Fascinación por el engaño

PAULINO CÁRDENAS 

Engañar al pueblo ha sido práctica común de los gobernantes. Sienten fascinación el hacerlo. El gobierno de Peña Nieto no ha sido la excepción. Un ejemplo es que el secretario de Gobernación se vio obligado esta semana a decir mentiras piadosas a los jueces que participarán en el 55 periodo extraordinario de sesiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Coridh), que se celebra en las instalaciones de la Suprema Corte de Justicia.

Miguel Ángel Osorio Chong aseguró que en el gobierno de la República hay un compromiso de castigar, “sin miramientos”, las violaciones a los derechos humanos, a fin de que no exista impunidad para los responsables. (¿?) También dijo que “los derechos humanos no son una opción, sino la única vía para consolidar el país como una nación libre, igualitaria e incluyente”. ¿Y?

Según la crónica de José Antonio Román y Alfredo Méndez para La Jornada, Osorio no tuvo empacho en expresar el reconocimiento del gobierno federal a la “importante labor de las y los (sic) defensores de los derechos humanos en el país”. Esto pese a la suerte que le ha tocado vivir a los organismos no gubernamentales defensores de los derechos humanos y al propio GIEI.

Ante ministros de la SCJN y jueces de la Coridh, el titular de Gobernación ratificó no sólo la participación y respaldo del gobierno mexicano al Sistema Interamericano de Derechos Humanos, sino también a la “plena apertura y disposición” a trabajar con los mecanismos internacionales de derechos humanos.

Palabrerías. La verdad es que la violación a los derechos humanos es un tema que el gobierno de Peña Nieto no le ha puesto atención pese a los exhortos que ha tenido desde el inicio de su administración por parte de reconocidos organismos internacionales como Human Rights Watch y Amnistía Internacional.

Un informe de ese último organismo ha señalado que ante la grave crisis en materia de derechos humanos que se viene gestando desde hace tiempo en México, el gobierno ha reaccionado con ‘‘dureza’’ a las críticas internacionales y se observa una creciente resistencia al escrutinio público desde el extranjero.

Hay que recordar que en su visita que realizó a México el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, a principios de octubre de 2015, en rueda de prensa comentó que el presidente Peña Nieto es reacio a la crítica sobre esos temas. Eran tiempos en que al gobierno le urgía cerrar el caso de los 43 normalistas que investigara el GIEI.

Por ello la orden del gobierno de desacreditar a los especialistas del Grupo Interdisciplinario de Expertas y Expertos Independientes, a los que finalmente se les negó la posibilidad de seguir con las investigaciones del caso Ayotzinapa, logrando, eso sí, echar abajo la ‘verdad histórica’ que inventó el ex procurador Jesús Murillo Karam. Por eso el gobierno echó al GIEI de México.

Los escándalos ocurridos en este sexenio que han corrido a cargo del presidente Peña Nieto, su esposa, sus dos principales delfines, y un cerrado círculo de colaboradores, son ejemplo de la veneración por la mentira, el engaño reiterado, la disculpa hipócrita, el perdón sin convicción, son prueba de esa nociva práctica de engañar al pueblo. ¿Y gobernar? Eso ni se les da ni les interesa.

Lo que saben es administrar negocios, los grandes negocios que empiezan a hacer al amparo del cargo los priístas depredadores desde que obtienen un cargo de elección popular y forman su equipo de delincuentes de cuello blanco. Esto sucede a nivel federal, estatal y municipal.

A eso hay que sumarle la incontenible violencia que no hay quien detenga. Lo quieren hacer con discursos demagógicos, faltos de veracidad, ocultando causas, desinformando, torciendo hechos, ocultando deficiencias, simulando investigaciones o ni siquiera haciéndolas, queriendo siempre imponer la verdad gubernamental. No toleran la crítica.

Lo que está en contra lo desacreditan, le echan la caballería de los medios venales a su servicio y activando los bots en las redes sociales. Por ello, ante ministros de la SCJN y jueces de la Coridh, Osorio Chong ratificó no sólo la participación y respaldo del gobierno mexicano al Sistema Interamericano de Derechos Humanos, sino también a la “plena apertura y disposición” a trabajar con los mecanismos internacionales de derechos humanos.

Pero es de forma solamente, no de fondo. La realidad desnuda las mentiras. Eso lo saben los mexicanos, sobre todo los que han sido víctimas de los abusos de poder. Dijo lo que dijo porque sabe que durante su estancia en el país los jueces que participan en el 55 periodo extraordinario de sesiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, no conocerán ni abordarán temas mexicanos, conforme a la costumbre del propio organismo.

Pero esos jueces, si no todos, la mayoría, debe conocer la realidad del gobierno de Peña Nieto en materia de derechos humanos.

Las violaciones a esos derechos, por parte de agentes armados del gobierno, policías federales, estatales y municipales, y sobre todo efectivos del Ejército y la Marina que ha cometido infinidad de abusos con presuntos delincuentes y contra la población civil, son casos le han dado la vuelta al mundo.

Cierto que los escándalos han ganado espacios en los medios y han llamado la atención de los mexicanos porque se sienten indignados por las corruptelas disfrazadas de ‘conflictos de interés’ que cometen los altos funcionarios que, según el gobierno, no son ilegales.

Osorio Chong aseguró que en el gobierno de la República hay un compromiso de castigar, “sin miramientos”, las violaciones a los derechos humanos, a fin de que no exista impunidad para los responsables. Eso está muy lejos de ser realidad.

El repudio social contra Enrique Peña Nieto es por tantos engaños y abusos de poder. Por ello se han ido a pique las cifras sobre la aprobación de su gestión.

paulinocardenas.wordpress.com

@Paulinocomenta

 

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