Moreira quería ser Presidente

PAULINO CÁRDENAS

Humberto Moreira Valdés quería ser presidente de México. Venía muy encarrerado después de haber sido presidente municipal de Saltillo y luego gobernador de Coahuila. Tenía de aliada para ello a la mujer más poderosa del momento, Elba Esther Gordillo, quien lo había ayudado con sus huestes a ser alcalde y luego mandatario estatal. Quería que también lo apoyara para llegar a Los Pinos en el 2012.

Pero en Toluca había otros planes para ocupar la misma posición y recuperar el mando federal. Se trataba de Enrique Peña Nieto, gobernador del estado de México, que el grupo Atlacomulco venía empujando fuerte para llegar a Los Pinos con la ayuda de Televisa. Eso originó cierto conflicto priísta a nivel interno que se veía como amenaza para poder recuperar la presidencia de la República.

Fue la maestra, con su habilidad y su entonces inaudito poder político, la que de hecho definió las cosas. De su casa ubicada en Green Turtle Road, en el Club de Yates de Coronado Cays, en San Diego, California, optó por echarle una llamada a Humberto Moreira para reunirse con él y proponerle la solución salomónica:

Humberto sería presidente del PRI nacional y a Enrique lo ayudaría ‘con todo’ para que fuera presidente de México, sacrificando por seis años su ambición de ser mandatario federal priísta. Él lo sería para 2018. Así las cosas, una mañana el priísmo amaneció con la noticia.

Moreira acaba de ser ‘destapado’ como dirigente nacional del PRI y Peña Nieto se afianzaba como candidato ‘de unidad’ del Revolucionario Institucional. Uno y otro se echaron flores. Y no solo eso, se habló de que Moreira se había encargado de sumarle recursos a la candidatura de Peña.

En una posada ofrecida por el entonces gobernador Enrique Peña Nieto en Toluca, se hizo el anuncio de aquel acuerdo. Impulsado por el mandatario del estado de México, Humberto Moreira Valdés dejaría la gubernatura a principios de 2011 para viajar al DF y encabezar la dirigencia nacional del PRI.

En eso andaban cuando comenzaron a surgir las acusaciones contra el ex gobernador de Coahuila. Empezó a trascender de que no solo había ocultado la magnitud del adeudo estatal, sino que falsificó documentos para conseguir créditos bancarios, hipotecó los impuestos locales y una parte de los recursos presentes y futuros que le entregaba la Federación.

La del gobierno de Moreira se fue convirtiendo en una historia de descomunal endeudamiento, enriquecimiento de gente muy cercana a él y la suspensión de programas sociales que le habían dado popularidad sin límite. Los coahuilenses querían saber en dónde habían quedado los 34 mil millones de pesos, en qué se habían gastado.

Peña Nieto, ya ungido como candidato del PRI, habló del respaldo absoluto al nuevo dirigente y a la posición de liderazgo de su partido. Animaba públicamente a Moreira a dar respuesta a las acusaciones que se le imputaban, pero éstas cada día arreciaban más.

El hecho es que, si bien no se podían comprobar las acusaciones de desfalco y desvío de fondos del erario local y de transferencias de la Federación recibidas por su gobierno, el golpeteo mediático fue aflojando al coahuilense que había entrado con muchos bríos a la dirigencia nacional del tricolor.

Y a Peña le aconsejaron que fuera marcando una sana distancia con Moreira, quien al final, apenas nueve meses después de haber sido ungido como dirigente nacional del PRI, tuvo que renunciar. De marzo a diciembre de 2011, el escándalo del desvío y desfalco del erario fue subiendo de tono.

Cuando inició su gobierno se tenía una deuda de 323 millones de pesos la cual pasó a más de 34 mil millones de pesos cuando dejó el cargo. Pese a las contundentes pruebas en su contra, salió librado de esas acusaciones. Fue gracias al manto protector del priísmo que siempre defiende a sus iguales -ratas de dos patas diría Paquita la del Barrio-, por lo que el caso en México quedó en la impunidad.

Absuelto en noviembre del 2012 por las autoridades mexicanas dizque ‘por falta de pruebas’, en Estados Unidos se comenzaba a indagar una serie de envíos de dinero, millones de pesos, que eran depositados por Moreira y sus personeros en varios bancos del vecino país y que eran triangulados a cuentas en España. Moreira siempre negó las imputaciones que se le hacían. Igual que ahora.

Luego de que a principios de octubre de 2012 asesinaron a su hijo mayor, optó por irse a vivir a Barcelona con su esposa y sus dos hijas. Trascendió que se iba ‘becado’. El hijo del ex gobernador, José Eduardo Moreira, de 25 años, trabajaba como coordinador de programas sociales en el gobierno que había heredado su tío, Rubén Moreira. Se dijo entonces que lo habían matado los Zetas. Sin embargo, Lucero Davis, viuda de José Eduardo, culpó al gobernador de Coahuila, Rubén Moreira, del asesinato de su esposo.

Arreció el escándalo cuando el empresario minero Armando Guadiana Tijerina se convirtió en una pesadilla para Moreira al ahondar una campaña en su contra y exigirle cuentas claras. El ex gobernador se defendió diciendo que un grupo de mineros encabezados por Guadiana Tijerina habían sido los “responsables indirectos” del homicidio de su hijo.

Guadiana interpuso una demanda por difamación ante la PGR. Moreira, contraatacó afirmando que el empresario Armando Guadiana Tijerina intentaba “burlarse de la justicia”, ya que se oponían a la reforma para el pago de la deuda estatal cuyos dineros nadie sabía a dónde habían quedado.

Hay quienes creen que el empresario se habría avocado a indagar y recopilar pruebas en su contra por el desvío de fondos y el gigantesco desfalco durante su mandato. Como sea, el caso es que EU empezó a indagar la triangulación de dineros, y Moreira fue detenido en España el viernes. El asunto podría tomar caminos muy espinosos y salpicar a Peña Nieto.

paulinocardenas.wordpress.com

@Paulinocomenta

 

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