Hacer como en Guatemala

PAULINO CÁRDENAS

El padre Alejandro Solalinde Guerra, benefactor de migrantes que pasan por México para ir a probar suerte en Estados Unidos, propone que los mexicanos deberían hacer como hicieron los guatemaltecos: sacudirse a los políticos corruptos y construir un verdadero proyecto de Nación. “¿Por qué si Guatemala lo hizo México no? Ánimo mexicanos!” escribió en su cuenta de Twitter (@padresolalinde).

El presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, renunció el pasado 3 de septiembre al cargo en medio del escándalo por el caso de corrupción aduanera conocido como “La Línea”. Lo hizo después de que el Congreso le retirara la inmunidad para poder ser juzgado como un ciudadano ordinario y fuera emitida una orden de captura en su contra, el miércoles de madrugada. A eso se refiere el defensor de los derechos humanos de los migrantes.

Solalinde ha condenado públicamente los abusos que se cometen hacia los migrantes indocumentados latinoamericanos por lo que ha sido amenazado en varias ocasiones por grupos criminales que lucran con los negocios clandestinos que giran en torno al tráfico de personas, armas y órganos humanos. Pero también lo acosa el gobierno federal.

Ha denunciado que el gobierno de México busca “neutralizarlo”. Acusa: “El Gobierno piensa: ‘Si logramos neutralizarlo, los demás aprenderán la lección’. Ésta es la voz del Estado mexicano, cada vez más represor”, afirma. En noviembre de 2014, hace un año, corrió el rumor de que lo habían secuestrado, torturado y ejecutado. Entonces escribió en su cuenta de Twitter:

“Responsabilizo al gobierno de @EPN de cualquier atentado contra mi vida”. El mensaje se produjo en respuesta a la “noticia” de que fue torturado y ejecutado, a la que calificó de “buscapiés” del gobierno. “No tengo miedo y no me voy a esconder. Cristo me ha encomendado un misión y voy a seguir hablando por todos los que callan, escribió Solalinde en otro tuit.

También escribió: “La noticia sobre mi asesinato? fue un buscapiés del Gobierno para medir reacciones o para decirme como podría yo acabar si sigo hablando? La noticia sobre su muerte fue publicada en el sitio PrimerImpacto.net el 13 de noviembre del año pasado. Señalaba que el sacerdote fue encontrado muerto en el interior de la capilla del albergue “Hermanos en el camino”, con evidentes muestras de tortura.

En un casual encuentro con el padre Solalinde en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el que esto escribe le preguntó justo eso: si no temía que un día lo mataran y el sacerdote mexicano respondió lo mismo: No tengo miedo a que me maten, sé que voy a morir, pero lo haré por los que no tienen voz, por los oprimidos, por los que quieren otro México.

La misma pregunta le hice al padre Oscar Arnulfo Romero en enero de 1979 con motivo de la CELAM celebrada en Puebla -cuando vino a México el Papa Juan Pablo II-; y al año siguiente, el 24 de marzo de 1980, lo asesinaron en su iglesia cuando acababa de oficiar misa. Cuentan quienes lo conocieron de cerca que cuando llegó a ser Arzobispo de San Salvador fue con el apoyo de la clase adinerada del país.

Romero era un sacerdote conocido por sus posturas conservadoras. Pero el brutal asesinato del sacerdote Jesuita Rutilio Grande junto a dos campesinos, abrió los ojos de Monseñor Romero ante los excesos militares y despertó en él la sed de justicia. El padre Grande era su amigo, y el hecho de que su asesinato haya quedado impune, llevó a Romero a acercarse más a los pobres y desprotegidos, ganándose el apodo de “La voz de los sin voz”.

Sus homilías cambiaron de tono y pronto se comenzaron a transmitir en la radio llegando a todos los rincones del país. Según Monseñor Jesús Delgado, Secretario personal de Romero en esa época de convulsión y alta tensión política, él se estaba metiendo en un ámbito donde estaba prohibido meterse, “darle conciencia a la gente.” Sus palabras comenzaron a incomodar a quienes alguna vez le habían dado su apoyo, y comenzaron también a llegar amenazas de muerte anónimas contra Romero.

Él de alguna manera intuía que lo podían matar y no hizo nada para evitarlo. Lo mismo ha dicho el padre Solalinde. “No tengo miedo y no me voy a esconder. Cristo me ha encomendado un misión y voy a seguir hablando por todos los que callan” ha dicho. También: “Responsabilizo al gobierno de @EPN de cualquier atentado contra mi vida”.

A Oscar Arnulfo Romero el papa Francisco lo beatificó el pasado 23 de mayo como mártir de la Iglesia católica. Fue llamado el “padre de los pobres”. Fue asesinado arteramente hace 35 años por un comando ultraderechista. El padre Solalinde parece llevar la misma cruz. Lucha por los que no tienen voz, por los migrantes que sufren los avatares de la criminalidad en México.

Ha criticado una y mil veces la impunidad que protege a los que violan los derechos humanos de los migrantes que provienen por el sur de nuestro país y que buscan llegar, a bordo del tren conocido como ‘La Bestia’, a Estados Unidos en busca de una vida decorosa que en sus países no tienen.

El sacerdote, que el 26 de febrero de 2007 fundó el albergue ‘Hermanos en el Camino’ en Ixtepec, Oaxaca, ha seguido con su misión de proporcionar un lugar seguro para los migrantes ofreciéndoles alimento y posada así como asistencia médica y psicológica, además de orientación jurídica. Y así continuará porque, como dice, “esa es mi misión”. Ciertamente durante su vida sacerdotal ha demostrado su amor por los pobres y su lucha por la justicia.

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