudadanos entre otras chuladas.

De hecho ese pacto ha sido un secreto de Estado por su opacidad, al no saber bien a bien de qué trata, de no ser el de servir de comparsa al ‘principal socio comercial’; por ello se ha convertido en objeto de polémica, y de protestas, debido al misterio que encierra su concepción. Con todo y eso el presidente Enrique Peña Nieto metió a México en esa camisa de fuerza, sin duda por presiones de EU, ya que requiere de su cooperación. Ser como paje de boda, pues.

El pasado lunes, EU, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Brunéi, Canadá, Chile, Malasia, México, Perú, Singapur y Vietnam consensuaron los términos del Acuerdo que ni el mismo gobierno mexicano sabe bien a bien a dónde conducirá al país en un futuro. Un comunicado de Los Pinos apuntó que al celebrar con “beneplácito” la inclusión de México en ese pacto, el presidente dijo que “se trata de un acuerdo de vanguardia con el que México fortalece su integración comercial con el mundo”.

Lo que se sabe por trascendidos es que con ese Pacto Transpacífico, Estados Unidos prepara un blindaje comercial que en primera instancia obliga a los países que integran el TPP a someterse a sus reglas de juego; una de esas obligaciones será reducir las barreras arancelarias ‘para establecer estándares comunes’. Lo que ha trascendido es la parte amable:

Que el TPP influirá positivamente en los capítulos Acceso a Mercados, Reglas de Origen, Obstáculos Técnicos al Comercio, Medidas Sanitarias y Fitosanitarias, Defensa Comercial, Competencia, Compras Públicas, Servicios, Inversiones, Comercio Electrónico, Telecomunicaciones, Entrada Temporal, Servicios Financieros y Asuntos Legales, Propiedad Intelectual, Medio Ambiente, Laboral y Cooperación.

Adicionalmente se le han incorporado los “temas horizontales” que incluyen Coherencia Regulatoria, Competitividad, Desarrollo y Pequeñas y Medianas Empresas.

Se dice que una vez que entre en vigencia el acuerdo del TPP, los productores podrán abastecer con sus insumos a los países miembro, con el objeto de exportar de manera preferente a terceros mercado de la región, incentivando los flujos de comercio entre los socios y la incorporación a sus cadenas productivas.

De por sí la soberanía del país ha quedado borrada con la reforma energética. ¿Qué otro recurso de valor puede ofrecer México a través de ese acuerdo? En el caso de nuestro país, Estados Unidos quiere aprovechar la negociación del TTP para lograr en materia energética lo que no se pudo con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte suscrito hace poco más de veinte años. El Congreso norteamericano ya le dio luz verde a Obama para empujar a fondo el acelerador como líder del TPP.

Hay hermetismo sobre esa polémica inscripción de México en el TTP, país que fue de hecho el último en entrar, junto con Japón, que sí rechazó algunas imposiciones a que obligan las reglas de juego del TPP antes de ingresar. De hecho, México solicitó, sin consultarle a nadie, su incorporación a las negociaciones de este nuevo tratado, en noviembre de 2011.

Aceptaron su solicitud casi un año después, el 8 de octubre de 2012, pero con varias condiciones, entre ellas: a) “… aceptar el texto ya acordado por los negociadores de los nueve  países originales y no reabrir esos capítulos…” Es decir, se trata de una adhesión y no propiamente de una negociación. Y b) Los países deben comprometerse a un acuerdo global sin exclusiones a priori. Es decir que no plantee excepciones o exclusiones.

De esta manera, el petróleo y la electricidad entrarán a las obligaciones pactadas en el TPP porque se infiere que así estaría expresamente estipulado. Ese Pacto Transpacífico implica muchas cosas, coinciden en señalar analistas, pero destacan las tres siguientes:

Una.- Los monopolios globales de la energía tendrían trato nacional, es decir competirían en igualdad de condiciones con Pemex y la Comisión Federal de Electricidad (CFE). No es verdad que estas empresas estatales licitarían sólo lo que consideren; estarían obligadas a abrir a licitación internacional prácticamente todos sus contratos y compras públicas y podrían perderlos.

Dos.- Los inversionistas extranjeros en este estratégico sector adquieren todos los derechos que les dan los Tratados de Libre Comercio. Entre ellos demandar en tribunales de arbitraje internacionales fuera del país.

Por ejemplo, si México modifica un contrato, o incluso define una política pública que los inversionistas extranjeros consideran que afectará sus ganancias, pueden demandarlo por la llamada “expropiación indirecta (se considera una expropiación de las ganancias  esperadas cuando decidieron invertir”, y como toda expropiación hay que pagarla).

Tres.- Se infiere que el TPP convierte estas reglas de juego legalmente en casi irreversibles. Incluso si un país se atreve a salirse de ese tratado, este prevé que mantendrían su vigencia al menos diez años más, como sucede con todos los tratados comerciales. Por lo pronto Barack Obama es quien empuja muy animoso ese nuevo y misterioso Pacto Transpacífico. Tiene el aval de su Congreso.

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