Lo más vergonzoso del año

PAULINO CÁRDENAS

No hay duda que lo más vergonzoso del año que está por concluir se dio en el ámbito del poder Ejecutivo, aunque en el Legislativo y el Judicial no cantaron mal las rancheras. El mandatario federal Enrique Peña Nieto ha sido sin duda el personaje más cuestionado durante 2015 por parte de los mexicanos.

La sombra de la corrupción y la impunidad se han convertido en el sello de su gobierno dicen sus más feroces críticos a quienes no les falta razón. Sus dos principales hombres del gabinete, Luis Videgaray Caso y Miguel Ángel Osorio Chong, le han fallado no solo a él, sino a la nación entera. Cuando Peña tuvo la oportunidad de relevarlos no lo hizo.

Uno como titular de Hacienda, en cuanto al nulo crecimiento económico y desarrollo, por cuyos pésimos resultados debió haber sido quitado del cargo. El otro, como secretario de Gobernación y dizque encargado de la seguridad pública, con lo de la dique ‘fuga’ de Joaquín El Chapo Guzmán en otro país hubiera bastado para que ahí acabara su carrera. Sin embargo, amos siguen inamovibles.

El caso Ayotzinapa de los normalistas desaparecidos por la fuerza pública, sigue siendo la sombra que persigue al mandatario mexicano a donde quiera que se para, tanto en México como en cualquier foro internacional.

La famosa ‘verdad histórica’ fue deshecha por un grupo de expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Es un caso que sigue abierto según la PGR. Afirma que se sigue investigando, pero es clara la tiricia para hacerlo.

Asímismo han sucedido diversos hechos de sangre en los que han estado vinculados el Ejército, la Armada, las policías Federal y estatales y los Mandos únicos; es decir, las fuerzas armadas que deberían estar para preservar la paz ciudadana, el gobierno federal y los gobiernos estatales las utilizan para sofocar protestas y manifestaciones públicas de hartazgo.

Así han sido los casos de Tlatlaya, de Apatzingán, de Tanhuato entre otras muchas comunidades en donde ha habido fusilamientos, masacres, matanzas a mansalva con el pretexto de que se combate al narcocrimen. Sin embargo la criminalidad organizada y no organizada, andan sueltas en toda la República.

Cárteles y bandas del crimen andan como Juan por su casa sometiendo a familias enteras por las zonas más lejanas a las cabeceras municipales. De ahí que los pobladores han optado por integrar sus propias autodefensas. El gobierno federal lo prohíbe, pero tampoco resuelve nada para garantizar la seguridad de las comunidades. Los gobiernos estatales, menos.

Peña Nieto es un presidente que no le gusta la crítica y por ello ha hecho varios intentos para acallar a quienes cuestionan las acciones de abuso de poder de su gobierno. Carmen Aristegui es una periodista víctima de esa fobia.

El gobierno federal trató de acallarla por haber sacado a la luz pública el escandaloso asunto de la ‘casa blanca’ de la pareja presidencial. Pero no bastó que el agachón dueño de MVS actuara como un lacayo del sistema. Ella sigue vigente en otros espacios. No la doblegó el autoritarismo oficial.

Está también el asunto de las narcofosas; cada vez aparecen más en casi toda a República, lo que es prueba de que se han seguido dando en este sexenio ejecuciones y entierros masivos clandestinos, como en el sexenio de Felipe Calderón.

El presidente y sus más cercanos, alérgicos a la crítica en los medios, especialmente en las redes sociales, han hecho hasta lo imposible para frenar tantas críticas de la ciudadanía y de los que cuestionan los descarados abusos de los gobiernos priístas, federal y estatales en donde priva la corrupción y la impunidad.

Primero fue con el aberrante spot ‘ya chole con las quejas’; luego vino la pretendida ‘Ley Fayad’ con la que se quería implantar una ley mordaza contra los tuiteros, que un día sí y otro también, critican las pifias, abusos y corruptelas de quienes están en el poder. Incluso se proponía que hubiera cárcel contra quienes utilicen improperios contra la inutilidad de los funcionarios públicos que llegan al poder a robar y no a gobernar.

Y al final se dio la ‘Ley intolerancia’ que fue la entrada el pasado 4 de diciembre de la ley reglamentaria al artículo sexto constitucional referida al derecho de réplica, que pretende acallar las críticas y poner un esparadrapo a quienes exponen la realidad del sistema priísta, lo que rayaría en censurar la libertad de expresión. La CNDH la impugnó y está en la Suprema Corte de Justicia de la Nación para ser revisada.

La otra es la guerra contra Andrés López Obrador emprendida por lo que el tabasqueño llama ‘la mafia del poder’, que lo quiere sacar de la jugada presidencial 2018. La esperanza de un cambio verdadero está uniendo a millones de personas en torno al dos veces aspirante a la presidencia de México. A eso le temen en el PRI y en Los Pinos.

Esa campaña de odio en su contra por parte del partido en el gobierno y del principal huésped de la casa presidencial, más bien han influido para que hoy el dirigente de Morena se coloque en primera posición como aspirante presidencial en 2018.

Lo que trae a favor López Obrador lo trae en contra el PRI con el asunto del PVEM y de Arturo Escobar, que ha sido de lo más vergonzoso de este año.

paulinocardenas.wordpress.com

‪@Paulinocomenta

 

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