Peña Nieto también ‘se cansó’

PAULINO CÁRDENAS 

Al parecer al presidente Enrique Peña Nieto le pasó lo mismo que a Jesús Murillo Karam: ‘ya se cansó’. Con la designación de Enrique Ochoa Reza dio muestra de ello; no la decidió él, sino el titular de Hacienda, Luis Videgaray Caso.

Como sea, Peña dio la señal para que viniera ‘la cargada’ al estilo arcaico y que la CNC, la CTM, la CNOP y Movimiento Territorial se rindieran a los pies del hasta hace unas hora, ilustre desconocido.

Hoy será la fiesta del alarido priísta que aún cree poderla hacer para el 2018. Con esa designación hay dos mensajes claros:

Uno, que Videgaray pretende adueñarse de todas las canicas con miras a la sucesión presidencial, aspirando a ser él el ‘ungido’. Y dos, que es señal clara de que el presidente Peña Nieto como que ya se quiere jubilar; ‘ya se cansó’ como le sucedió a Murillo Karam.

El ex director de la CFE fue bajado del tapanco para dirigir un partido en el que no ha militado y al que en un momento dado negó pertenecer. De hecho las bases ni sabían que era priísta. Vamos, ni siquiera sabían su nombre.

Todavía en su tapanco, le dio tiempo de ordenar el incremento de las tarifas del sector eléctrico que entrarán en vigor en este mismo mes: 7 por ciento al sector comercial; 6.8 por ciento al alto consumo doméstico; y entre 2.5 y 5 por ciento al rubro industrial.

Pasada la sorpresa y en vísperas de pasar a la gloria, lo primero que hizo Ochoa Reza fue parafrasear lo que había dicho Manlio Fabio Beltrones en su discurso de despedida del cargo:

“El partido necesita cambiar, necesita abrir las puertas, necesita la crítica y la autocrítica, pero sobre todo necesita de propuestas participativas para la victoria nacional”. Y añadió:

“El PRI tiene que reestructurarse con una discusión abierta con la sociedad” y pidió a los hombres y mujeres, militantes priístas, que lo inviten a sus sectores.

“Vamos a dialogar constantemente, les pido a los sectores del partido que me inviten una vez al mes; vamos a reflexionar”.

Su designación como aspirante único a la dirigencia nacional del PRI no tiene vuelta atrás. Está decidido pese los pataleos que haya dentro del partido. Hoy se verá en la fiesta del alarido priísta.

Al ex ilustre desconocido, tecnócrata por definición, se la dejaron muy difícil. Tendría que reinventar a su partido de la A a la Z. Aunque suene paradójico deberá promover que se lleve a la piedra de sacrificios a buena parte de los gobernantes corruptos salidos del PRI. Kramer contra Kramer.

Todo indica que el plan reinvindicatorio está fríamente calculado. Hará lo que Peña Nieto negó hacer a Manlio Fabio Beltrones, razón por la que renunció. Que el mismo PRI coloque en la picota las cabezas de al menos tres bandoleros que llegaron a depredar en lugar de gobernar.

Se trata -ya todo el mundo lo sabe, incluso ellos-, de Javier Duarte de Ochoa, gobernador de Veracruz; César Duarte Jáquez, de Chihuahua, y de Roberto Borge, de Quintana Roo.

El nuevo dirigente nacional del tricolor retomaría lo que hasta en dos ocasiones le pidió Manlio Fabio Beltrones a Peña Nieto antes de renunciar al PRI, pero que el mexiquense se negó, hasta en dos ocasiones:

Que para restañarle algo de confianza y credibilidad al PRI con miras a elecciones futuras, debía ese partido responder al reclamo de la ciudadanía y llamar a cuentas al menos a tres de los gobernadores corruptos del PRI, que por su culpa el PRI perdió las elecciones en sus estados.

El sonorense se refería a Javier Duarte de Ochoa, César Duarte Jáquez y Roberto Borge Angulo. Incluso se dice que Manlio le habría propuesto a Peña que fuera a iniciativa del propio PRI empujar ese reclamo de la ciudadanía, harta como está de tantas corruptelas de mandatarios depredadores emanados del partido en el gobierno.

Ayer mismo, ‘coincidentemente’, se dio a conocer que la PGR presentó sendas acciones de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación en contra de los gobernadores y congresos de los estados de Veracruz y Quintana Roo por la aprobación de leyes locales anticorrupción. Lo mismo resolvería en el caso de Chihuahua.

Al final de su registro como candidato único para dirigir los destinos del PRI, en entrevista salió el tema. Y Enrique Ochoa dio señales claras que por ahí iría la cosa: que podría haber sacrificio humano de priístas corruptos, exhibidos por el mismo PRI, en un acto de autocrítica, con nombres y apellidos: Javier Duarte, César Duarte y Roberto Borge.

Solo que eso no será suficiente para restaurarle credibilidad al PRI de cara a la Nación. Hay demasiados agravios de ese partido contra los mexicanos. Para empezar tendría que promover que el ‘primer priísta’ del país, en un acto de contrición, pudiera desaparecer de la escena política. ¿Sería un sexenio mocho?

No pasaría nada, ya que quien estaría a cargo sería el mismo que ha mandado y comandado las cosas en Los Pinos desde el arranque del sexenio. El mismo que bajó del tapanco al ex director de la CFE para llevarlo a la gloria, sin saber el pobre en la que lo están metiendo.

paulinocardenas.wordpress.com

@Paulinocomenta

 

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