Urge al Chapo pactar con EU

PAULINO CÁRDENAS

¿Qué pasa si el Chapo Guzmán le gana el paso al presidente Enrique Peña Nieto en su intención de extraditarlo, y le acepta una Corte federal de Distrito en California una propuesta que le hizo el capo a través de sus abogados, de entregarse de manera voluntaria a la justicia estadounidense y confesarse culpable, a cambio de pagar una multa multimillonaria y dar información privilegiada para reducir su pena?

Desde meses antes de su ‘fuga’ del penal de Almoloya, los abogados del capo sinaloense habían comenzado a explorar con las autoridades judiciales en alguna Corte federal de Distrito la posibilidad de negociar su entrega voluntaria a la justicia estadunidense en caso de ser reaprehendido, como finalmente sucedió, según escribe en un amplio reportaje Jorge Carrasco Araizaga para el semanario Proceso.

En entrevista que sostuvo con José Refugio Rodríguez Núñez, cabeza del equipo de abogados de Joaquín Guzmán Loera señala que de hecho desde entonces sus abogados promovieron amparos para evitar su extradición. Están haciendo tiempo en espera que esa Corte federal de Distrito del sur de California apruebe la propuesta del capo.

Incluso menciona que un abogado muy connotado, Joshua L. Dratel, con despacho en Nueva York, quien tiene en su haber una serie de pleitos ganados a favor de criminales, podría ser su defensor, incluso sin cobrarle al jefe del cártel de Sinaloa.

Y la urgencia que el presidente ahora ha expresado para extraditarlo puede quedar en nada, ya que de acuerdo con su defensa, el Chapo está abierto a una negociación con las autoridades estadunidense, señala Carrasco.

Pero al Chapo, comentamos nosotros, también le urge el cambalache con la justicia estadounidense porque al volver a la cárcel renace el temor del capo de que pudieran asesinarlo en su celda, como había la intención de hacerlo.

Según contó a principios de agosto pasado uno de sus abogados, Juan Pablo Badillo, en entrevista para Univisión, desde mucho antes de su escape del penal del Altiplano, el Chapo “tenía temor de ser extraditado a Estados Unidos o asesinado”, le dijo al reportero Gerardo Reyes.

Aseguró Badillo que Guzmán Loera temía que si escapaba y era reaprehendido el gobierno de México lo podría extraditar o que en la cárcel lo pudieran matar. Anticipándose a esos posibles escenarios, desde aquellas fechas comenzaron los intentos de negociar con una Corte federal de Distrito su entrega voluntaria a cambio de confesarse culpable, pero con un trato negociado.

No quería ser extraditado simple y llanamente por el gobierno mexicano a petición de la justicia estadounidense, sino pactar su entrega confesándose culpable ante una Corte de Distrito.

Se abrió la oportunidad en la del Distrito del Sur de California en donde se le acusa de tráfico de cocaína. Iniciaron así los intentos que pudieran concluir a su favor quizá este mismo mes de enero.

Si el gobierno de México logra primero su entrega a la justicia estadunidense, cambiarían las reglas del juego y los términos de una posible negociación del jefe del cártel de Sinaloa.

Tendría que ser llevado a alguno de los estados de la Unión Americana en donde varias cortes lo requieren por diversos delitos, entre ellos, conspiración, tráfico de drogas, lavado de dinero, cohecho y organización criminal.

Además de California el Chapo es buscado en los estados de Arizona, Texas, Illinois, Nueva York y Florida de la Unión Americana en donde el cártel del Pacífico, tiene el pleno dominio del reparto y distribución de drogas al mayoreo y al menudeo.

¿Cuál sería el cambalache si se entrega de manera voluntaria a la justicia del sur de California accediera a pactar un arreglo con el dirigente del cártel de Sinaloa?

Nada más y nada menos que lo que pudiera declarar a las autoridades sobre los ‘peces gordos’ de la política y del ámbito militar y policial que en México le han ayudado, lo mismo que en Estados Unidos.

Recién que fue recapturado el jefe del cártel de Sinaloa en febrero de 2014 en Mazatlán el gobierno que encabeza Enrique Peña Nieto no estaba a favor de la extradición del Chapo Guzmán, pero de pronto, luego de su recaptura en Los Mochis, cambió de opinión y ordenó acelerar el proceso de extradición a EU.

Con ello en teoría Peña Nieto se quitaría un gran peso de encima, aunque Guzmán Loera de cualquier forma podría abrir la boca y soltar información muy valiosa sobre la infinidad de acuerdos, negociaciones y pactos que ha hecho con los altos niveles de decisión de los mandos federal y militares durante varios sexenios, desde Zedillo hasta Peña Nieto.

De otro lado pesa la amenaza contra el capo sinaloense de que un grupo de mercenarios pudiera matarlo en su celda como le fue informado hace meses. Hasta ahora se ignora de parte de quién surgió esa amenaza. ¿Quién ganará esa carrera contra el tiempo?

paulinocardenas.wordpress.com

@Paulinocomenta

 

 

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