México va de mal en peor

PAULINO CÁRDENAS 

Los aumentos demenciales a las tarifas de las gasolinas -el impuesto más inflacionario de todos- lo mismo que las del servicio eléctrico domestico e industrial, autorizados por el presidente Peña Nieto, no tardarán en surtir sus efectos negativos en la economía doméstica una vez que el impacto de esos aumentos que le pega a todo lo que se consume porque todo se transporta, tenga que pagarlo el consumidor final.

 Los aumentos de los precios de la gasolina ha resultado un eficiente mecanismo recaudatorio de impuestos. Para la Secretaría de Hacienda es mas fácil usar las bombas de gasolina para levantar impuestos que obligar a las grandes empresas a que paguen lo que deberían de pagar; pero no, son las ‘consen’ del gobierno y con ellas se hacen guajes para cobrarles impuestos.

Lo señalaban los senadores Zoé Robledo del PRD y Francisco Búrquez, del PAN en entrevista para CNN con Carmen Aristegui: “Cada bomba de gasolina es una oficina de recaudación de Hacienda” señalaba Robledo, mientras que Búrquez afirmaba que esa medida era equivalente al “robo del siglo” porque el gobierno recibirá por los ‘gasolinazos’ este año “cerca de 300 mil millones de pesos”.

Pero son los mexicanos los que habrán de empezar a sufrir las consecuencias de los gasolinazos, ya que pronto esos aumentos se convertirán en carestía de la vida. Todo lo que se consume se transporta, lo mismo que acontece con los servicios que prestan las empresas e incluso esas alzas le pegan por ejemplo a los costos de los vacacionistas; obvio que no es el caso de Peña Nieto que todo le pagan y en los mejores lugares.

Al margen de las teorías científicas que explican la inflación, como son la teoría monetarista y la teoría keynesiana, es más fácil explicarle a la gente común y corriente que en términos sencillos, la inflación equivale a carestía. Sube el precio de las  gasolinas, todo sube.

De por sí México enfrenta un escenario de desaceleración económica, pérdida de empleos y del poder adquisitivo del salario, resultado del fracaso de la política económica a cargo de Luis Videgaray Caso, el alfil preferido de Peña Nieto.

Medidas como los gasolinazos que impactará en el aumento en los precios de los productos de la canasta básica, así como el incremento en las tarifas de energía eléctrica, mermarán significativamente los ingresos familiares. Recaudar impuestos por la vía de los gasolinazos es síntoma de ineficacia gubernamental.

Si hay carestía habrá recesión. Se retraen las ventas, se retraen las compras.

Es un hecho que la economía del país sigue estancada y solo ha habido beneficios relativos para los dueños de los grandes capitales, que incluso ya andan manifestando su malestar por el mal gobierno peñanietista. De hecho la economía va como los cangrejos.

Y para colmo, los hechos de violencia criminal van cada vez en aumento en todo el país. Tal perece que el gabinete de seguridad que encabeza el secretario de Gobernación está atrofiado o sufre alguna grave disfunción… o sus áreas sustantivas están coludidas con las mafias del crimen organizado y los capos de la droga, como sucede con gobernadores y alcaldes del país.

Obviamente ese no es el país que quieren los mexicanos. Tampoco es el país que Peña Nieto prometió cuando andaba en campaña. Decía que el ‘nuevo’ PRI iba a venir a solucionar las cosas. Hasta ahora, mentira vil. Y lo malo de ese negro panorama es que no se vislumbra en el horizonte posibilidad alguna de que cambie o mejore, sino al contrario.

Todo parece indicar que se acendrará más el estilo personal de gobernar de Peña Nieto.

Los engaños y el abuso de poder han prevalecido por sobre la obligación de gobernar viendo por el bien general de los mexicanos. Está a la vista el Cuarto Informe de Gobierno del 1 de septiembre y el mensaje del presidente del día siguiente en Palacio Nacional. Se especula qué dirá en los rubros fundamentales como economía, política y sector social.

Lo que se supone es que volverá a lanzar su decálogo como hace cada año y que al final no se cumple. En su mensaje del 2 de septiembre del año pasado prometió que en 2016 no habría aumento de impuestos, pero Videgaray lo ayudó a buscarle la vuelta y el impuesto vino por la vía de los gasolinazos que lo han convertido en un eficiente mecanismo recaudatorio.

Reiteró también que el gobierno federal sería el que se apretaría el cinturón, bajo el compromiso de gastar menos y mejor. Por eso optó por los recortes al gasto público. Indicó que ante de los ingresos petroleros, “no vamos a endeudar al país”, aunque el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado dice otra cosa.

Señala que la deuda del país aumentó de 6.3 a 9.3 billones de pesos entre 2012 y mayo de 2016, lo cual repercute en la debilidad de la economía. Además el incremento en la deuda no ha sido para generar inversión productiva, puesto que la del gobierno se redujo de 3.7 % del PIB en diciembre del año pasado a 3 % en el primer cuatrimestre de 2016.

En síntesis, el gobierno de México que encabeza Enrique Peña Nieto no va por buen camino. Más bien va de mal en peor.

paulinocardenas.wordpress.com

@Paulinocomenta

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