Condolencias por terrorismo

PAULINO CÁRDENAS  

Es políticamente correcto darle el pésame a una nación que sufre de ataques terroristas como hizo el presidente Enrique Peña Nieto con el presidente francés François Hollande. El asunto es saber que esos ataques, como el que acaba de suceder en Niza, forman parte de una reacción de grupos extremistas contra EU y sus aliados a anteriores y prolongadas incursiones armadas estadounidenses en contra de naciones que profesan el islamismo.

Los ataques terroristas que se han ido incrementando contra Estados Unidos y sus aliados en la última década y media no los inició Al Qaeda, ni Bin Laden ni ISIS.  Ha sido una reacción en cadena de grupos extremistas islámicos hartos de las agresiones armadas que con distintos pretextos por años han realizado tropas de EU contra Afganistán, Irak, Libia, Siria e Irán donde han muerto miles de gentes inocentes.

La razón de esos ataques han sido los intereses geopolíticos codiciados por Washington y sus aliados en el siglo actual: gas, petróleo, venta de armas y la banca pública. Con ese propósito las masacres las comenzó Estado Unidos y sus aliados de tiempo atrás matando familias enteras, en Oriente Medio con misiles de largo y mediano alcance y drones no tripulados. La idea ha sido causar terror y mostrar quién tiene el poderío militar.

Las guerras en aquellas regiones son muy antiguas, bíblicas diríase, religiosas en su origen. Pero en lo que va de la década y media del presente milenio el juego perverso de las guerras las idearon los intereses norteamericanos.

Señalan expertos analistas que sin conocer esos antecedentes es difícil comprender lo que ha estado pasando con los movimientos militares de gran envergadura en el Mar Mediterráneo, Canal de Suez y el mar Rojo, en los territorios de Israel, Jordania, Irak, Qatar, Turquía y Arabia Saudita.

Lo mismo que ha sucedido en Siria en aras del enriquecimiento y creación de nuevos mercados controlados por ellos y sus conglomerados corporativos, durante la destrucción y reconstrucción del país. Y el fallido golpe militar que acaba de darse en Turquía es parte de lo mismo.

Juntos, pues, EU y sus aliados, han tramado diversas estrategias bélicas contra naciones del Oriente Medio. Han realizado invasiones, paramilitarismo, conspiraciones psicológicas, operaciones secretas y acciones de desinformación.

Son el modus operandi de las continuas guerras de rapiña con el único fin de controlar a toda aquella región del planeta y sus recursos naturales, comenzando por la estratégica riqueza petrolera que poseen y sus mercados de producción, comercialización y consumo.

Los creyentes en las teorías de la conspiración afirman que para justificar los ataques al ‘terrorismo yihadista’ EU planeó el autoderribo de las Torres Gemelas de Nueva York, le echó la culpa a Osama Bin Laden que era socio de George Bush padre e inculpó de esos hechos a la organización extremista Al Qaeda.

De hecho cada vez surgen más dudas de que aquellos dramáticos acontecimientos hayan sido como oficialmente los ha venido manejado Washington desde el 9/11 del 2001.

Como sea, ese fue el pretexto para integrar una alianza antiterrorista encabezada por Estados Unidos integrada por Reino Unido, Francia, Alemania, Turquía, Arabia Saudí y Qatar que combate a los ‘yihadistas’ en todo Oriente Medio. La participación de Israel, primordial aliado de EU, es por otras causas, vinculadas a diferencias religiosas y territoriales con los palestinos.

Entre las acciones de desinformación, EU y sus aliado han tergiversado el significado de la palabra Yihad (guerra Santa); la vinculan con la imagen de los grupos extremistas que surgieron para vengar tanta matanza impune del imperio norteamericano. Eso no es así de simple.

El término “yidahistas”, EU y sus aliados lo usan en sentido peyorativo, negativo, intentan equipararlo al terrorismo. Lo asocian con bandas de matones, fanáticos religiosos, dispuestos a atacar a ‘los infieles’ por ‘venganza en nombre de Alá´’. No es estrictamente así.

Yihad en la terminología islámica significa realizar un esfuerzo, comprometerse y perseverar por una causa noble. A lo largo de los siglos, el verdadero significado de Yihad ha ido perdiéndose o al menos se ha ido diluyendo. La crítica situación actual del mundo islámico exige revivir y reconsiderar su verdadero significado.

Es claro que los grupos extremistas islámicos surgen como actos de venganza, no religiosa necesariamente, sino por tanto crimen impune contra miles de gentes inocentes en el Oriente Medio que han sido víctimas de ambiciones que matan. Y como es lógico, a toda acción corresponde una reacción. Pero no son aquellos los ‘malos’ y estos ‘los buenos’. Es bastante más complejo que eso.

La serie “Homeland” o la interesante película “Mi nombre es Khan” buscan aclarar ignorancia y confusión sobre quiénes son ‘los malos’ y quiénes ‘los buenos’ en esas guerras de terror y de odio. Se pueden ver en Netflix.

Y en lo que respecta a México, hay quienes señalan que la violencia extrema que se está dando en el país por parte de agentes del gobierno que parecen tener permiso para matar, como sucede con las Fuerzas Armadas y las policías Federal, estatales y la Gendarmería nacional, equiparable al terrorismo de Estado, tiene el propósito es aterrorizar a la población con el afán de someterla.

Ahí el gobierno federal, en un acto de contrición, debía darse tiempo para también dar condolencias a la población y ofrecer explicaciones públicas a los mexicanos del por qué esa insistencia cada vez más marcada de querer ejercer un gobierno  atrabiliario, que insiste en negarse al dialogo abierto y a poner en práctica una política basada en una democracia verdadera y no simulada.

paulinocardenas.wordpress.com

@Paulinocomenta

 

 

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