Camino hacia la inestabilidad

PAULINO CÁRDENAS

Los factores están a la vista. México va camino hacia la inestabilidad política y la descomposición social, sin que eso preocupe al gobierno federal, ni al parecer a los mexicanos. Uno de los graves problemas es la corrupción masiva generalizada que está alcanzando incluso al proceso electoral que está en marcha y que se mezcla con la penetración del narco en ese proceso. Pronto se verá ese fenómeno con más claridad en varios estados de la República.

Otro es la profunda desigualdad en el ingreso. Mientras unos cuantos -los que pertenecen a la mafia del poder como le apoda Andrés Manuel López Obrador a la elite política que manda en México-, lo tienen todo, millones carecen de lo más indispensable y otros tantos viven en el olvido oficial. La elite política es la que goza de privilegios en ese juego perverso. De lo que carecen muchos, a la oligarquía le sobra.

Los mexicanos de a pie que se jodan. Los de sin techo, también. Los pobres, que sirvan acaso para las estadísticas del INEGI. Los miserables que se las arreglen como puedan. Esa la democracia a la mexicana. La Constitución no la respetan quienes deberían respetarla. Los abusos de poder están a la orden del día. Prevalece la mentira discursiva, la violación de las leyes, el valemadrismo oficial. Ayotzinapa es ejemplo.

Se gobierna de saliva. Se echan mentiras cuando se habla de prosperidad, de desarrollo y de crecimiento económico. Se encubre la realidad con aseveraciones que parecieran ser verdades. El ‘nuevo’ PRI ha hecho de la política una forma de hacer negocios personales sin recato, con un más alto grado de cinismo que los del ‘viejo’ PRI. Por ello no ha prosperado -ni prosperará- un Sistema Nacional Anticorrupción.

Los actos de intimidación por parte de los gobiernos priístas contra reporteros, fotógrafos y medios informativos, van en aumento. En Coahuila se acaba de dar un caso más la madrugada del pasado viernes. El director del periódico Vanguardia, Armando Castilla, sufrió un atentado en su domicilio por parte de la Fuerza Pública, en donde hubo un desalojo y sacaron las pertenencias de la casa del director de ese medio, a quien la policía trató de atropellar lo mismo que a varios reporteros que cubrían la nota.

Ese diario había publicado el pasado 18 de febrero un reportaje donde reveló las irregularidades en la pensión que se le otorgó al ex gobernador Humberto Moreira tras haber laborado en el sector educativo en Coahuila. Tras ello, quien también fue dirigente nacional del PRI denunció al diario y a una de sus reporteras ante un juzgado civil de Saltillo pidiendo que se le repare el supuesto ‘daño moral’ que sufrió.

Como se sabe a Humberto Moreira es el gobernante que le dejó una deuda multimillonaria a su estado, y ha sido señalado por presunta malversación de fondos públicos con los que pudo haber realizado actos ilícitos como lavado de dinero, transfiriendo dinero al menos a dos países, utilizando varios cómplices. Por ello fue detenido en el aeropuerto de Barajas, España, en enero pasado. Y aunque quedó libre, sigue siendo investigado en aquel país, lo mismo que en Estados Unidos.

El caso es que la corrupción masiva y generalizada que se ha visto en este sexenio por parte de los que operan las decisiones desde la cúpula del poder -donde necesariamente se incluye a los gobiernos priístas de 19 entidades federativas que controla el partido en el gobierno-, va camino a depredar cada vez más al país.

Otro factor de inconformidad es la evasión fiscal de las élites políticas y empresariales quienes tienen todo tipo de incentivos, en tanto millones de mexicanos se ven obligados a pagarle al fisco y si no lo hacen les echan encima ‘toda la fuerza del Estado’. Esto contribuye a socavar más la poca confianza que le queda al mandatario federal por parte de los mexicanos que todavía creen en él.

Y la desigualad en el ingreso es la puntilla. Eso, para quienes tienen trabajo. Junto con los despidos que está habiendo por los recortes del gasto público ordenados por la elite del poder que no padece penurias sino al contrario, es lo que está llegando a su límite y decantando las cosas hacia el enojo y la inconformidad social.

Un ejemplo de ese hartazgo social son los linchamientos que se han venido dando contra rateros, violadores y delincuentes comunes en diversos poblados del país. Algunos acaban en drama; otras veces la propia policía local los salva de ser linchados o quemados. Otro caso son los grupos de autodefensa que han resurgido en varios estados de la República.

Pero hay otros grupos que se están armando para formar comandos justicieros en varias latitudes del país y acabar con la delincuencia organizada y con las colusiones de estos con las autoridades que supuestamente deben garantizar la paz social y salir en defensa de la ciudadanía. Lo que más se ha venido observando en este sexenio es una polarización entre los intereses de la elite del poder y las carencias de los gobernados.

Y si faltara algún ingrediente están los dos principales que pueden contribuir a que la inestabilidad se generalice: el de una economía estancada y la de una inseguridad creciente y galopante. Sobre esto último, los secuestros, asesinatos, y masacres han hecho de México uno de los países más violentos del mundo. Con todo ese coctel México va derechito a la inestabilidad. Los factores están dados.

paulinocardenas.wordpress.com

@Paulinocomenta

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