Los Duarte déspotas se van

PAULINO CÁRDENAS

Parecen almas gemelas. No solo por el apellido sino por sus fechorías son iguales; son idénticos en la forma de gobernar sus respectivas entidades, en Chihuahua, César Duarte Jáquez, y en Veracruz, Javier Duarte de Ochoa. Son ejemplo, como los de otros muchos gobernantes priístas, de lo que ya no debe ser tolerado por los mexicanos; ese !ya basta! debe empezar a mostrarse en las urnas el próximo 5 de junio.

Son igual de déspotas, intolerantes y oligarcas porque ambos son priístas; han sido amamantados con la misma sangre endemoniada que alimenta a quienes surgen de ese partido para ser mandatarios y se dedican a todo, menos a gobernar. Lo bueno es que ambos ya se van, aunque dejarán a sus respectivas entidades en la ruina.

Son de lo peor que ha dado el partido en el gobierno; son producto del ‘nuevo’ PRI que en poco más de tres años salió peor que el que se anquilosó durante más de 7 décadas en el poder federal, con peores mañas, con mayor cinismo para cometer sus fechorías, amparados en la impunidad que ellos mismos se propician.

Dedicados más a enriquecerse ellos y sus familias que a gobernar, han sido defendidos por el ignominioso PRI que quiere seguir en el mando estatal y federal a como dé lugar, cueste lo que cueste, caiga quien caiga. Incluso, según se viene rumorando, podría repetirse la historia de Colosio si fuera necesario.

Por lo pronto son muchos los aspirantes a cargos de elección popular que han sido asesinados por grupos enemigos. Las propias mafias del poder tienen matones a sueldo; ordenan quitar del camino a quienes les estorba y le echan la culpa de las ejecuciones que ordenan a las mafias del crimen y a los cárteles de la droga. Ciertamente estos grupos también tienen metidas las manos en el proceso electoral, pero ese es otro tema.

El caso es que personajes tenebrosos como César Duarte y Javier Duarte son los que utilizan la fuerza pública a su servicio, para acallar a quienes les hacen reclamos y protestas en las manifestaciones públicas por sus abusos de poder.

Las desapariciones forzadas, las torturas, los entierros en fosas clandestinas son comunes en Chihuahua y Veracruz. Aunque sus autoridades lo niegan, poco a poco han ido saliendo a la luz la verdad sobre las políticas de exterminio contra quienes disienten del estilo de gobernar en ambas entidades.

La Auditoría Superior de la Federación, en su análisis de la cuenta pública 2014,  advirtió irregularidades del gobierno de Chihuahua en casi todos los programas y subsidios federales revisados, incluyendo operaciones en donde el destino del dinero no fue corroborado. Derivado de ello, se dio a conocer que la PGR había abierto una investigación en contra de César Duarte por presunto desvío de recursos federales.

Se trata de ‘operaciones sospechosas’ -que Duarte dice que se hicieron sin su conocimiento ni autorización-, que enriquecieron a la sociedad financiera Unión Progreso que junto con otras, se fusionaron para formar el Banco Progreso, del cual el propio gobernador buscó tener participación accionaria a través de un fideicomiso.

Entre 2012 y 2014 la administración de César Duarte hizo depósitos por casi 80 mil millones de pesos a esa sociedad financiera privada de la que su actual secretario de Hacienda, Jaime Herrera Corral, resultó ser abogado y accionista. Eso y más es lo que indaga la PGR, aunque pocos creen que llegue a algún acto condenatorio.

Y en cuanto a Javier Duarte de Ochoa su caso es similar, y en algunos rubros, peor. En diciembre entregará el poder, pero desde hace meses y meses que cuenta en su haber el repudio de los veracruzanos por robarse dinero del erario federal y local y ponerlo a trabajar en negocios en los que participa su familia e incondicionales del gobierno.

Ha cobrado fama como autor intelectual de ataques contra periodistas pese a que él siempre se ha deslindado de los atroces crímenes que se ha cometido a lo largo de su administración contra reporteros y fotógrafos que han exhibido sus estilo déspota de decir y hacer las cosas.

Los dos Duarte están en la picota viviendo en carne propia el repudio popular de chihuahuenses y veracruzanos por igual, quienes lo menos que piden es que venga un gobernador a indagar sus fechorías, los procesen y los metan a la cárcel. Las acusaciones serían similares: por peculado, enriquecimiento ilícito y abuso de poder.

César Duarte quiere imponer a un incondicional en su lugar para el gobierno de Chihuahua. Se trata de Jaime Beltrán del Río del PRD, quien es asesor financiero del Banco Progreso creado con fondos federales a través de la sociedad financiera Unión Progreso, como se refiere párrafos arriba.

El secretario de Hacienda, Jaime Herrera, coordina todas las reuniones de los accionistas, y Beltrán del Río, candidato actual del PRD a la gubernatura de Chihuahua, como asesor financiero del mismo banco, asiste cada sábado a esas reuniones. Para el PRI es una ‘traición’ querer imponer a un perredista. Sin embargo, eso ayudaría a que pudiera ganar en Chihuahua el candidato del PAN, Javier Corral.

Y en cuanto a Javier Duarte de Ochoa, éste confía en el triunfo de su incondicional Héctor Yunes Landa, del PRI, porque cree que durante la gubernatura de dos años podría ‘limpiarle’ sus fechorías a quien se ostenta como su padrino político. Pero si el triunfo es para Miguel Ángel Yunes Linares, de la coalición PAN-PRD, el gobernador de los mil apodos estaría haciendo maletas al día siguiente de los comicios del 5 de junio próximo, y obvio que para el relevo de gestión en diciembre ya estaría muy lejos, quizá refugiado en Barcelona.

paulinocardenas.wordpress.com

@Paulinocomenta

 

 

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