El PRI no la tiene segura

PAULINO CÁRDENAS

Saturando los medios con encuestas a modo, el PRI pretende ganar las elecciones en los 12 estado en donde habrá cambio de gobernador el próximo domingo 5 de junio de los cuales tiene actualmente en su poder seis de ellos. Sobre todo tiene pavor de perder Veracruz y Tamaulipas, dos de sus principales bastiones con miras al 2018. Confía en que el INE lo ayudará. El primer priísta del país es el principal factor de las virtuales derrotas que le esperan al tricolor.

Descalificando y realizando campañas sucias contra sus enemigos políticos, como en el caso de Miguel Ángel Yunes Linares, candidato de la coalición PAN-PRD para la gubernatura de dos años en Veracruz, el PRI está preparándose para lo que sabe hacer con maestría: trampas desde antes y durante las elecciones, con nocivas prácticas como ‘el carrusel’, la ‘urna embarazada’, el ‘ratón loco’, etc., etc.

Además de confiscar propaganda o comprar votos a cambio de despensas y televisores, también el partido en el gobierno utiliza ‘hackers’ para sabotear al enemigo o saber de manera anticipada sus estrategias para incluso boicotearlos; en otros casos usa un ejército de ‘bots’ que defiende y cuida celosamente todo lo que se hable sobre Peña Nieto.

El propósito es diluir las redes orgánicas generando miles de mensajes Spam para que las protestas o disidencias que tienden a volverse ‘trending topics’, acaben siendo literalmente encapsuladas. El hecho es que al final, cuando logran su propósito de ganar a como dé lugar, los candidatos del PRI terminan sin cumplir sus promesas de campaña. Ellos van a lo que van: a hacer negocios.

En realidad los candidatos priístas -igual que su incondicional, el Verde- solo quieren el voto de la gente para llegar a hacer negocios a expensas del cargo y a usar dinero del erario federal y local para ponerlo en cuentas bancarias personales, sin importarles que pudiera haber consecuencias, ya que saben que cuentan con la impunidad que emana del mismo poder.

Y pese a todo ese arsenal de posibilidades y a la ayuda de su tramposo aliado el Verde, el PRI no la tiene segura para ganar como pretende, las 12 gubernativas que estarán en juego el 5 de junio.

De los factores que sin duda llevarán a la derrota al partido en el poder, hay dos que destacan porque afectan a la mayoría de los mexicanos: una economía estancada y la inseguridad al alza. Pero de hecho el principal problema que tiene el partido en el gobierno reside en el primer priísta del país. Su popularidad y sobre todo la aceptación que llegó a tener Peña Nieto al principio, ha sufrido una alarmante caída.

Y esa popularidad perdida y esa vertiginosa caída en la aceptación del mandatario federal obedece a asuntos no resueltos que se han ido acumulando a lo largo de su sexenio. Su gobierno se ha debilitado enormemente. Por ello es que fueron aprobadas en el Congreso cuatro leyes secundarias y una estatal de reformas constitucionales que perfilan medidas para un “estado de excepción” y un mayor poder e impunidad para los cuerpos militares y policiacos dedicados a combatir el crimen.

Está la que criminaliza la protesta social. No es exagerado señalar que se equipara un virtual acto terrorista a la protesta social. Las reformas castigan por igual a quien utilice armas químicas, biológicas o material nuclear, que a quienes actúen en contra de un bien inmueble de acceso público o detenga en calidad de rehén a una persona.

Se decretó también el ‘estado excepción’ con una modificación a ley reglamentaria del artículo 29 constitucional, para definir los supuestos que justifiquen suspender derechos políticos y garantías civiles y decretar ese estatus de excepción.

La defensa de los derechos humanos y garantías individuales prácticamente quedarían virtualmente en segundo término ya que esa modificación constitucional faculta al Ejecutivo federal a “gobernar” mediante la emisión de decretos, en franca violación a la división de poderes.

Está también la legalización de los cateos e intercepciones militares. El Senado aprobó reformas al Código de Justicia Militar que autorizan a los juzgados de control militar a ordenar el cateo de domicilios civiles en casos de delitos de disciplina militar relacionados con el crimen organizado, homicidio doloso, grave o violento con arma de fuego.

Incluso, autoriza el cateo de recintos de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial que, por ley, son inviolables. Pero hay muchas más razones por las que el presidente Peña Nieto ha perdido credibilidad ante los mexicanos. Uno es que su gobierno se ha achicado y hay un evidente desorden entre los integrantes del gabinete presidencial.

Los resultados de las reformas han sido desastrosos. La energética resultó ser para un club de amigos, y la educativa es un fracaso. Las demás ni pintan en el mapa del gobierno. No obstante el mandatario se la lleva ponderando resultados que solo él ve en sus reformas y hablando de que ya hay ‘signos’ de su ‘éxito’, pero nadie percibe la insistente necedad de que esas reformas ya ‘cuajaron’.

Están los escándalos de corrupción cono el del Grupo Higa con la Casa Blanca, Malinalco, el de OHL, Ixtapan de la Sal, etc., etc. Además están bajo los reflectores los casos Ayotzinapa, Tlatlaya, Apatzingán y Ecuandureo entre otros. Y ni qué decir de la ‘fuga’ del Chapo Guzmán.

Por cierto que su extradición al final la habrían ganado los abogados del capo sinaloense, que habrían acordado que su cliente se entregaría de manera voluntaria en la Corte de San Diego, pagaría una cuantiosa multa -diríase que histórica-, y daría la información que soliciten las autoridades antinarcóticos de esa jurisdicción, a cambio de una pena corporal menor. Pero esa es otra historia.

paulinocardenas.wordpress.com

@Paulinocomenta

 

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