Del Paso denuncia oprobiosa ley

PAULINO CÁRDENAS

El reconocido escritor mexicano Fernando del Paso aprovechó los reflectores que tuvo en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, al recibir el premio Cervantes de Literatura 2015 de manos del rey Felipe VI, para denunciar que en México se vive “el principio de un estado totalitario, que no podemos permitir”(…) “Las cosas no han cambiado, sino para empeorar”.

Señaló que en el estado de México existe una legislación “opresora” que “habilita a la policía a apresar e incluso a disparar en manifestaciones y reuniones públicas a quienes atenten, según su criterio, contra la seguridad, el orden público, la integridad, la vida y los bienes, tanto públicos como de las personas”. Criticó que se permita “tal medida extrema”.

Sus palabras retumbaron en la Casa de Gobierno del mandatario del estado de México, Eruviel Ávila -quien quiere ser presidente-, y hasta el último rincón de Los Pinos. Del Paso se refería a la ley represiva que, a hurtadillas, aprovechando la víspera de Semana Santa, el Legislativo mexiquense aprobó en el más completo sigilo la llamada ‘ley Atenco’.

Dicha legislación, aprobada por un Congreso que el gobernador tiene en un puño, no es otra cosa que la ‘ley bala’ que se quisieron imponer en Puebla y en Chiapas sus gobernantes. Pero la del estado de México resultó corregida y aumentada. Esa ley busca criminalizar la protesta social.

Iría contra las personas, pueblos y organizaciones que defiendan sus tierras, sus territorios, los bienes naturales como el agua y el bosque, la autonomía indígena y los derechos humanos en general, ante las reformas ‘estructurales’ y los megaproyectos que acaban siendo grandes negocios para unos cuantos de la elite del poder.

Una ley similar busca implantarse a nivel federal, sobre la cual ya se dio un primer paso con la aprobación de la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados, del nuevo reglamento del artículo 29 de la Constitución, que faculta al jefe del Ejecutivo a suspender garantías individuales a su criterio.

Este nuevo reglamento de carácter federal sería aplicado en casos de invasión, grave perturbación de la paz pública o cualquier otro hecho que ponga a la Nación en grave peligro o conflicto. Se teme que tanto la ‘ley Atenco’ como esa nueva reglamentación federal, sería usado mas bien para los casos en que los reclamos al gobierno de los inconformes se salgan de madre.

Se da por hecho que ese nuevo reglamento buscaría criminalizar la protesta social y con ese pretexto apurar la suspensión de garantías individuales en los estados de la República en los que se susciten disturbios. De llegarse a establecer a nivel federal, volvería a revivir la ley de disolución social como lo hicieron Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez, la cual fue derogada en 1970.

Respecto a la “ley Atenco” a la que hizo referencia Fernando del Paso en España, ningún partido político se atrevió a hacer pública su llegada al Congreso mexiquense, sino hasta el momento de su aprobación, previo a las vacaciones de Semana Santa. Fue de hecho un albazo legislativo. La aprobación fue en total sigilo; la mafia del poder priísta mexiquense mantuvo en secreto ese golpe que busca ir en contra del derecho constitucional a la manifestación y a la protesta.

Esto tan lo sabe Del Paso que por eso quiso aprovechar los reflectores de la ceremonia de entrega de su premio celebrada en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, con el propósito de hacer esa cruda denuncia sobre la respuesta de la autoridad ante el estado de descomposición que vive el país, lo que deja mal parado, una vez más, al presidente Peña Nieto, a nivel internacional.

Antes de lanzar esa dura crítica –sin mencionar por su nombre al mandatario federal ni al del estado de México, ni el trasfondo de su protesta que por sabida la omitió-, había aclarado a manera de disculpa: “Criticar a mi país en un país extranjero me da vergüenza. Pues bien, me trago esa vergüenza”, y aprovechó para poner el foco de atención en esa ley que fue aprobada por la Comisión de Gobernación. “No denunciarlo, eso sí que me daría vergüenza”.

El autor de las extensas novelas José Trigo, Palinuro de México y Noticias del Imperio -que además de escritor ha sido dibujante, pintor, diplomático y académico-, señaló, ante un selecto auditorio amante de la cultura y la literatura, que en México “continúan los atracos, las extorsiones, los secuestros, las desapariciones, los feminicidios, la discriminación, los abusos de poder, la corrupción, la impunidad y el cinismo”.

Esa incisiva crítica del reconocido escritor, se suma a la que hace unos días hizo la precandidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton, quien dijo en una entrevista con María Peña de La Opinión de Los Ángeles: “Si yo estuviese en el gobierno mexicano, no estaría descansando hasta descubrir lo que pasó” con los normalistas desaparecidos de manera forzada en septiembre de 2014. 

La periodista le había preguntado su opinión sobre el sentir de la gente que cree que el gobierno mexicano no ha hecho lo suficiente para esclarecer lo que pasó con, y sus familiares esperan su retorno a casa. Y la respuesta de Hillary Clinton fue lapidaria: “No podría estar más de acuerdo; es algo indignante”. Para el mandatario mexicano, tanto la crítica de doña Hillary como la del escritor Fernando del Paso, representan el sentir de millones de mexicanos.

A esas críticas se sumarán las de la cancelación unilateral por parte del gobierno mexicano del GIEI que echó abajo la ‘verdad histórica’ del ex procurador Jesús Murillo Karam, por lo que ya no se le autorizó un tercer permiso para seguir investigando sobre el caso Ayotzinapa, el cual sin duda seguirá siendo una muy pesada carga para el mandatario mexicano.

paulinocardenas.wordpress.com

@Paulinocomenta

 

 

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