Que las cosas irán mejor

PAULINO CÁRDENAS

Como adelanto del Día de los Inocentes que se festeja hoy, el presidente Enrique Peña Nieto dijo hace unos días estar convencido de que su gobierno va bien y que en lo que resta del sexenio se lograrán consolidar sus famosas reformas. Pero, ¿qué tanta certidumbre hay en esos augurios tan optimistas? Porque hasta ahora todo ha sido promesas y simulación; y porque no hay voluntad de acabar con corrupción ni impunidad de los funcionarios públicos.

En Palacio Nacional, al despedir hace unos días a los altos funcionarios federales que se fueron de vacaciones, les doró la píldora con el consabido discurso de siempre y les dijo que los logros alcanzados en este año fueron gracias a su esmero, empeño, pasión y fuerza que le están dando velocidad y ritmo a la transformación del país.

Esos logros, según el mandatario, fueron: unas elecciones intermedias ‘en paz’, 130 mil maestros evaluados y una mayor inversión extranjera. En su México ideal dijo que su gobierno había mejorado este año en cuanto al respeto a los derechos humanos, no obstante que es crítica constante de organismos internacionales incluida la ONU, de que su gobierno está en grave falta en ese rubro.

El presidente habló con los altos funcionarios de las dependencias oficiales de lo políticamente conveniente y vestidor y les aseguró que, aunque México ha salido librado de la situación económica mundial, ‘lo que ha permitido tener estabilidad’, es necesario trabajar duro para dar resultados en el 2016.

Y al reunirse con los reporteros de la fuente que cubren sus actividades, Peña Nieto hizo un nuevo balance de tres años de gobierno y dijo que para el resto de su mandato se dará la consolidación “de un país más avanzado, de mayor desarrollo, de más progreso y, sobre todo, de justicia y equidad entre la sociedad mexicana”.

Según el jefe del Ejecutivo federal “ha habido logros importantes; a lo mejor deficiencias en algunas acciones, pero al final de cuentas siempre mirando para que la sociedad mexicana tenga condiciones de mayor bienestar”. Confió en que, en lo que resta de su administración, podrá concretarse y consolidar “mucho del esfuerzo y de los cimientos que hemos edificado desde el inicio de esta administración”.

En realidad no aporta fundamentos en qué pudiera estar cifrado su optimismo. Lo que los mexicanos creen es que, si en tres años no se ha logrado concretar los sueños presidenciales, en lo que resta de su administración difícilmente lo logrará. Una de las razones, quizá la principal, es que sigue prevaleciendo la desconfianza en él y en su gobierno, propiciada por él mismo; es una falta de confianza que se ha ido ahondando.

La politóloga Denise Dresser lo describe como que Peña vive en otro mundo. “México enfrenta la tormenta perfecta y él cree que tan sólo es una llovizna. Al país lo gobierna alguien que dice transformar la realidad cuando se rehúsa a aprehenderla.

“México llora y su Presidente sólo sabe sonreír; ríe sin tener motivos aparentes para hacerlo; actúa como si estuviera sordo; no tiene ninguna apreciación del peligro; habita un mundo propio. Un mundo raro. Un planeta paralelo.

”No responde de manera normal frente a los estímulos externos. Ha desarrollado una discapacidad que afecta el desarrollo de su gestión y amenaza con despedazarla. Su cerebro no funciona como el de un político que quiere y sabe cómo usar el poder. No reacciona como un líder con reflejos rápidos frente a retos permanentes.

Y lo que dice el magisterio disidente -en lo que coinciden millones de mexicanos indignados-: que el modelo económico neoliberal al que se han aferrado por mas de treinta años quienes llegan al poder, ahora con Enrique Peña Nieto a la cabeza, naufraga y lleva a nuestro país al despeñadero.

Que a tres años de haber llegado al poder con un escandaloso fraude electoral, Peña Nieto ha demostrado ser un personaje siniestro plegado totalmente a las políticas criminales del capitalismo salvaje. “En esta venta de nuestra patria ha contado con un poder legislativo y judicial domesticado, vendido y abyecto hasta la náusea” señala la dirigencia de la Sección 22 del SNTE.

En el plano económico, la administración peñanietista anunció que sus ‘reformas estructurales’ serían la panacea para el pueblo, pero en la vía de los hechos la economía no crece, porque la planta productiva del país está desmantelada y únicamente las empresas transnacionales reciben apoyo vía gubernamental.

A la vez que Hacienda les devuelve millones de pesos utilizando mil artilugios jurídicos, por lo que en los hechos estas mismas grandes empresas eluden y evaden el fisco con la omisión o complicidad del gobierno federal.

Señalan otra verdad: que en el plano político, el gobierno utiliza cada día más al Ejército, la Marina, y a la Policía Federal, para apagar las miles de protestas de diversos sectores a lo largo y ancho del país.

Ayotzinapa, Tlatlaya, Tanhuato y Apatzingán son apenas algunos ejemplos donde las fuerzas represivas de los diferentes niveles de gobierno han masacrado al pueblo bajo la excusa de que eran narcotraficantes o pistoleros de algún cártel.

Hoy presenciamos la descomposición total de la clase política, principalmente la priísta, entre quienes la corrupción y la impunidad son el pan de cada día. Hay ejemplos que han indignado a los mexicanos, como el caso de La ‘Casa Blanca’ de la pareja presidencial, y las residencias de Videgaray con el Grupo Higa.

Por esto ya hay una denuncia penal contra Peña Nieto a quien acusan de traición a la Patria, interpuesta la semana anterior en la PGR por el activista Julián LeBarón y por el colectivo Consejo Nacional Ciudadano que fundó el abogado Gilberto Lozano. Y se dice que se prepara otra acusación similar por el caso de OHL.

¿Con todo ese bagaje se quiere reivindicar el gobierno peñanietista y el ‘nuevo’ PRI diciendo que las cosas a partir del próximo año van a estar mejor? ¿Mejor para quiénes? ¿Alguien de veras le cree al mandatario priísta? Los indignados no.

paulinocardenas.wordpress.com

@Paulinocomenta

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