Trump cumple sus promesas

Sábado 28 enero, 2017

 Paulino Cárdenas

El presidente norteamericano Donald Trump va cumpliendo sus promesas de campaña. En vísperas de la visita del Peña Nieto a Washington, sin decir agua, va ordenó autorizar la construcción de un muro fronterizo que, dijo, pagaría México, que tiene un adeudo acumulado por décadas con EU de más 60 mil millones de dólares, con lo cual dice el mandatario de aquel país, que si México paga la construcción del muro -que costaría alrededor de unos 10 mil millones de dólares-, bajaría parte de esa deuda.

Otra idea que trae es que para fondear el costo de la construcción del muro, se prepara una Ley Fiscal que permita establecer un impuesto del 20 por ciento a todos los productos importados desde México. El objetivo de ese arancel es el de costear la construcción del polémico muro en la frontera entre ambos países. Trump quiere que dicha medida sea parte de una reforma tributaria que el Congreso de Estados Unidos está considerando.

Por ese motivo, el despistado presidente mexicano tomo la tardía decisión de suspender su viaje a Washington a donde había sido ‘invitado’ por Trump el martes próximo. Ahora, con su acostumbrada pachorra para tomar decisiones, pide ‘unidad’ de los mexicanos para dar la batalla a las afrentas de su homólogo norteamericano que, tiro por viaje, chamaquea al despistado mexiquense.

Además de anunciar lo del muro fronterizo, en su primera visita al Departamento de Seguridad Nacional (DHS), anunció que ya solicitó un aumento en las deportaciones y un golpe económico a las llamadas “ciudades santuario”, que se han distinguido por darle cobijo a gente indocumentada.

Las autoridades migratorias de aquel país calculan que existen alrededor de 200 de esas “ciudades santuario”, pero las que más destacan son San Diego, Los Ángeles, San Francisco, Miami, Chicago, Seattle, Houston, Phoenix, Austin, Dallas, Washington D.C., Detroit, Salt Lake City, Minneapolis, Baltimore, Portland (ambas Maine y Oregon), Denver, New York City, Chicago y todo el estado de New Jersey.

Dijo que eso es parte del programa de Seguridad Fronteriza que había anunciado que reforzaría. Ello incluye la contratación de 5,000 agentes fronterizos y más centros de detención; un incremento en las deportaciones, y el restablecimiento del polémico programa “Comunidades Seguras”.

Es la segunda vez que Trump amenaza eliminar fondos federales para las “ciudades santuario”, que sistemáticamente se han negado a entregar indocumentados a los agentes de Inmigración. Esas órdenes enumeran una serie de pasos dirigidos a reforzar la seguridad en todo el mapa nacional estadounidense.

Según un informe de diciembre pasado del “Immigrant Legal Resource Center” (ILRC), la mayoría de los once millones de inmigrantes indocumentados se concentra en 168 condados en el país. De éstos, 69 condados se niegan a retener en las cárceles a indocumentados para ser entregados después a los agentes de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE); el resto de los condados sí colabora.

Desde junio de 2015, cuando lanzó su candidatura, sorprendió la bandera que Trump tomó contra México, que desató la ira de la comunidad inmigrante al describir a los mexicanos en particular como “violadores”, “criminales” y narcotraficantes.

Pese a ello, Luis Videgaray, aún siendo secretario de Hacienda, gestionó la visita de Trump a México. Aunque eso le costó el cargo, el influyente funcionario volvió por sus fueros y el hoy secretario de Relaciones Exteriores es el candidato de Peña Nieto para sucederlo en Los Pinos. Videgaray ya andaba camino a Washington para afinar la agenda de Peña para su reunión del martes con Trump, cuando éste dio por cancelada esa visita, si México se negaba a pagar el muro, como fue.

Pocos creían que el republicano ganaría las elecciones del 20 de enero. Sin embargo, se hizo realidad su triunfo frente a la demócrata Hillary Clinton, quien había sido acusada de manipular información clasificada desde la computadora de su oficina y que comprometía a su adversario político.

EL FBI le abrió una investigación a la esposa del ex presidente Bill Clinton y, aunque a Hillary no la acusaron ni le atribuyeron cargos, al titular de la Oficina Federal de Investigaciones James Comey, Donald Trumplo ratificó como director del FBI, pese al clamor de quienes demandaban su relevo.

Como sea, el caso es que entre mañas y artimañas, Trump supo llegar al poder. Acá y en muchos países del mundo, se tiran de los pelos. No quieren entender que, como lo dijo desde su campaña, si llegaba al poder cambiarían radicalmente las cosas para Estados Unidos. Él solo está cumpliendo lo que advirtió. El hecho es que el nuevo presidente norteamericano anda en lo suyo.

Y así andará durante mucho tiempo. Sigue subiendo de tono la campaña de odio contra el magnate inmobiliario en todo el mundo. Ese odio proviene de que, de un tajo, les quitó privilegios y cambió el vetusto espectro del estabishment norteamericano. Guardadas las proporciones, Trump ha hecho que se repita la historia que sucedió en Cuba cuando Fidel Castro Ruz derrocó a Fulgencio Batista.

Habrá contra Trump, hostigamientos, amenazas; lo tildarán, como lo han venido haciendo hasta ahora, de “loco” y hasta de terrorista. Por ello, para el nuevo presidente norteamericano, esa serie de eventos pueden acabar siendo una amenaza real contra la seguridad nacional de una superpotencia como Estados Unidos. Y hasta pudiera sufrir un atentado contra su vida.

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