Guerrero es un polvorín

PAULINO CÁRDENAS

Guerrero se volvió a convertir en un polvorín luego que habitantes de la Sierra retuvieron a alrededor de 200 militares que habían desarmado a guardias comunitarios que tratan de defenderse de los grupos criminales que operan en la zona. Habrá que ver qué dice el secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos ante esa afrenta cometida contra efectivos de la 35 Zona Militar.

Los hechos sucedieron ayer en el poblado Ojo de Agua, perteneciente al municipio de General Heliodoro Castillo, cerca de la comunidad de El Naranjo, donde se registró un enfrentamiento entre ambos bandos que comenzó en la mañana y se prolongó hasta la tarde. Los pobladores se molestaron porque el Ejército desarmó a los guardias comunitarios que defendían a las comunidades de los criminales, pero no han hecho nada por evitar los acosos, saqueos y crímenes de la banda de los hermanos Villalobos.

Cuando arribaron los militares y se enfocaron en detener y desarmar a los grupos de autodefensa, los pobladores de varias comunidades reclamaron que el mencionado grupo criminal ha asolado a muchas familias y que ya había asesinado a unos 15 policías comunitarios. Los soldados no hicieron caso de los reclamos y comenzaron a desarmar a alrededor de 60 comunitarios.

Los pobladores de Ojo de Agua y otras comunidades desarmaron a los soldados y los han mantenido retenidos desde ayer. Se estima que unas mil personas de diferentes poblados se sumaron a la operación contra los militares. Los enfrentamientos del grupo criminal y los comunitarios habían comenzado desde el viernes.

Hombres armados provenientes de los poblados de Yextla, Izotepec, Jaleaca, Los Morros, Filo de Caballos y el Ranchito que respaldan a la guardia comunitaria adherida a la Unión de Pueblos y Organizaciones del estado de Guerrero, interceptaron a los soldados adscritos a la 35 Zona Militar, en el poblado de Carrizal de Bravo, municipio de Leonardo Bravo.

Los comisarios de las comunidades pertenecientes a los poblados mencionados, apoyados por hombres armados de esos lugares que se enfrascaron en discusiones, gritos y jaloneos con los militares, hasta que lograron liberar a los 60 comunitarios retenidos y arrebataron las armas que les habían decomisado los uniformados.

Sigue la tensión en el lugar y se esperaba una declaración del titular de la Sedena en torno a ese episodio que, junto con el enfrentamiento que tuvieron lugar en Tixtla el miércoles entre normalistas y policías estatales apoyados por policías federales y militares, dejaron un saldo de nueve jóvenes heridos, al menos uno de ellos de gravedad.

La mecha volvió a encenderse entre alumnos de la Escuela Rural ‘Raúl Isidro Burgos’ de Ayotzinapa y la Policía estatal, reforzada por la Policía Federal y el Ejército. Trataron de evitar que llevaran a la sede de ese centro de estudios diez camiones que había tomado y una pipa de gas. La refriega dejó como saldo ocho alumnos heridos, dos con fractura en los brazos, otro en la cara y uno más con fractura craneoencefálica reportado este último como grave. Todos fueron llevados al hospital.

Hubo también alrededor de una docena de normalistas que fueron conducidos a las instalaciones de la Comisión de Derechos Humanos estatal. Quedaron libres en la madrugada del jueves. Ayer por la mañana hubo una marcha de protesta por decenas de integrantes del Frente Unido de Normales Públicas del Estado de Guerrero, quejándose de la represión de que fueron víctimas el miércoles los estudiantes normalistas de la Escuela Rural de Ayotzinapa.

Durante la marcha, responsabilizaron al gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo Flores, por haber ordenado la represión en su contra. Vidulfo Rosales Sierra, abogado de los estudiantes normalistas por parte del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, dijo en entrevista telefónica que los estudiantes retenidos -alrededor de 13- fueron trasladados a la Comisión de Derechos Humanos y el jueves en la madrugada ya habían sido liberados.

Sobre los ocho heridos, comentó que dos de ellos tienen fracturas en los brazos, otro en la cara, y Juan Castro Rodríguez resultó con traumatismo craneoencefálico en grado uno, por lo que su estado de salud es grave. Exigió al gobierno del estado que se les dé la atención adecuada, ya que la mayoría de los lesionados estuvieron de pie en los pasillos del hospital por la “falta de camas” y porque no habían llegado los médicos. Por ello, dijo, pedirán que los trasladen a nosocomios privados.

El gobierno estatal admitió que en el enfrentamiento con los estudiantes normalistas resultó lesionado Elvis Hernández, quien fue trasladado a la clínica del ISSSTE, en esta capital. También resultó lesionado Sergio Navarrete, chofer de uno de los autobuses en que viajaban los estudiantes. Este día, normalistas de la Escuela Raúl Isidro Burgos marchan hacia la capital estatal en repudio por la represión que acusan en un enfrentamiento con antimotines el miércoles pasado.

El contingente va encabezado por los padres de normalistas desaparecidos, quienes portan cárteles con fotografías de sus familiares. Según la autoridad, la confrontación que hubo entre los agentes policiacos y los normalistas de Ayotzinapa fue para evitar que los jóvenes secuestraran diez autobuses y una pipa de gas. El asunto pinta para agravarse este fin de semana.

Guerrero volvió a encenderse, no solo por los eventos de Ojo de Agua y de Tixtla, sino porque la criminalidad organizada anda suelta en ese estado de la República. Andan como Juan por su casa. De ahí que los pobladores han optado por integrar sus propias autodefensas. El gobierno federal lo prohíbe, pero tampoco resuelve nada para garantizar la seguridad de las comunidades. El gobierno estatal, menos.

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