Santa Fe, bomba de tiempo

PAULINO CÁRDENAS

Los desgajes de Santa Fe son una bomba de tiempo. Y no tarda en estallar un megaescándalo. El gobierno del DF y la Auditoría Superior de la Ciudad de México ya indagan la legalidad de las construcciones en el fraccionamiento Vista del Campo, donde han ocurrido los deslaves y donde muchas edificaciones estarían a punto de caer al vacío. Hay temor de que algunos corporativos se vengan abajo también. Nadie garantiza que no pueda suceder.

El jefe de gobierno capitalino tendrá que ir, primero que nada, contra los constructores. Como bien lo escribió Roberto Fuentes Vivar, los empresarios que construyeron esos inmuebles, sin duda estaban conscientes del peligro, pero aun así decidieron jugar a la especulación inmobiliaria sin importarles las consecuencias porque crearon un negocio que equivale al menos a 120 millones de dólares, más de 1,700 millones de pesos.

Señala otra cosa cierta: que quienes conocimos Santa Fe antes del boom inmobiliario sabíamos que tarde o temprano se presentaría un problema similar, porque se trataba de minas de arena, de tiraderos de basura y de terrenos de alta peligrosidad para las construcciones. Sin embargo, añade, el desmedido afán de lucro de las inmobiliarias, pudo más que el sentido común, y las minas de arena se convirtieron en minas de oro.

Esto con la complacencia de las autoridades que vieron en esa zona un ejemplo del “México moderno” y permitieron construcciones en una tierra que parece queso gruyere por la cantidad de agujeros internos. Hasta el momento, la información es muy imprecisa. Hay algunas autoridades que señalan que incluso los terrenos no estaban legalizados; otras más que indican que las autorizaciones fueron otorgadas mediante actos de corrupción.

Y hasta hay quienes son más cautos dice Fuentes Vivar, como Itziar de Luisa, presidenta de la Asociación de Colonos de Santa Fe, que responsabiliza lo mismo a la constructora que a las autoridades. ¿Quién es el verdadero culpable de lo ocurrido en Santa Fe? En días recientes varios medios han iniciado una campaña para responsabilizar al ex jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, y al ex delegado Carlos Orvañanos Rea.

En todo caso habría que culpar al difunto Manuel Camacho Solís que fue quien impulsó el auge inmobiliario en lo que fueron tiraderos de basura de Santa Fe, cuando era regente de la ciudad de México. Lo cierto es que están en un virtual peligro los alrededor de 120 residentes de las torres del Fraccionamiento Residencial Vista del Campo, tras el desgajamiento del cerro en que están ubicados.

Pocas zonas urbanas de México han crecido como Santa Fe. Desde que inició su desarrollo en 1989 hasta convertirse en un polo de desarrollo del Área Metropolitana del Dsitrito Federal, han pasado menos de 30 años. Una de las razones de este fenómeno fue la decisión, en su momento innovadora, de conjuntar el trabajo de la iniciativa privada principalmente inmobiliaria y del gobierno (vía Servicios Metropolitanos, S.A. de C. V.), para crear un desarrollo urbano de vocación corporativa.

La idea fue de Carlos Hank González siendo Regente del DDF, aunque el primer paso lo dio Manuel Camacho Solís. Luego se sucedieron acuerdos, decisiones, las primeras ventas, el dominante rumbo residencial del inicio y la explosión corporativa y comercial de primer nivel.

Santa Fe fue el primer proyecto del país en contar con un Plan Maestro Original, pero en la práctica la velocidad de los desarrolladores fue mayor que la del gobierno, las necesidades fueron dejando atrás a los planes originales y se le hicieron algunos cambios al Plan Parcial de Desarrollo Urbano para adecuarlo a las nuevas necesidades; por ejemplo, se modificaron los límites del ZEDEC Santa Fe para incluir una fracción de un predio que quedaba fuera del desarrollo.

Así, dentro de una metrópoli nació esta pequeña “ciudad” cosmopolita, que hoy ofrece uno de los paisajes urbanos más vanguardistas de México gracias a que en sus 900 hectáreas congrega sedes corporativas de empresas con presencia mundial. Así, Santa Fe se posiciona en el imaginario colectivo como una de las regiones más exclusivas del país.

Su arquitectura es producto de despachos reconocidos internacionalmente, los que aplicaron los elementos necesarios para crear un ícono citadino integrado por fraccionamientos con condominios modernos, conjuntos comerciales, hoteles y varios de los desarrollos de usos mixtos más representativos de la arquitectura sustentable en México.

Pues ese ejemplo de  modernidad y un desarrollo urbano modelo en términos de arquitectura Leed -arquitectura sostenible-, educación, diversión, hospitalidad y dinámica económica llamado Santa Fe, donde algunas prestigiadas empresas decidieron jugar a la especulación inmobiliaria, sin importarles las consecuencias, es lo que podría convertirse en un megaescándalo sin precedente que apabullaría a Miguel Ángel Mancera, quien quiere ser presidente de México.

Por lo pronto, están en peligro alrededor de 120 residentes de las torres del Fraccionamiento Residencial Vista del Campo, tras los desgajamientos del cerro en que están ubicados. Hay, por supuesto, más que miedo, terror. Las indagatorias sin duda van a alterar la vida y dinámica de esa zona… mientras no sucedan otros deslaves… En medio, obvio, está el jefe de gobierno, que Santa Fe podría ser su Waterloo y no la Línea 12 del Metro como se creía.

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