¿Quién salvará a México?

PAULINO CÁRDENAS

Es tanto el daño que el gobierno de Enrique Peña Nieto le ha causado al país y a los mexicanos, que el mandatario se ha convertido en un peligro para México. La pregunta que va y viene por todo el territorio nacional es: ¿Quién salvará a México de las garras de ese grupo depredador que encabeza el mexiquense antes de que cometa más locuras y hunda más al país?

Si se ve por el lado de la economía. Luis Videgaray, titular de Hacienda ha jugado el rol de agorero de males. Desde el inicio del sexenio viene echando mentiras para justificar que las reformas ‘estructurales’ serían la panacea para darle impulso al desarrollo y crecimiento de México y esta es hora de que eso no sucede. Se la pasó al principio haciendo pronósticos equívocos sobre la economía.

Luego de la caída de los precios del petróleo y de la pérdida de poder adquisitivo del peso frente al dólar, fueron los grandes pretextos para justificar el cero avance e incluso el retroceso en la numeralia de las proyecciones económicas. Las calificadoras y corredurías, que al principio fueron benévolas con el futuro mexicano en esa materia, acabó bajándole drásticamente los porcentajes al PIB nacional.

Envuelta en una verborrea inentendible quiso justificar esas caídas echándole la culpa a factores exógenos. Es decir, Videgaray se la ha pasado echando mentiras para justificar la ineficiencia de su encargo. Por ello empezó anunciando recortes al gasto, una y otra y otra vez, lo que provocó una peor crisis en la economía de muchas familias cuyos proveedores para su manutención comenzaron a ser despedidos en el sector público y privado.

Y para colmo, empezaron los anuncios de los aumentos a las gasolinas y diesel y a la tarifas eléctricas con cifras porcentuales descabelladas. Videgaray sabe perfectamente que el incremento al precio de las gasolinas es el más inflacionario porque impacta a todo lo que se transporta y el consumidor final es el que acaba pagando los aumentos de los alimentos básicos, servicios, e incluso el de los gastos superfluos.

Y cuando decía que ya eran los últimos del año, acaba de anunciar para el próximo jueves otro aumento de gasolinas, diesel y electricidad. Parece demencial esa política. Resulta una nueva agresión a la magra economía del mexicano, sobre todo de los que menos tienen. ¿De qué se trata?

Si el presidente Enrique Peña Nieto padece una conducta patológica, suicida y hasta vengativa, como escribió Álvaro Delgado en su artículo para la agencia apro “Peña, repudiado, agrede a los mexicanos”, entonces urge que se someta a un estudio general de salud mental ya que los anuncios de alzas en los precios de las gasolinas y el diesel y en las tarifas eléctricas son medidas demenciales.

En eso mismo coincide Ernesto Villanueva en su artículo “Peña Nieto y la salud del gobernante” para el semanario Proceso, quien señala que existen algunos elementos que podrían arrojar que el presidente de la República puede padecer de esquizofrenia paranoide.

Señala que ésta es un subtipo de la esquizofrenia que han identificado el ICD-10 (la clasificación internacional de las enfermedades de la Organización Mundial de la Salud) y, de manera más genérica, el DSM-5 (el manual de enfermedades mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría), que coinciden en definir a esta enfermedad como una alteración del sistema nervioso central.

Se caracteriza por distorsiones fundamentales de la percepción, el pensamiento y las emociones. Es, por supuesto, necesario hacer un análisis clínico multifactorial de EPN para confirmar o descartar un diagnóstico correcto cuyos datos no son accesibles sin la colaboración de EPN.

Cierto que los mexicanos, afectados por tantas medidas alcistas que  han deteriorado la economía familiar y su poder de compra, deben organizarse para frenar las locuras del presidente Enrique Peña Nieto y de su repudiado titular de Hacienda que solo ha servido como agorero de malas noticias para el país y para los mexicanos.

Y en el Congreso deben ponerse las pilas y exigir un estudio de la salud mental de Peña Nieto. Haber cambiado el formato de su informe es síntoma de que se niega a enfrentar la realidad; es un acto de escapismo de sí mismo.

A eso hay que sumarle los actos criminales como los de los 43 normalistas desaparecidos de manera forzada en Iguala, la masacre de Tanhuato -que para muchos fue una venganza por los ataques del CJNG en Jalisco-, y las matanzas de Tlatlaya, de Apatzingán, de Reynosa y Nochixtlán entre otros hechos sanguinarios por parte de las fuerzas del gobierno federal.

Todos ellos se han cometido con la evidente autorización de su jefe supremo que es él, en cuya conspiración participan los gobiernos de los estados y los municipales que siguen instrucciones al pie de la letra aunque sean actos genocidas y atentados de lesa humanidad contra presuntos inocentes.

Para colmo está la escabrosa historia de las mansiones de las casas blancas de Peña, de su esposa, de Luis Videgaray y hasta de Osorio Chong, todos cortados por la misma tijera. Más los negocios con los dueños del Grupo Higa y de OHL entre otros proveedores consentidos del gobierno.

Urge que Peña Nieto se someta a un estudio general de salud mental ya que los anuncios de alzas en los precios de las gasolinas, el diesel y las tarifas eléctricas, más los actos criminales contra supuestos delincuentes y su afán desenfrenado de depredadores y abusivos del poder, lo está acercando cada día más a la Corte Internacional de La Haya.

Urge que los mexicanos se sumen a esa petición de un examen de salud mental de Peña Nieto antes  de que cometa más locuras..

paulinocardenas.wordpress.com

@Paulinocomenta

 

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