Peña Nieto ya no dará de sí

PAULINO CÁRDENAS

Enrique Peña Nieto como presidente de México ya dio todo lo que podía dar en la primera mitad de su administración. En lo que resta del sexenio ya no dará de sí. Razones hay muchas, pero dos son las relevantes. Ni tiene equipo con qué mejorar las cosas porque él mismo propició su desmantelamiento, y porque con la estructura actual, lejos de mejorar las cosas, lo más seguro es que empeoren. Han preferido hacer negocios que gobernar.

Por razones que solo él conoce no ha querido deshacerse de sus dos peores funcionarios que han propiciado las más acervas críticas al mal gobierno -el de Hacienda y el de Gobernación-, porque entre ellos y el resto de los funcionarios de primer nivel hay una disfunción total. Obvio es que quienes pagarán los platos rotos serán los mexicanos. ¿Más todavía? preguntarán muchos.

Pues la respuesta es sí, por desgracia, más todavía. Y eso tal vez no lo sepa Peña Nieto porque suele vivir en su burbuja, en su propio mundo, ajeno a la realidad que lo rodea, engañado por sus dizque asesores de cabecera que tuvo en la primera mitad del camino, Luis Videgaray y Aurelio Nuño, quienes quieren seguir influyendo en las decisiones de su jefe nominal. Miguel Ángel Osorio Chong solito se ha ido marginando. De hecho ya ni opina nada.

Aunque ya no están juntos, Videgaray y Nuño querrán seguir influyendo en las decisiones y ocurrencias que ordena, aprueba o encabeza el propio mandatario federal; algunas de esas ocurrencias incluso las manda al Legislativo creyéndose de veras el gran reformador de México, cuando ha quedado demostrado que sus reformas y modificaciones a la Constitución y a sus leyes reglamentarias no han funcionado en la práctica.

Lo que haría falta es un cambio radical de actitud lo cual sería como pedirle peras al olmo. Mientras no haya ese cambios de enfoque y de visión de las cosas, y Peña no ponga en Hacienda, en Gobernación y en otras dependencias del gobierno federal a funcionarios mucho mejor calificados en su materia, y dejen dedicarse a hacer triquiñuelas y solo vean para su santo, nada va a cambiar.

En su primer discurso como presidente virtual, Peña Nieto señaló que los mexicanos habían votado por un cambio y que gobernaría para todos. Dijo también que no pactaría con el crimen organizado e insistió en que llegaba al mando federal un PRI “moderno”. El primer priísta del país afirmó que aprovecharía la segunda oportunidad que los mexicanos le habían dado a su partido.

También afirmó que no daría tregua al crimen organizado. “La lucha contra el crimen va a seguir con una nueva estrategia para reducir la violencia y proteger ante todo la vida de los mexicanos; que quede muy claro, frente al crimen organizado no habrá ni pacto ni tregua”, declaró siendo presidente electo.

¿De veras Peña Nieto ha cumplido con la palabra empeñada? Más adelante se atrevió a decir más: que su gobierno no sería de amigos. Y mire usted. Son sus amigos, los que él cree que le son leales, de los que no ha querido deshacerse. Ahí los tiene y los sostiene, pese a que han dejado mucho qué desear como funcionarios de primerísimo nivel.

Para el mandatario priísta primero son sus amigos y luego la nación y los mexicanos. Esa es la incongruencia con la que ha transitado los tres primeros años de su gobierno. Cuando por fin se decidió a hacer cambios en su gabinete, estos fueron de mentiritas, y varios de ellos ni siquiera fue él quien lo decidió sino sus ‘asesores’ de cabecera en quienes confía ciegamente.

Podría decirse que los nuevos personajes de influencia en el primer equipo de Los Pinos son Francisco Guzmán que ha sido gente fiel a Peña desde hace al menos diez años, y Andrés Massieu Fernández que le debe la oportunidad a Aurelio Nuño.

Guzmán es, por fin, jefe de la Oficina de la Presidencia de la República quien debió haberlo sido antes que Nuño, pero la influencia de Videgaray pudo más. El otro, Massieu, fue nombrado desde octubre pasado Coordinador General de Política y Gobierno de la Presidencia de la República.

Andrés Massieu Fernández, es hijo de Andrés Massieu Berlanga, quien fuera secretario particular del presidente Carlos Salinas de Gortari. Igual, cuando hizo los cambios recientemente, a José Antonio Meade que había sido titular de Relaciones Exteriores, lo mandó a Sedesol y en su lugar nombró a la sobrina de Salinas de Gortari, Claudia Ruiz Massieu, quien era secretaria de Turismo.

A esta última la andan proyectando como dizque la ‘efectiva’ para el relevo presidencial, con lo que quedaría eliminado Luis Videgaray que ha sido el culpable de tantas críticas a su jefe por sus malos pronósticos sobre la economía, y porque dizque es el ‘fuerte’ de Peña por el hecho de haber sido su jefe de campaña para la presidencia.

Doña Claudia dejaría fuera a muchos suspirantes, entre ellos también a Osorio Chong cuya imagen quedó arruinada después de la ‘fuga’ del Chapo Guzmán y porque en materia de seguridad ha dejado mucho qué desear. De hecho al PRI le faltan figuras con empaque como para que aspiren a ser presidentes de México.

Lo de la sobrina de Salinas de Gortari podría ser un distractor, en tanto encuentran al personaje ‘idóneo’ a quien la ‘mafia del poder’ buscaría impulsar ‘con todo’ como candidato independiente, en virtud de que los mexicanos ya no creen en los candidatos emanados de los partidos, mucho menos del PRI.

Y esa ‘mafia’ hará hasta lo inimaginable para lograrlo, porque lo que busca es volverse a perpetuar en el poder como en el siglo pasado, cuando ligó al hilo más de 7 décadas en el mando federal.

paulinocardenas.wordpress.com

‪@Paulinocomenta

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