Preocupados, gobierno y partido

PAULINO CÁRDENAS

Es un hecho que el PRI anda sudando la gota gorda porque las cosas para nada le están saliendo como lo había planeado. Eso sería un causa de desvelos para la elite del poder. La otra que va de la mano de la anterior, es que desde ahora muchos ciudadanos ya andan en busca de una nuevo opción como partido y de un candidato para suceder a Enrique Peña Nieto pero que no surja del priísmo. Eso preocupa al partido tricolor y al primer priísta del país.

En 2012 el nuevo gobierno llegó con la aureola de ‘cambio’ que ellos mismos se colgaron; juraban que ellos sabían ‘cómo hacerle’, que para eso traían a gente joven con ideas dizque renovadoras para que todo se resolviera. Todo con el parapeto de un ‘nuevo’ PRI. Han pasado tres años de gobierno priísta y nada. Todo ha quedado en embauque. En los más altos niveles de mando se la siguen pasando de promesa en promesa.

Hay, además, otras razones. Ha empezado a trascender que, como en el sexenio pasado, las instancias de mando que deberían obedecer al jefe máximo, como que lo empiezan a ignorar; ya no le hacen tanto caso como al principio cuando estaban prestos a decir ‘si señor’, ‘sí jefe’, ‘si señor presidente’. Ahora más bien ignoran ciertas órdenes y se están yendo por la libre.

No hay de hecho coordinación entre los funcionarios. Sobre todo en los que manejan la economía, la seguridad y la procuración de justicia. Lo que hay más bien es rivalidad. Y esa rivalidad se está generalizando y está saliendo a la luz pública. Y esas rivalidades las conoce Enrique Peña Nieto. Y ante esos hechos, el mandatario federal y el PRI se están enfrentando a su propia realidad.

Y la realidad es que los mexicanos ya se hartaron de promesas, engaños y mentiras. Lo que quieren es que haya un gobierno serio, con vocación de servicio, que se ponga a trabajar y que no lleguen a hacer negocios al amparo del cargo. Eso podría sonar a idea romántica; a un anhelo social pasado de moda, decimonónico. Hay indolencia gubernamental a ese sentimiento nacional que crece.

Y ese sentimiento nacional que al gobierno federal priísta no le hace mella, es de desencanto, de indignación, de frustración. Así estaban los ánimos en la sociedad en los años anteriores al relevo presidencial del sexenio de Ernesto Zedillo, cuando salió el panista Vicente Fox a decir que él sacaría al PRI de Los Pinos. El priísmo lo tildó de loco. Pero en el 2000 logró su propósito con el 43 por ciento de los votos. ¿Por qué?

Porque en ese entonces nadie en el priísmo y en los niveles de poder creyó que el hartazgo de los mexicanos en contra del partido en el gobierno sería capaz de darle una vuelta de 180 grados a la situación. Ese priísmo, que desde 1946 -de hecho desde su fundación en 1929- se había montado en el caballo de la ‘institucionalidad revolucionaria’, se llevó la gran sorpresa que muy pocos esperaban.

Con ese triunfo histórico que acabó con 71 años de poder federal priísta, se recordará también como un triunfo al sistema electoral independiente que logró cristalizarse en los últimos ocho años y que impulsó con obstinación el presidente Ernesto Zedillo Ponce de León.

Zedillo pasaría a la historia de México como el mandatario del PRI que favoreció la transición mexicana, presionado por un país que aguardaba un cambio real y no un simple traspaso a los mismos con las mismas costumbres. Como se recordará, Zedillo Ponce de León fue quien sustituyó a Luis Donaldo Colosio luego de ser arteramente asesinado por la ‘nomenklatura’ priísta.

El hecho es que se lo quisieron quitar de encima a Carlos Salinas de Gortari, pero el cálculo político les falló. En fin que esas son otras historias que vale la pena recordar porque, historia que no se conoce o que se pretende desconocer, suele repetirse. Porque la de ahora, la que está viviendo y padeciendo el priísmo que dizque apoya a Enrique Peña Nieto, no canta mal las rancheras.

El dizque es porque nadie está seguro que el dirigente del partido en el gobierno federal vaya a ser tan leal a la causa peñanietista. Es parte de lo que anda en el aire. Porque se supone que a quien quería colocar el mandatario federal mexiquense en el PRI era a Aurelio Nuño, y no a Manlio Fabio Beltrones a quien se le señala como su padrino político a Salinas de Gortari. Es otra madeja suelta. O deliberadamente suelta para tentarle el agua a los camotes.

El hecho es que Enrique Peña Nieto, quien comienza a percibir que algo anda mal en su gabinete y en el partido de su gobierno, va a tener que pensar mejor las cosas si no quiere que estas se le salgan de control totalmente. Más ahora que está quedando claro que el más popular entre la tropa de aspirantes a sucederlo no es priísta. Lo fue. Pero después de pasar por el PRD ahora creó su propio partido porque de que quiere ser presidente del país, quiere.

Y en los altos mandos del poder político y partidista que por ahora tienen la sarten por el mango, saben que la ‘otra opción’ -como lo fue Fox en su momento- es Andrés Manuel López Obrador y su partido Movimiento Regeneración Nacional, instituto político que ha ido creciendo y fortaleciéndose en muy poco tiempo.

Y va creciendo en número de adeptos porque su dirigente maneja conceptos que le hacen mucho más sentido a los mexicanos, que las promesas incumplidas que desde hace tres años viene ofreciendo el régimen priísta que encabeza Enrique Peña Nieto, y nada. López Obrador sigue siendo el más popular en las preferencias electorales.

Y esa ventaja podría irse consolidando en los dos años y medios que faltan. Así pasó con el panista con botas. El hecho es que el PRI y Peña Nieto ya comenzaron a enfrentar su realidad. Y andando a la greña sus principales, desoyendo órdenes, o simplemente no coordinándose entre ellos, es la mezcla perfecta para una tormenta perfecta.

paulinocardenas.wordpress.com

‪@Paulinocomenta

 

 

 

 

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