¿A qué le teme el general?

PAULINO CÁRDENAS

El general secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, sabe que el ejército está en la mira de la opinión pública nacional e internacional como pieza clave para aclarar lo ocurrido la noche del 26 de septiembre del año pasado cuando 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa fueron desaparecidos por la fuerza por policías de Iguala y Cocula y supuestamente entregados a grupos armados al servicio del narco.

Pese a ello, el militar de cuatro estrellas ha optado por esquivar cualquier relación que se haga a los mandos y soldados del 27 Batallón cuyo cuartel se ubica en Iguala a poca distancia donde se supone que fue la desaparición forzada de los estudiantes, y con aire autoritario dice que de ninguna manera permitirá que extranjeros ‘interroguen’ a quienes pudieron haber tenido relación o sabido de esos hechos.

Ayotzinapa es uno de tantos casos que no han querido ser resueltos cabalmente, entre otras cosas por la negativa del general a que el grupo de expertos de la CIDH puideran visitar las instalaciones del 27 Batallón, que sigue siendo clave para cerrar uno de los capítulos de la indagatoria. Se quiere descartar que pudiera haber la participación militar o si solo fueron sabedores de los hechos y no intervinieron.

El general Cienfuegos se defendió, tanto en la televisión durante una entrevista a modo, como en su reunión con los diputados en las oficinas del general, de que los soldados no incurrieron en violaciones a los derechos humanos en esos hechos. Hay testimonios de que los mandos y soldados tuvieron conocimiento de los hechos la noche de la desaparición forzada en Iguala. Sin embargo, Cienfuegos afirmó que no hubo omisión por parte de los militares ya que “los elementos municipales eran los que estaban a cargo del problema”.

Insistió en que esa noche no hubo “omisión ni tampoco acción contra nadie” y que como eso ya consta en las declaraciones oficiales sus soldados de ninguna manera serán “interrogados” por extranjeros. Así pues, el personaje de más alto rango en la estructura militar se mete en su concha de donde obviamente no quiere salir, para lo cual esgrime sus convicciones que traduce en indignaciones que manifiesta de manera hostil, como se le vio en su reunión con los diputados.

Soberbio y negado a cualquier interrogatorio por parte de organismos extranjeros, el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, el general Salvador Cienfuegos Zepeda, advirtió a legisladores de la Comisión Especial del Caso Ayotzinapa que el trabajo de sus soldados podrá someterse al escrutinio legislativo siempre que eso ocurra con un superior a su lado para evitar “intimidaciones”.

Un ejemplo de esa soberbia militar fue que en la comparecencia, según reportan las crónicas, a la entrada al recinto de la Defensa Nacional catearon a los legisladores para evitar que entraran a las instalaciones de la Defensa con celulares, grabadoras o cámaras. Además, impidieron que sus asesores los acompañaran. Eso da una idea de cómo se las gasta el general secretario y su séquito de alto rango. Aquí mis chicharrones truenan y aléguenle. Parece una actitud de gobiernos autoritarios.

Ciertamente el general secretario pertenece a los generales más influyentes en los “núcleos duros” del Ejército. Pero a tres años de distancia que tomó el cargo de secretario de la Defensa Nacional ha tenido no pocos desaguisados que mediáticamente lo han puesto en la picota por no saber contener sus estados de ánimo. La carga que trae el general secretario Salvador Cienfuegos, por el caso de los 43 estudiantes desaparecidos, es brutal. Y le está haciendo mella.

Busca defenderse a como puede ante los cuestionamientos del caso Ayotzinapa y a pesar de que las condenas internacionales sobre la situación de los derechos humanos en México en donde los militares y soldados que solo obedecen órdenes, suelen estar involucrados. Su discurso de general bronco con el que quiere asustar a los que se dejen, es el rol que ha venido jugando por órdenes de su jefe.

Porque además de vociferar indignado que ningún institución extranjera va a interrogar a sus soldados, dice que solo tiene un jefe a quien obedecer y es a Enrique Peña Nieto en su carácter de jefe supremo de las fuerzas amadas. En esencia tiene razón desde el punto de vista de estructura de poder.

Aunque su jefe ha aceptado las recomendaciones sobre los hechos de Iguala investigados por el grupo de expertos de la CIDH, el general secretario se resiste a que ni siquiera grupos nacionales puedan hablar con mandos y soldados del 27 Batallón cuyo cuartel está en Iguala, los cuales, por cierto, ya fueron cambiados de adscripción en su mayoría desde diciembre pasado. Para él ya fueron ‘interrogados’ y no hubo problemas. Pero no solo está el caso de los normalistas desaparecidos aquel 27 de septiembre del año pasado.

Están otras violaciones a los derechos fundamentales como los que se han dado contra grupos que han sido víctimas de marginación, violencia y abusos de poder, como en la comunidad indígena de San Francisco Xochicuautla, así como las víctimas de las masacres de 22 en Tlatlaya, otros tantos en Apatzingán y la matanza de otros 43 en Ecuandureo, Michoacán, entre otros hechos de sangre en los que han estado involucrados fuerzas policiacas y miembros del Ejército.

Por lo pronto la Sedena deberá entregar todos los documentos que contengan información de comunicaciones entre servidores públicos de la dependencia y oficiales del gobierno de Estados Unidos sobre el caso Ayotzinapa, según una instrucción del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales. La Sedena había declarado la inexistencia de tal información. El escamoteo, pues.

Anuncios

Comentarios desactivados en ¿A qué le teme el general?

Archivado bajo 1

Los comentarios están cerrados.