El Papa ignoró el caso Ayotzinapa

PAULINO CÁRDENAS

En la última jornada de su visita, en Ciudad Juárez, el Papa Francisco habló ante un numeroso grupo de presos en el Centro Penitenciario Cereso 3 y ante empresarios en el Colegio de Bachilleres. Finalmente en el área de la Feria habló de los migrantes, pero no se pronunció públicamente en el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa ni le dedicó un responso a quienes han sido víctimas de desapariciones forzadas en México ni se atrevió a mencionar a las muertas de Juárez.

Volvió a generalizar. Aseveró que en México existe una “crisis humanitaria” caracterizada por la migración de miles de personas que son víctimas de extorsión, secuestros y tráfico de personas. Así, impersonal, como si fuera cosa etérea la situación que padece nuestro país o como escribió Lope de Vega en Fuente Ovejuna cuando la pregunta de ¿quién mató al comendador? “Fuente Ovejuna señor”.

Dijo generalidades, nada de manera directa que molestara los oídos de los anfitriones. Más que prudencia pareció ser un pacto. Prefirió lo tangencial por ejemplo, en el caso de la migración: es un “fenómeno global”, dijo, generado por la “pobreza, la violencia, el narcotráfico y el crimen organizado”. Pero no se atrevió a decir las causas y en quiénes recae gran parte de la responsabilidad para que eso no suceda.

Vino el Papa, señaló algunas cosas que sonaron a verdades incuestionables, se fue. ¿Y?. Tampoco el tema de la pederastia clerical lo tocó ni con el pétalo de una rosa. El que calla otorga, y esos abusos sin duda seguirán por parte de los sacerdotes que abusan de los menores y de los mismos seminaristas porque saben que de antemano tienen el perdón de dios.

Respecto al narco dijo, eufemístico otra vez, que el mejor caldo de cultivo para que se dé, es la falta de empleo. Pero para nada mencionó que en el terreno de lo tangible está la omisión, las ineficiencias, las ineficacias y las colusiones de los encargados de la seguridad con el crimen. Él lo sabe. ¿Por sabido lo calla?

En el Centro Penitenciario asomó en él las ganas de decir las cosas claras, pero se ciñó al guión del texto que leía y se limitó a decir -en una prisión que también ha tenido masacres como la de Topo Chico aunque sin tantos muertos-, que es un “engaño social” creer que la seguridad y el orden se logra solamente encarcelando.

Distrae el enfoque y habla mejor de la fallida reinserción, del arrepentimiento, e invita a los presos a luchar “desde acá dentro por revertir las situaciones que generan mas exclusiones”. Y quiso ser más explícito pero resultó peor: “Trabajen para que esa sociedad que usa y tira no siga cobrando más victimas”. ¿Quién le hizo ese discurso a Jorge Mario Bergoglio?

Sobre la migración forzada manifestó que “frente a tantos vacíos legales se tiende una red que atrapa y destruye siempre a los más pobres”, los que no sólo experimentan la carencia, sino que “encima sufren estas formas de violencia”. ¿Quiénes participan en esa cadena criminal? No lo dijo. Ni siquiera lo insinuó.

Fue de hecho una jornada de trámite. De los feminicidios -las muertas de Juárez con los que México alcanzó fama mundial- a sabiendas de que esa ciudad ocupó el primer lugar en crímenes de mujeres en todo el orbe, fue un tema que apenas lo rozó cuando con apurado énfasis dijo: “¡Y qué decir de tantas mujeres a quienes se les ha arrebatado injustamente la vida”.

Para desviar enseguida el enfoque al señalar que aunque el panorama sea sombrío “siempre hay una salida y una oportunidad” y demandar: “¡no más muerte ni explotación!”. ¿Y los presuntos culpables? ¿O fue solo obra del diablo?

Cuando el gobernador César Duarte quiso lucirse en el podio diciendo que Chihuahua ‘ya es otro’, un hombre que logró ‘colarse’ se fue al frente del estrado y mostró una enorme foto de su hija que a los 14 años desapareció. Quisieron sacar al quejoso pero al final le permitieron dar una entrevista.

Ese es el verdadero rostro de ese estado ‘gobernado’ por este Duarte, del mismo apellido que el gober pernicioso de Veracruz, Javier Duarte. En ambo estados de la República sus pobladores cuentan que uno y otro tienen suficientes méritos como para estar tras las rejas una vez que termine su periodo.

El Papa decepcionó a quienes creyeron que vendría con la espada desenvainada a pronunciarse por tantos crímenes de lesa humanidad que se han cometido en nuestro país. Hizo algunos apuntes, pero los dolidos y los indignados esperaban más.

Ante las solicitudes de los familiares de los 43 se pesnó que podrían ser recibidos por el Papa. El Nuncio Apostólico Cristophe Pierre había comentado que el Papa podía recibir a quien él quisiera en la Nunciatura porque es una extensión del estado Vaticano. Pero no hubo tal.

Es cierto que nadie esperaba que viniera a hacer milagros. Hizo lo que pudo; y no dijo todo lo que sin duda hubiera querido decir. Pero con lo que vio, oyó y leyó en los mensajes que le fueron entregando en mano muchas gentes sabe que en México las cosas son más parecidas al infierno que a donde moran los bienaventurados.

Para algunos fue una visita que dejó paz, esperanza y misericordia. Para otros se quedó corto. Sobre todo los familiares de víctimas de los diferentes tipos de violencia que ha habido a lo largo de los últimos años a causa de la corrupción, de la impunidad, de la indolencia y de la desgobernabilidad. ¿Algo habría cambiado en el país con esa visita? Habrá que ver.

paulinocardenas.wordpress.com

@Paulinocomenta

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Comentarios desactivados en El Papa ignoró el caso Ayotzinapa

Archivado bajo Ignoró el Papa Francisco a los 43

Los comentarios están cerrados.