Se hunde Peña Nieto

PAULINO CÁRDENAS

La burrada de haber invitado a México a Donald Trump y darle trato de jefe de Estado por parte del presidente Enrique Peña Nieto, dio como resultado el rechazo unánime de los mexicanos a quienes el candidato republicano ha venido insultando, amenazando y tildándolos de violadores y criminales.

Y para colmo de esa estúpida idea, la candidata demócrata Hillary Clinton desdeñó la invitación que también le había hecho el mandatario mexicano. No vendrá a México, lo que coloca al mexiquense como al perro de las dos tortas. Después de eso ya no se sabe si a Peña le irá peor si gana Trump o si gana Hillary.

Y todo se lo debe a su manager Luis Videgaray Caso, quien le ha ido echando maíz como a los pollitos hasta ponerlo al borde del precipicio por obedecer ciegamente los ‘consejos’ de su ‘gurú político’, Peña está colocado en el punto más frágil de su carrera donde tiene cancelado cualquier margen de maniobra.

A su regreso de China no le quedarán más que tres caminos: que lo sometan a un juicio político en el Senado por traición a la patria, a renunciar bajo los términos del artículo 84 constitucional o que se le declare no apto de salud mental para estar al frente del mando del país.

Esto sin contar que sus abusos de poder lo puedan llevar a ser citado en la Corte Penal Internacional de La Haya, por el tráfico de influencias que ha cometido en lo que va del sexenio, junto con un puñado de incondicionales que han caído en la tentación de realizar actos ilícitos con empresas como OHL y el Grupo Higa.

Por más argumentos que algunas plumas queriéndose congraciar con el gobierno han querido justificar la pifia de haber invitado a Trump y darle un trato de jefe de Estado, defendiendo al gestor de esa vista, Luis Videgaray, el mal ya está hecho, y los efectos directos y colaterales están a la vista.

Nadie se explica por qué Peña no alcanzó a imaginar las consecuencias que tendría el invitar a quien no se cansa de insultar a México y a los mexicanos, tratándolos de violadores y criminales y amenazando con levantar un muro fronterizo, congelar las remesas que envían los trabajadores a México, y repatriar a más de 11 millones de mexicanos indocumentados si llega a la Casa Blanca.

Pese a los riesgos de invitar a Trump, Peña le compró la idea a Luis Videgaray de invitarlo oficialmente a visitar nuestro país y ‘dialogar’ con él para buscar de su parte una disculpa de todos los improperios e insultos que ha lanzado contra el país y los mexicanos, objetivo que obviamente no logró.

Peña asegura que ‘en privado’ le dijo hizo el reclamo e incluso que México no pagaría el famoso muro de la ignominia que ha jurado levantar a lo largo de la frontera con México. Sin embargo, durante la conferencia de prensa guardó silencio frente al racista antimexicano respecto a la construcción del muro fronterizo y frente a los insultos contra los inmigrantes.

Trump se mostró parco, pero cuando regresó a Phoenix donde hablaría esa misma noche del tema de los migrantes, volvió a arrear con todo

Dijo que no solo levantaría un muro de tres metros en la frontera con México, sino del doble; y preguntaba a sus seguidores: ¿Y quién pagará el muro? Y le respondían a gritos: “!México!”. Eso hizo quedar en ridículo a Peña Nieto, lo que repercutió en prácticamente todo el mundo que seguía atónito los detalles de esa extraña y absurda visita inesperada para todos.

No tardará en salir alguna encuesta que refleje hasta donde fueron a dar los índices de aprobación por esa pifia de invitar a Trump y darle trato de jefe de Estado, que no contempló los daños directos y colaterales que provocaría. Si antes de esa visita esos índices de aprobación andaban en 23 por ciento, esta vez se irán hasta el sótano: a cifras menos cero.

Y la culpa de ese hundimiento de Peña Nieto que quedó despojado de la poca autoridad que tenía y despreciado por millones de mexicanos, fue de Luis Videgaray quien se arrogó los arreglos para esa visita y el propio Donald Trump que aceptó venir gustoso, porque sabía que los reflectores estarían en los detalles de esa reunión que se celebró en Los Pinos el pasado 31 de agosto, que de hecho le sirvió para relanzar su campaña llevándose a México de corbata.

En los países latinoamericanos hay tanto desconcierto como en México por la decisión del presidente Enrique Peña Nieto de invitar a Donald Trump a su país, haberlo recibido como jefe de Estado en Los Pinos y no tener la entereza de decirle, en público y en su cara, que los mexicanos merecen respeto y que el país no pagará por el muro fronterizo que se propone construir.

Un reportaje de Rafael Croda para Eje Sur en Bogotá, reproducido en el portal del semanario Proceso, da cuenta del desconcierto, las burlas y las críticas a Peña Nieto se han expresado con fuerza en las redes sociales y en los medios de comunicación de todos los países de la región, desde Chile y Argentina, hasta Venezuela, Colombia y las naciones centroamericanas.

Y es que en los países del área existe la certeza de que el discurso racista y antiinmigrante de Trump no sólo tiene como blanco a los mexicanos, sino también a todos los latinos y los indocumentados que residen en Estados Unidos.

El pleito del candidato presidencial republicano es, finalmente, con toda la región. Y los gobiernos de América Latina saben que el plan de deportaciones masivas de Trump no distingue entre mexicanos, centroamericanos y sudamericanos. Si él llegara a ganar los comicios del martes 8 de noviembre y se instalara en la Casa Blanca, las deportaciones masivas crearían un problema social y económico en varios países.

paulinocardenas.wordpress.com

@Paulinocomenta

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