Puede haber guerra civil

Martes 17, 2017

Paulino Cárdenas

No es nada remoto que la indignación que priva en el ánimo de los ciudadanos por el gasolinazo, el alza de tarifas eléctricas y muchos agravios contra los mexicanos cometidos por el desquiciado presidente Enrique Peña Nieto, pudiera convertirse en una guerra civil, una vez que quien manda en Los Pinos, Luis Videgaray, decida ordenar a las fuerzas armadas que salgan a las calles a tratar de aplastar el movimiento rebelde que se ha generalizando en el país y las cosas empeoren.

Nadie podría apostar que no pudieran salir a las calles tropas comandadas por sus jefes y generales y comenzaran a verse tanquetas y soldados listos para tirar a matar a los rebeldes que se han alzado en las calles exigiendo la renuncia del demencial mandatario mexicano que ha tomado medidas que dizque ‘”beneficiarán a los mexicanos”. Se requiere estar completamente loco para pensar así.

Habría que recordar que el Congreso del Estado de México ya aprobó en marzo pasado la llamada “Ley Atenco” que regula el uso de la fuerza pública en ese estado y que permite a elementos policiacos el uso de armas de fuego en manifestaciones civiles. La iniciativa contempla la intervención de autoridades en asambleas o protestas si lo consideran necesario. La ahora ley fue impulsada por el gobernador Eruviel Ávila Villegas.

Las necedades de Peña y su trayectoria de corruptelas que tiene en su haber a lo largo de los cuatro años que lleva su gobierno que fue perdiendo la brújula en el camino, han motivado el repudio generalizado contra el locuaz presidente, quien insiste en que no habrá marcha atrás en el gasolinazo ni en el alza de las tarifas eléctricas, pese a que sabe que eso ha comenzado a afectar gravemente la economía doméstica y la economía en general.

Esas medidas, por demás antidemocráticas, solo se le ocurren a un mandatario demente, lo que ha comenzado a provocar un alzamiento popular en varios estados del territorio nacional que se ha ido generalizando y la indignación se ha puesto de manifiesto en varios estados de la República Mexicana. El clamor es que renuncie. Decenas de improperios le han gritado para que se vaya. Desde ¡Ya lárgate!, ¡Peña corrupto! y ¡Traidor a la Patria!, hasta ¡Chinga a tu madre Peña!, lo que da idea el grado de indignación de la gente.

Tan es cada vez más generalizada la exigencia de los mexicanos de que renuncie el demencial presidente -a quien también le reclaman que se deroguen las reformas estructurales promovidas por su gobierno- que quien manda en Los Pinos, Luis Videgaray, instruyó a Alejandra Lagunes Soto Ruiz, Coordinadora Nacional de Estrategia Digital, a reforzar los Peñabots para tratar de mitigar el alzamiento popular de indignación, fenómeno que, convocada desde las redes sociales, ha pasado a las calles y que ya nadie podrá detener.

Como algunos saben, los Peñabots le han servido al gobierno para tergiversar temas que van a parar a Twitter y Facebook, en cuyas redes mucha gente cree, y acepta como verdades embustes que inventan en Los Pinos para confundir a la opinión pública, machacando mentiras como si fueran verdades. Un ejemplo es la insistencia de que el alza de las gasolinas “beneficiará a los mexicanos” o la imbecilidad de afirmar que Peña Nieto “ha sido el mejor presidente de México”.

Entre esos embustes se han soltado idioteces como que “Peña amenazó de muerte a Brozo”. Todo mundo sabe que lo único que le ha interesado a Peña es saber en dónde estás los negocios del gobierno, para seguirse robando el dinero del erario. A eso se ha dedicado durante los cuatros años de su gobierno. Por tanto, eso de Brozo es una mamada producto de los bots.

Pero la indignación nacional no se remite solo al gasolinazo y el alza de tarifas eléctricas. Peña Nieto ha acumulado una serie de agravios contra los mexicanos interminable, que van desde la Casa Blanca de Polanco de su esposa La Gaviota, y el pago de impuestos de “un amigo” en su departamento de lujo en Miami.

Y qué decir de la negligencia oficial para resolver los crímenes de Ayotzinapa, de Tlatlaya, de Tanhuato, de Apatzingán, donde ha privado la impunidad, y el valemadrismo de Peña a los llamados de los organismos de derechos humanos que no atiende.

¿Y los negocios con OHL y con Juan Armando Hinojosa, dueño de Grupo Higa y de la empresa Bienes Raíces H&G S.A., entre otros empresarios? Y está el reparto entre sus “cuates” del sector energético que se han repartido las tajadas más grandes del “pastel” de las Rondas para la entrega de los campos de explotación petrolera, entre ellos funcionarios y ex funcionarios vinculados a ese sector y al eléctrico.

Y la runfla de priístas corruptos es interminable. Están incrustados en los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. La corrupción en ese partido ha sido el distintivo de este sexenio. Por supuesto que Enrique Peña Nieto encabeza esa casta corrupta; desde ahora que el PRI como partido está muerto. Para el 2018 nada tendrá que hacer en las elecciones. Se ha convertido en un partido nauseabundo que millones detestan. Por ello es que está dispuesto a dejar al país incendiado. Por eso ha estado realizando actos de autoridad descocados.

Por eso está dándose en México una revolución democrática por parte de los ciudadanos que han tomado las calles. Por eso no es nada remoto que esa indignación se convierta en guerra civil, una vez que se ordene sacar a las calles tanquetas y soldados que quieran aplastar a los rebeldes

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