Amainaron alusiones del Papa

PAULINO CÁRDENAS

Ante un numeroso grupo de jóvenes reunidos ayer en el estadio Morelos de futbol de la capital michoacana, el Papa no quiso para nada mencionar que mucho de los pesares que agobian a la juventud mexicana es porque los gobiernos no han hecho cabalmente su trabajo. Cambió el enfoque y amainaron sus señalamientos directos respecto de como lo venía haciendo.

El Papa Bergoglio prefirió apelar a los eufemismos al señalar que son ‘factores marginales’ los que no han permitido las oportunidades que necesitan las nuevas generaciones de mexicanos, a quienes les echó porras verbales. Negó que la única manera de ser joven en México sea el dejar la vida en manos del narcotráfico y de la muerte.

Nadie ha dicho eso. Lo que sí se ha dicho y repetido, dentro y fuera del país, es que ni el gobierno federal ni los gobiernos estatales ni municipales han podido o querido hacer disminuir el avance de los cárteles de la droga en al menos la última década. Hay dos causas fundamentales: corrupción e impunidad.

El Pontífice sabe que si los jóvenes no tienen alternativas en México, el narco abduce a muchos de ellos. Prefirió no señalar a los verdaderos culpables de las causas por las que los jóvenes carecen de alternativas. Se fue por la tangente. Le habló de modo anecdótico y con fábulas, para animarlos a no claudicar en sus sueños y propósitos.

Dijo: “Podemos decir que es mentira que la única forma que tienen de vivir los jóvenes en este país es la pobreza, la marginación de oportunidades, de capacitación y educación”. Pero no se atrevió a decir en manos de quiénes está la responsabilidad primera de que vivan con esperanza, dignidad y riqueza.

Tal vez recibió alguna sugerencia para no seguir criticando y hablando de los problemas que aquejan al país, como la inseguridad, la violencia, la pobreza, la corrupción, la impunidad y el abuso de poder, pero sobre todo no seguir insinuando quiénes son los culpables, que de cualquier modo los mexicanos saben quiénes son.

Obvio que algo hubo, porque en el caso de la petición que le han venido haciendo al Papa de pronunciarse sobre el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala, el vocero Federico Lombardi, molesto, dijo que no sabe por qué ‘presionan tanto los medios’ con eso. Debería saberlo.

Dijo que la agenda no le permitía al Pontífice realizar ese encuentro porque no podría hacerlo con un grupo y con otros no. Pero el padre Alejandro Solalinde aseguró que el “alto clero” ha evitado que las víctimas se acerquen al máximo jerarca de la Iglesia católica. Solo ha tenido reuniones con grupos ad hoc que le hacen la vida amable con porras, vivas y gritos de Francisco, hermano, ya eres mexicano, como clamaban los feligreses a sus predecesores.

Pero no solo eso. Como lo escribieron Rodrigo Vera y Letitia Oivas para el semanario Proceso, la canciller Claudia Ruiz Massieu fue a Roma a hablar con los encargados de la agenda de viaje del Papa, para pedirle a nombre del gobierno mexicano que evitara recibir a los padres de los 43 normalistas.

Resultaba inconveniente porque -según consignaban dos mensajes que le hicieron llegar-, algunos de los jóvenes normalistas presuntamente estuvieron involucrados en el envío de drogas a la ciudad de Chicago, en Estados Unidos.

“Este tipo de información se le entregó a la Secretaría de Estado, por lo que un encuentro con estos familiares, para la cancillería mexicana, podría enviar un mensaje en el sentido de que el Papa está apoyando a un cártel de la droga”, comentó una de fuente. Otro mensaje señalaba:

“No es nuevo el señalamiento de que estos jóvenes pertenecían a un grupo criminal. Pero hasta la fecha ha sido descartado (el encuentro) por las principales organizaciones independientes que estudian el caso. Ahora llega esta información al Vaticano, creando una situación complicada, pues no se sabe quién tiene la razón”.

Como sea, el caso es que al Papa lo espantaron. Habría sido el diablo como él mismo dice. Ayer se notó de manera más señalada no solo el cambio de tono del discurso, sino el cambio de enfoque, ya sin fustigamientos alusivos claros como sucedió en sus discursos Palacio Nacional, la Catedral Metropolitana, La Basílica, Ecatepec, San Cristóbal, Tuxtla Gutiérrez y Morelia.

Por la mañana hubo llamados del obispo de Roma dirigidos específicamente a religiosas, religiosos y seminaristas, alrededor de 30 mil que vinieron de varias partes del país a Morelia, a quienes les pidió que no sean “funcionarios” de lo divino, ni “empleados de Dios”.

En uno de los estados peor afectados por las bandas del narcotráfico facilitadas por las colusiones que ha habido entre el crimen organizado y las autoridades estatales y municipales como es Michoacán, Bergoglio invitó a la comunidad religiosa ahí reunida, a no caer en la tentación de la inmovilidad.

En fin, que parece haber habido un ‘sutil’ guiño de los anfitriones que se sintieron demasiado ‘balconeados’ con las alusiones que han sido por cierto bastante ponderadas y cuidadosas del Pontífice contra esa casta divina que forman los que velan por sus intereses y por quienes solo ven para su santo y viven envueltos en la desvergüenza, el cinismo y en la plena indolencia.

Hoy estará en Ciudad Juárez. Dialogará con presos en el Centro Penitenciario, tendrá un encuentro en el Colegio de Bachilleres y celebrará una misa en el área de la Feria. Habrá expectación por ver cuál será el tono de sus últimos mensajes. Por la noche partirá a Roma. El presidente Peña Nieto estará a despedirlo.

paulinocardenas.wordpress.com

@Paulinocomenta

 

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