Mucho show y poca ayuda

PAULINO CÁRDENAS

Después que sus ‘asesores’ meteorológicos orillaron al mandatario federal a magnificar el poderío del huracán ‘Patricia’ que entraría el viernes pasado por la costa oriental del Pacífico y que afectaría gravemente a Michoacán, Nayarit, Jalisco y Colima, al final lo hicieron quedar mal porque no fue el ciclón más potente de la historia del mundo. Como no fue como se lo vendieron, pasó a decir que esa pérdida de fuerza del meteoro fue “gracias a la fe de los mexicanos” y “a la cadena de oración que formaron” (¿?)

Hubo mucho show y poca ayuda a los que sí resultaron afectados por lluvias y vientos de lo que al final acabó en una fuerte tormenta tropical. En las redes sociales lo agarraron de bajada al primer mandatario después de esas declaraciones. Señalaron en diferentes tonos que, si de fe se trata y los mexicanos unidos lo pueden todo, entonces hay que hacer una cadena de oración nacional y pedir con toda fe que cambie todo un estado de cosas en el país.

Por ejemplo, que desaparezca el PRI del mapa político. Que se acabe la corrupción y la impunidad, y que sean procesados y acaben en la cárcel los abusadores del poder, los delincuentes de cuello blanco que llegan a una posición de mando y donde hay recursos se los embuchacan. De ahora en adelante, los mexicanos ya saben lo que tienen que hacer con tantas calamidades que azotan al país, para lograr que cambie México pero de veras.

Deberán unir sus oraciones y pedir: cruz, cruz, cruz, que la fe unida de los mexicanos venga a salvar a México de tanto trácala, de tanto esquilmador, de tanto gángster de cuello blanco; que se acaben los vividores de los partidos políticos y los del INE, que solo sirven para llevar una vida de príncipes con los miles de millones de pesos que tienen asignados, que tanta falta le hace a tanta gente pobre y pobrísima que hay en el país.

Pero también, que se acabe la danza de millones a favor de la casta divina de la clase política repartida en los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, que se lo gastan como quieren sin rendirle cuentas a nadie. Y habrá que invocar a todo pulmón: cruz, cruz, cruz, que se vaya el diablo y que venga una nueva era para el país que tiene tantos recursos y bondades; que los narcos se vuelvan buenos, que aparezca el Chapo para que no haya dudas ni sospechas contra el pobre gobierno que ya no ve lo duro sino lo tupido por su ineficiencia y su ineficacia.

Habrá que hacer cadenas de oración para que aparezcan con vida los 43 normalistas de Ayotzinapa que fueron desaparecidos de manera forzada en Iguala por policías coludidos con el narco, para que los familiares, los indignados por ese crimen de lesa humanidad ni los organismo internacionales defensores de los derechos humanos estén fregando al gobierno que ya está harto de tanto reclamo.

Otra petición muy importante que debe hacerse con toda la fe por delante, es que México pueda tener un secretario de Hacienda que logre enderezar los entuertos de la economía sin tantos rollos y que venga un secretario de Gobernación que logre poner orden a tanto desorden y descoordinación que hay en los asuntos de seguridad.

Por lo pronto, el reclamo a Peña Nieto es que en lugar de tanto show, el gobierno le brinde ayuda a los damnificados afectados por ‘Patricia’, que sí los hubo. Una de las tantas zonas que resultaron afectadas por el paso de ese fenómeno fue en Chamela en La Huerta, municipio de la Costa Sur, en Jalisco. Hay niños, mujeres, ancianos y jóvenes que intentan recuperar lo poco que se salvó de sus viviendas como refiere una nota de El Diario RT de Guadalajara.

En ese lugar, como en muchos otros en donde sí causó estragos a su paso el huracán del viernes en varias entidades de la República, reprochan que ni el gobierno federal ni los gobiernos locales, ni Sedena, ni Protección Civil de los estados afectados los ha auxiliado. “Pasan, nos toman fotos y no se quedan. Necesitamos que se queden” se quejan.

“El gobierno nomás pasa, pasa y no nos ayuda”, reclamó Verónica, habitante de Chamela. “No se vale, no se vale… ¿Dónde está la gente, dónde está el apoyo?”, gritó entre los escombros de lo que era su casa Raúl Jiménez. Ahí ni la fe de los mexicanos ni la cadena de oración les llegó. La ayuda oficial menos. Por eso dicen: mucho show y poca ayuda.

El viernes, aconsejado por algún genio de las ocurrencias de los que tiene de cabecera, Peña Nieto se convenció de que ante ese huracán que haría historia, él debía subirse a la ola mediática y convertirse en comandante supremo contra el fenómeno meteorológico más poderoso de la galaxia, tomar las riendas del asunto y salir a defender como todo un guerrero a los mexicanos. Pero el asunto se cebó. Y vino la explicación del porque ese fenómeno amainó su furia: fue por la fe de los mexicanos y por las cadenas de oración.

Nada de eso hubo aquel viernes 13 de septiembre de 2013, cuando la tormenta tropical ‘Manuel’ se convirtió en huracán categoría 1 que acabó siendo el ciclón más destructivo de la temporada y afectó seriamente el puerto de Acapulco y otras localidades del estado de Guerrero.

Nadie del gobierno federal ni estatal pudieron advertir a tiempo de las previsiones que había de tomar la población por la potencial peligrosidad del fenómeno, porque los funcionarios habían aprovechado el ‘puente’ del 15 de septiembre. Todo fue reactivo y tardío. Habría pues que comparar lo que sucedió con ‘Manuel’ en respecto a ‘Patricia’. Nada que ver.

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