El Papa vio un México oprimido

PAULINO CÁRDENAS

Ya en Roma, ayer, antes del Ángelus dominical, el Papa Francisco hizo referencia a su viaje a nuestro país y lamentó que el pueblo mexicano haya sido tan oprimido, despreciado y violado en su dignidad. Dijo que ese viaje apostólico marcó una experiencia de transfiguración “porque en México el Señor ha mostrado la luz de su gloria a través del cuerpo de su Iglesia y su pueblo santo que vive en aquella tierra”, señaló .

“Un cuerpo tantas veces herido, un pueblo tantas veces oprimido, despreciado, violado en su dignidad”, dijo Francisco. En su breve intervención, el Pontífice insistió en subrayar todas las mayores plagas que afectan a México, entre ellas los feminicidios, la inseguridad y los altos índices de homicidios que se registran. Dijo que, cuando rezó en la Basílica de la Virgen de Guadalupe, pensó en todas esas formas de violencia.

“He contemplado y me he dejado mirar por Aquélla (la virgen) que lleva impresos en sus ojos la mirada de todos sus hijos, y recoge los dolores por las violencias, los robos, los asesinatos y los abusos que hacen daño a tanta gente pobre, a tantas mujeres”, afirmó el Papa.

En su visita a México el obispo de Roma dejó a muchos grupos agraviados de nuestro país sin recibirlos y sin dedicarles un responso a muchas víctimas de la violencia, cuyos familiares se quejaron de que el gobierno anfitrión lo acotó para evitar que recibiera a los padres de los 43 y a familiares de quienes han sufrido desapariciones forzadas que por miles han sucedido en territorio mexicano.

Fue y vino encerrado siempre en una burbuja, rodeado de fiesta folklórica y protegido por el estado mayor para que no se rozara con los indignados, aunque el titular de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, haya dicho que el Papa en México dijo lo que quiso, fue a donde quiso y nadie le impidió nada. A su regreso a Roma, en el avión, dijo que no se reunió con esos grupos ‘porque están enfrentados entre sí’.

Esa frase, sin duda sugerida, resulta una mentira celestial. Eso que dijo no es cierto. Al contrario, lo que los une a esos grupos agraviados es el dolor. Esa santa mentira resultó un acto discriminatorio propiciado por el temor del gobierno que lo hizo quedar mal a él, que viene pregonando el Año Santo del Jubileo de la Misericordia. ¿Misericordia para quiénes? ¿Para unos sí y para otros no?

Tremenda paradoja del representante de Jesús en la tierra. Lo cierto es que quedó atrapado en las redes del compromiso pactado de antemano. Por ese motivo muchos mexicanos que se encuentran en condición de dolidos y agraviados por las desgracias sucedidas a familiares y amigos, quedaron decepcionados con la visita del obispo de Roma.

Jorge Mario Bergoglio respetó al final de cuentas el pacto Vaticano-Gobierno mexicano que logró la canciller Claudia Ruiz Massieu Salinas quien estuvo en enero en la sede papal para hacer los arreglos necesarios y no comprometer públicamente a su principal anfitrión.

Sin embargo, ayer, fuera de compromisos, antes del Ángelus dominical, desde la ventana del Palacio Apostólico optó por decir las cosas que tal vez le hubiera gustado haber dicho en México. Aunque no dio detalles, lamentó que el pueblo mexicano haya sido tan oprimido, despreciado y violado en su dignidad.

El Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan señaló que “un muro infranqueable” de poder impidió que el Papa Francisco se entrevistara con los padres de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos y visitara Guerrero, entidad que “condensa la tragedia que vive el país y donde se han consumado, desde los años de la guerra sucia, graves violaciones a los derechos humanos”.

Apuntó que tras la visita del Papa, el gobierno de México “ha quedado evidenciado con su actitud despreciativa con la gente que sufre, y por eso no puso en la misma balanza a quienes han sido víctimas de la violencia, que representan el clamor más profundo del México que nos duele”.

En cambio, “las élites política y económica, sí ocuparon los primeros asientos en todos los actos públicos y tuvieron la oportunidad de encontrarse con Francisco en espacios privados”. Y para colmo, al gobierno le valió no respetar los principios constitucionales de laicidad. Se pasó por el arco del triunfo los artículos 130 y 124 de la carta magna. Claro que no es sorpresa que el sistema viole la Constitución.

El artículo 130 de la Constitución establece “el principio histórico de la separación del Estado y las iglesias” y el 124 garantiza que “todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley”.

Pero ni siquiera las formas se respetaron. El gobierno de Peña Nieto, al suprimir en esos días de sus páginas oficiales el Escudo Nacional y la identidad institucional oficial con un despliegue de imágenes del Papa Francisco y de la Catedral Metropolitana, manifestó una clara preferencia por la Iglesia católica y su máximo jerarca.

La Ley de Asociaciones Religiosas y Culto público establece, en el artículo 3, que “el Estado mexicano es laico”, y ordena: “El Estado no podrá establecer ningún tipo de preferencia o privilegio en favor de religión alguna.

“Tampoco a favor o en contra de ninguna iglesia ni agrupación religiosa”. Pero Peña lo hizo por la católica. Fue un actitud que discriminó a las demás. Por todo eso, y por prestarse a la mascarada, la visita del Papa Francisco decepcionó a muchos mexicanos.

paulinocardenas.wordpress.com

@Paulinocomenta

 

 

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