Campaña de odio se revierte

PAULINO CÁRDENAS

La campaña de odio emprendida por el gobierno federal y su partido, contra Andrés Manuel López Obrador, está resultando más contraproducente de lo que creen los ocurrentes asesores que tienen el presidente Enrique Peña Nieto y Manlio Fabio Beltrones, que no saben cómo evitar que el tabasqueño siga creciendo en las preferencias electorales para 2018 y que pueda estar en las boletas como aspirante presidencial por tercera ocasión consecutiva.

Ni con el absurdo de querer enmendar la ley electoral para que no salga tanto en los spots como lo propone Manlio Fabio Beltrones, lo van a evitar. Tampoco con infundios como ese que echó a andar el gobierno en su contra, de que vaya a ‘regalar la luz’ en Tabasco atribuyendo esos hechos como parte de la campaña en su contra orquestada por ‘la mafia del poder’ en su afán de querer ponerle obstáculos en su carrera presidencial de 2018.

Esas ideas, que le atribuye a Carlos Salinas de Gortari que es el poder tras el trono, más que disuadir a los seguidores, está logrando conseguirle más adeptos al tabasqueño, ya que es la única opción real que existe de cambio verdadero para los mexicanos que están hartos del PRI, fuera de las pautas que marca la partidocracia cuyo control lo tiene un grupúsculo del partido en el gobierno que goza de un gran desprestigio de cara a millones de mexicanos.

Así estaba el Revolucionario Institucional de desprestigiado cuando el panista Vicente Fox borró del mapa al candidato priísta Francisco Labastida, y de hecho al PRI, en aquellas memorables elecciones del año 2000. En la actualidad los momios siguen favoreciendo a López Obrador, por más que la cúpula del PRI y en Los Pinos sigan ideando cómo hacerle para meterle una zancadilla para que no siga avanzando en las preferencias para el 2018.

Y no solo eso. Parecería que el jefe de jefes de la nomenclatura priísta quisiera que no solo fuese eliminado de la boletas electorales, sino que alguien les hiciera el favor que le hicieron a Salinas de Gortari siendo presidente cuando mataron a Colosio para quitarlo del camino. Zedillo entró de emergente aunque no era su candidato. Solo que Salinas creyó poderlo manipular, y hasta le fecha nunca ha podido. Lejos de eso le facilitó la llegada a Los Pinos a Fox al no meter las manos por el PRI.

Únicamente eliminando al tabasqueño o que el ex candidato presidencial se enfermara o que la parca le hiciera una mala jugada, podría evitarse que pudiera estar en las boletas electorales como candidato de Morena para la presidencia de la República y que llegue a Los Pinos como muchos avizoran que podría suceder dentro de dos años y medio, incluidos los priístas.

Más ahora que AMLO les asestó otro gancho al hígado a sus enemigos políticos -que no adversarios- al lograr que sus fieles lo eligieran por aclamación para dirigir Morena, el partido que el tabasqueño inventó para ganar la elección presidencial en 2018, porque como ha venido repitiendo, “la tercera es la vencida”. Y en la actualidad los tiempos son otros. Ya no hay tanto borrego que se trague el cuento de que es un ‘peligro para México’ ni que con el tabasqueño llegaría el populismo.

Lo que no saben es que los que han ayudado al tabasqueño a ir pavimentando su camino hacia Los Pinos, son los mismos que lo quieren sacar de la jugada para 2018, como sucedió en 2006 y en 2012, cuando le crearon la campaña negra que muchos creyeron. Y mire usted quiénes han resultado el verdadero peligro para México: ‘la mafia del poder’ como bautizó López Obrador a los depredadores priístas del país.

El dirigente de ese partido de veras cree que con la modificación a la ley electoral que propone -que buscaría ‘impedir’ que militantes de partidos se puedan promocionar en spots de radio y televisión durante los llamados tiempos del Estado-, podría ‘bajarse’ el porcentaje de preferencias a favor del tabasqueño, pero se equivoca. Ese lance tan temerario lo único que motivará es que ese porcentaje a favor de AMLO suba aún más.

Es obvio que esa propuesta que enviaría -o que ya envió- al Congreso, tiene dedicatoria, la cual acabaría siendo contraproducente, como la campaña de odio que han iniciado desde hace más de un año el dirigente del partido en el gobierno -desde antes de serlo- y encabezada personalmente por Enrique Peña Nieto en México y cuyo temor lo llevó a ventilar su nerviosismo en la ONU. De tal tamaño es la preocupación y el miedo de que López Obrador llegue a Los Pinos.

Esta vez no sucederá lo mismo para frenarlo como sucedió en 2006 y en el 2012. Para 2018 los mexicanos no se tragarán ese sapo. De hecho desde dos años y medio antes de la elección presidencial se está viendo la tendencia. Están hartos de priísmo inoperante, abusivo y gangsteril, incluso con vínculos con el narco, cuyos personeros llegan a los cargos de elección popular a ver qué roban y qué negocios hacen, en lugar de cumplir con sus compromisos con la gente que votó por ellos.

El desánimo, la indignación y el coraje contra tan mala administración priísta que promete y sigue prometiendo y no cumple, además de la insensibilidad política mostrada en casos que han calado en los mexicanos, el diario británico The Economist lo resumió en una frase lapidaria: Peña Nieto es “el blanco del desprecio despiadado” de los mexicanos. Y apuntó algunas causas:

“En primer lugar una reforma tributaria de mano dura. El asesinato de 43 estudiantes en septiembre 2014 por narcotraficantes en complicidad con las autoridades locales en el estado de Guerrero que conmocionó al país,  la revelación de que la esposa del presidente y su ministro de Finanzas, ambos habían adquirido casas de lujo con la ayuda del Grupo Higa, una empresa de construcción que había ganado contratos con el gobierno”.

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