Peña es el que debe renunciar

PAULINO CÁRDENAS  

Independientemente de otros cambios que haga, además de los que anunció ayer, quien debe renunciar al cargo es el presidente Enrique Peña Nieto, quien ha llevado al país a una situación de caos y lo ha colocado al borde del precipicio.

Y lo debe hacer porque todavía faltan más de dos años de su administración y ningún mexicano quiere que siga cometiendo más garrafales yerros como fue la visita de Donald Trump que motivó la sorpresiva renuncia de Luis Videgray Caso.

Videgaray, el hombre con mas influencia en Peña Nieto y el principal cerebro de su mandato -que dicen no tendrá otra cartera en el gobierno federal-, fue sustituido por José Antonio Meade, un político especialista en asuntos financieros y económicos que ya fue titular de Hacienda en el sexenio anterior.

Pese a que el que se consideraba principal alfil de Peña para sucederlo en 2018, no había dado una en sus proyecciones y pronósticos económicos ni financieros desde el inicio del sexenio, el mandatario lo sostuvo en el cargo a contrapelo.

En agosto pasado, la empresa de estudios financieros Standard & Poor’s alertó sobre el endeudamiento del Gobierno mexicano, que en poco más de una década pasó del 28 por ciento del PIB al 45 por ciento.

Su división calificadora crediticia y de deudas cambió de estable a negativa la perspectiva del país y anunció que podría bajar la calificación de la nación en los próximos 24 meses.

A esto se sumó un nuevo recorte a la previsión del PIB para este año, que será entre el 2 y el 2,6 por ciento. Pese a todas esas advertencias lo sostuvo en el cargo. Incluso lo designó de hecho su ‘gurú político’ no solo financiero.

Fue Videgaray quien le vendió la idea a Peña de invitar al candidato republicano Donald Trump para que en México ‘se desistiera’ de todos los insultos y acusaciones que le ha venido lanzando al país y a los mexicanos e incluso que pidiera perdón.

Lo mismo con el tema de modificar radicalmente los términos del Tratado de Libre Comercio; de hacerlo desistir de erigir un muro a lo largo de la frontera entre ambos países, evitar la confiscación del envío de remesas y sacar de EU a más de 11 millones de indocumentados mexicanos.

Aún cuando eso era un sueño guajiro como se lo hicieron ver varios de sus colaboradores quienes no fueron escuchados por Peña, incluso atropellando Videgaray la autoridad de Claudia Ruiz Massieu como canciller, y ninguneando lo que también argumentó en contra de esa visita el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, el hoy ex secretario de Hacienda se salió con la suya.

Los arreglos de esa visita no trascendieron, pero cuando saltó a la luz pública hubo evidente sorpresa e indignación unánime y las críticas se dejaron venir en cascada dentro y fuera del país.

¿Cómo era posible que Peña invitara a Trump a México a sabiendas de todos los insultos y amenazas contra el país y quien había calificado de violadores y criminales a todos los mexicanos? 

Peña debe andar mal de la cabeza, fue lo menos que dijeron millones de mexicanos de esa decisión, que fue no solo reprobada por todos los sectores de la sociedad sino repudiada por aberrante, dentro y fuera del país.

Para justificar las razones de esa invitación a Trump, el pasado 1 de septiembre, en un debate en la televisión Videgaray señaló: “Son millones de empleos, industrias completas y la vida de mucha gente que depende de cual sea la relación con el próximo gobierno de Estados Unidos”.

En Washington, los consultores de Barack Obama lo interpretaron como un abierto apoyo de Peña al candidato republicano por lo que el mandatario mexicano fue criticado por querer entremeterse en asuntos internos del vecino país.

Pero sin duda la cachetada más fuerte le tocó a la candidata demócrata Hillary Clinton, quien por un lado se dio por ofendida por la actitud del doble discurso de Trump -sumiso en México y beligerante esa misma noche cuando regresó a Phoenix-, como por el ‘tapete’ que Peña le puso en Los Pinos al aspirante multimillonario.

De hecho Trump utilizó la oportunidad para relanzar su campaña y fue tan atinada su estrategia que al otro día había disminuido 2 puntos porcentuales a la ventaja que le llevaba su contrincante demócrata.

Si llegara a ganar Trump el 8 de noviembre próximo, le achacarían a Peña que habría sido por su culpa al traerlo a México. Si gana la candidata demócrata, el mandatario mexicano -si aun no ha renunciado todavía- empezará a conocer de veras quién es Hillary Clinton, pero ya investida como presidenta de los Estados Unidos de Norteamérica.

Pero volviendo al tema inicial, para los mexicanos ya no hay la menor duda que el presidente Enrique Peña Nieto es un peligro para México, por lo que debe tomar la iniciativa de renunciar al cargo. La Constitución, en varios de sus artículos, le permiten hacerlo de modo civilizado.

Pero también hay recursos jurídico-constitucionales que lo pondrían fuera del cargo, pero con acusaciones de traición a la patria o demostrando con hechos como los que lleva en su haber, que tiene una franca incapacidad para gobernar y tomar por si mismo decisiones que beneficien al país y a los mexicanos.

La otra sería exigirle al Congreso realizarle un examen mental exhaustivo a Peña Nieto para corroborar, como se sospecha, que no es apto para seguir gobernando, después de tantos disparates que ha cometido.

paulinocardenas.wordpress.com

@Paulinocomenta

 

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