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No hay recesión: Presidencia

PAULINO CÁRDENAS 

Mientras que el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, el CEESP, señaló que lo que parecía un retraso “se convirtió en una recesión” y agregó que la Secretaría de Hacienda debería reconocerlo, la Presidencia de la República señaló que en materia económica en México hay una ‘tendencia positiva’. De hecho, aunque no lo dijeran los indicadores económicos, los mexicanos viven en carne propia esa recesión, ya que sigue habiendo escasez de empleos, hay una carestía galopante, los sueldos no alcanzan, la gasolina sigue aumentando cada vez siendo su incremento el más inflacionario de todos, muchas empresas han entrado en una etapa de crisis con sus gastos corrientes, el pago de personal y el pago de impuestos cuando esa recesión ha motivado la baja en el consumo y en las compras de productos y servicios que se ha generalizado en todo el país.

Para el común de los mexicanos el diagnóstico no es tan complicado ni lleno de números ni de cifras inentendibles; es muy simple; la gente dice algo más sencillo: la situación económica está muy mal. Así de simple. A los sectores tocados por el estigma de la pobreza, del olvido y de la miseria, no hay que explicarles nada; saben perfectamente que la situación del país ha ido para atrás, por más que los discursos oficiales digan otra cosa. De alguna forma esto coincide con lo que asume el organismo empresarial en su análisis semanal, de que hasta ahora no se refleja un mayor crecimiento económico en el país. El CEESP indicó en su análisis que aunque el gasto público se ha ejercido en tiempo y forma, “su destino no ha sido el más efectivo para incidir en el crecimiento de la economía”, como muestran los datos acerca de la actividad industrial de marzo, publicados por el Inegi.

Agregó que las autoridades afirmaron que la reforma fiscal aprobada para 2014 sería un detonador del crecimiento, cuando en realidad “fue un factor que hasta ahora ha inhibido los incentivos para invertir y limitó el consumo de los hogares, convirtiéndose en un lastre para la actividad económica”. Luego de señalar que lo que parecía un retraso en la recuperación económica finalmente “se convirtió en una recesión”, el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado sostuvo que las autoridades hacendarias debían aceptar “rotundamente” que la economía mexicana se encuentra en dicha situación.

A esas declaraciones del organismo cúpula empresarial, la Presidencia de la República respondió que hay una ‘tendencia positiva’ en lo que se refiere a la economía nacional. A través de su página web, detalló varios indicadores que muestran una “evolución económica en la dirección correcta”, como la producción industrial en marzo, el empleo formal y las ventas en las tiendas de autoservicio y departamentales. Para el primer caso señala que la producción industrial de marzo tuvo un crecimiento anual de 3.4 por ciento, estimación mayor a la prevista por los analistas económicos, pues se esperaba 3.2 por ciento. Dentro de los componentes de la producción industrial destacó el crecimiento de 6.8 por ciento anual de las manufacturas.

En materia de empleo, citando cifras del IMSS, dijo que en abril se reportó un crecimiento anual de 489 mil 394 plazas, equivalente a 3 por ciento. “Debe señalarse que el empleo creció en todos los sectores, hecho que no ocurría desde abril de 2013”, sostuvo. Agregó que, en términos del dinamismo del empleo destacan los sectores de la construcción (4.7 por ciento anual), los de transportes y comunicaciones (4.1 anual), y las manufacturas (3.6 anual).

De igual forma, dio cuenta de los últimos datos de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (Antad), donde las ventas reportan un crecimiento nominal anual de 2.4 por ciento, mientras el consenso esperaba 1.5 por ciento. Destaca que las ventas totales de la Antad, presentaron una expansión nominal anual de 6.8 por ciento, equivalente a 3.2 por ciento real.

Insistió Presidencia que, además de la “tendencia positiva” por la que atraviesa la economía nacional, el gobierno federal tiene el firme compromiso de mantener la estabilidad macroeconómica como elemento indispensable para el crecimiento económico y para crear un mayor número de empleos. Como sea, el caso es que hay discrepancia entre lo que señala el análisis semanal del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, y lo que opinan en Los Pinos sobre la situación de la economía. Sin embargo, a los que les tocaría opinar en todo caso sería a los millones de mexicanos que no solo han perdido sus empleos o no los han podido conseguir, sino las familias mexicanas cuya economía doméstica ha sufrido un serio deterioro en lo que va del sexenio.

Ya no se diga aquellos que viven marginados en las zonas más deprimidas del país, que conforman a los miserables en los que se incluyen a muchas comunidades indígenas a las que eventualmente el gobierno federal -los gobiernos todos por mejor decirlo-, los voltean a ver para ofrecerles dádivas, como una caridad. Ellos si saben de recesión porque la sufren y la padecen todos los días. A esos millones de mexicanos no se les puede engañar ni con cifras ni con discursos mareadores. Las cifras de pobreza en el país siguen siendo aterradoras. Las desigualdades ni se diga. La razón es el estancamiento económico que algunos expertos incluso califican de retroceso.

Los números, las cifras y estadísticas muchas veces son frías y no reflejan la realidad. En el caso de la pobreza, acaso son útiles para conocer la verdadera situación social del país. Tanto organismos nacionales como internacionales que se dedican a cruzar estadísticas, coinciden en señalar que las cosas no han mejorado. La condición de pobreza y de miseria que viven millones de mexicanos, no solo afecta a quienes tienen empleo, sino a millones de niños, mujeres, ancianos, familias enteras a las que el dinero no les alcanza para su sustento. Esas cifras nada halagüeñas de la economía que se han venido dando periódicamente, no solo denotan el deterioro de la vida de muchos mexicanos, sino que seguirá siendo causa primordial de muchos otros problemas que padece el país, como la inseguridad.

 

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Y las promesas siguen

PAULINO CÁRDENAS

Mientras que las cosas tienden a empeorar, empezando por la pronunciada cuesta de enero que lleva la pesada carga de más impuestos para millones de mexicanos, y los problemas de inseguridad que no paran en Michoacán y otros estados donde siguen las matanzas, junto con la violencia callejera que propician las huestes del magisterio disidente que insisten en seguir retando a los gobiernos capitalino y federal, más los actos vandálicos del cártel antiPeña y eventos que se han vuelto cotidianos como el robo de combustible que sigue en aumento en todo el país, igual que los robos a  casas habitación y joyerías mas la corrupción e impunidad que son el pan nuestro de cada día, el presidente Enrique Peña Nieto sigue prometiendo más y más sueños a los gobernados, ahora con que pronto lanzará una reforma ‘profunda’ para reactivar el siempre olvidado campo mexicano, además de las promesas de una mejor vida que insiste vendrá a partir de este año para el país y sus habitantes, derivada de la reforma energética.

Como el prometer no empobrece, habría que recordar que el jefe del Ejecutivo, en su primer mensaje como presidente constitucional de México anunció lo que sería el eje del gobierno que iniciaba: recuperar la paz del país, atender a las víctimas de la guerra contra el narcotráfico y emprender una cruzada nacional contra el hambre. En realidad fueron 13 las promesas que hizo en su primer discurso. Pero el primer eje de su gobierno, dijo, “es lograr un México en paz. Pondremos al ciudadano y a su familia en el centro de las políticas de seguridad”. A diferencia de su antecesor, el presidente Peña Nieto dijo que el delito no puede combatirse sólo con acciones de fuerza. “Debemos cambiar de paradigma, entender que no habrá seguridad mientras no haya justicia”. Pero todo quedó en promesa, porque muchos mexicanos en diferentes estados del país siguen padeciendo de inseguridad y de injusticias.

¿Qué ha sucedido con las víctimas de la guerra contra el narcotráfico? De hecho nada. La batalla que inicio el poeta Javier Sicilia para dignificar a los muertos de la guerra de Calderón e indagar detalles de los decesos y saber dónde fueron a parar tantos cadáveres, hasta ahora ha sido una lucha infructuosa. La promesa del gobierno de Peña Nieto de atender a las víctimas e indagar lo sucedido con cada muerto, ha quedado en el intento. Habría que preguntarle a la periodista Marcela Turati, autora del libro ‘Fuego cruzado’ (editorial Grijalbo), lo que opina al respecto. Ella se dio a la tarea de relatar la guerra contra el crimen organizado desde la visión de las víctimas. Señala que un número frío, indiferenciado, suma a los caídos por la llamada “guerra contra el narcotráfico”, la Estrategia Nacional de Seguridad encabezada por el gobierno de Calderón.

Pero en la periferia de la contabilidad oficial, señala, se esconden las historias de cientos de niños, mujeres y hombres, nuevos huérfanos (de padres y autoridades), viudas, familias en la indigencia, personas desaparecidas, pueblos exiliados por el miedo o que lidian con sus pesadillas, así como jóvenes que no tienen más opciones que engrosar las filas del crimen organizado o campesinos convertidos por hambre en productores de cultivos ilegales, entre otras expresiones anónimas del llamado “daño colateral”. Las historias relatadas en ‘Fuego cruzado’ hablan de las sombras del mayor conflicto armado de los años recientes en México: por un lado, las penumbras de la desinformación (más allá de las muertes contabilizadas), y por otro, el ocultamiento de las propias víctimas debido al estigma que las convierte en sospechosas de su desgracia. Los damnificados de esta guerra suman ya en cientos de miles, dispersos en pueblos perdidos o habitando en las grandes ciudades: muchos de ellos son victimas azarosas de los grupos delictivos, otros tantos, de las fuerzas que pretenden sofocar la violencia con más violencia, señala la autora.

Y en cuanto el combate a la pobreza, como todos los presidentes lo han hecho, Peña Nieto dijo que los programas sociales deben evolucionar para arrojar mejores resultados, al afirmar que la Cruzada Nacional contra el Hambre ‘no es una medida asistencialista, sino una estrategia integral de combate a la pobreza de nueva generación’. Desde Las Margaritas, Chiapas, el mandatario federal afirmó que la cruzada no trata sólo de repartir alimentos entre quienes carecen de ellos, sino de poner en marcha una estrategia integral. El priísta mexiquense indicó que en los últimos años se avanzó contra la pobreza, pero no es suficiente, ya que no se han tenido avances mayores. Y de hecho, el programa no ha avanzado en su gobierno  como estaba proyectado. El ambicioso programa le fue encargado a la titular de Desarrollo Social, Rosario Robles Berlanga, pero está atorado.

Y como ese tema, hay otros que han quedado en promesas mas que en realidades. No obstante, hay dos lápidas muy pesadas con las que los mexicanos tendrán que transitar a lo largo de este año y quizá más allá. Una es la económica por la carestía que ya se disparó por los aumentos de las gasolinas y con el pretexto de la nueva carga fiscal que le pega a todas las actividades y personas físicas y morales, y la otra es la inseguridad que lejos de aminorar ha ido aumentando en diversas entidades federativas del país. El presidente Peña Nieto sigue confiado en que con la reforma energética que ya alcanzó rango constitucional, y con sus leyes reglamentarias que habrán de ser analizada y aprobadas en el próximo periodo de sesiones en el Congreso, México será otro.

Y en la celebración del 99 aniversario de la primera Ley Agraria, efectuada este lunes en Boca del Río, Veracruz,  Peña Nieto dijo que este año su gobierno impulsará una “profunda reforma” del campo, que lo ponga al día y lo haga más competitivo. La iniciativa, que ya está en revisión, será presentada al Congreso en el próximo periodo legislativo. Ojalá no se quede en promesa ya que ese sector ha sido tradicionalmente el maás olvidado de todos por cada presidente de la República que ha tenido México. Hacen mucha alharaca mediática de que ayudarán a los hombres del campo, pero al final de cuentas todo queda en cuentos. Ahí está la historia para comprobarlo. Para contar con su voto en época de elecciones, para eso sí sirven los campiranos.

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México, sin indignados

PAULINO CÁRDENAS

México debería aprender de España e Israel a realizar protestas ciudadanas con indignación y a reclamar públicamente en las calles, sin acarreos sindicalistas, por la escalada en el costo de la vida, por las desigualdades y políticas antisociales, el estancamiento económico, contra los privilegios que le otorga el gobierno a los ricos y por el olvido en el que tienen a las clases medias, bajas y a los estratos más vulnerables, es decir a los miserables que no tienen ni para comer.

Porque las circunstancias que viven los mexicanos no es diferente a la de los españoles e israelíes. Sin embargo aquí parece no haber inconformes ni indignados. Por más que los ‘gasolinazos’ y la evidente ausencia de políticas sociales a favor de los clasemedieros y estratos más pobres se han conjuntado en una nociva mezcla que afecta a millones de familias en el país, nadie hace nada por reclamarle al gobierno sus omisiones, ineficiencias e ineficacias, como sucede en esas dos naciones.

Mientras que allá las manifestaciones públicas cada día se multiplican más, acá no pasa nada. Las críticas y mentadas son en las cantinas, en las reuniones de amigos o en las fiestas familiares. De hí no pasa. Y eso al gobierno le conviene porque considera que su discurso de hacer creer que el nuestro es el País de las Maravillas ha pegado en la ‘percepción’ ciudadana, aunque no es así. La gente no sale a las calles, no tanto por apatía, sino porque le teme a la represión armada que pudiera desatarse contra ella.

Lo más parecido a esos movimientos de indignados en España e Israel es el Movimiento por la Paz con Dignidad y Justicia que encabeza Javier Sicilia, que de alguna manera, en su incipiente esfuerzo, con poca comprensión ciudadana a sus reclamos y  prácticamente sin apoyos económicos, busca que en México haya democracia económica, justicia política, y paz.

Sobre todo paz, ante el aterrador clima de violencia y sangre derramada en  todo el país por la insistente e inútil guerra contra los cárteles de la droga en la que el gobierno se ha visto verdaderamente superado por el furor de los ataques armados de las mafias, que lejos de desaparecer cada día se multiplican más en el país, a un costo enorme de dinero y de vidas y con resultados muy por debajo de los esperados.

En Madrid y otras ciudades españolas, así como en Tel Aviv y en otras poblaciones israrelíes, miles de ciudadanos han salido a protestar por la afectación en el bolsillo familiar por el alto costo de la vida, los bajos salarios, el despido masivo de trabajadores a consecuencia de la recesión que se ha empezado a sentir cada vez con mayor fuerza en las economías de esas naciones, y que afectan en término similares que en México a millones de personas que reclaman su derecho a un trabajo bien remunerado.

La gente demanda justicia social y critica las doctrinas de libre mercado de sus respectivos gobiernos, las cuales han dado al traste con el nivel de vida que tenían las familias en esos países hasta hace unos meses. Acá, no obstante que en los últimos meses la inflación en México dizque ha registrado una tendencia a la baja según datos oficiales, la verdad es que esta situación no se refleja en el bolsillo del consumidor a la hora de comprar productos básicos.

Las amas de casa se quejan a diario señalando que “el dinero no alcanza”, que “todo está cada vez más caro” y que “el gobierno miente al decir que los precios están bajando”. El estancamiento económico en nuestro país es evidente a causa de que la prioridad ha sido la guerra contra los cárteles de la droga y el crimen organizado. Pero no se ha visto que ciudadanos, por miles, salgan diariamente indignados a las calles a protestar.

Hay mil razones o más por las que miles de mexicanos debieran, de manera masiva, sin acarreos sindicalistas, emular el ejemplo de España y de Israel para hacerle sentir al gobierno federal panista que hay indignación de millones de familias en el país, por la carestía de la vida, la falta de oportunidades, por tanto desempleo y en general por las omisiones, ineficiencias y deficiencias en el quehacer gubernamental que perjudica a la mayoría de los mexicanos. Acaso no tarde en que empiecen a verse en nuestro país ese tipo de reclamos masivos.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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Hablan de un México irreal

PAULINO CÁRDENAS

Se ha hecho costumbre que los funcionarios del gabinete panista hablen de que la economía en el país va muy bien y que la creación de empleos cada vez rompe récords, no obstante que para la gente común y corriente, esa que está en la lista de los desempleados o a quienes no les alcanza sus ingresos familiares para vivir, esos discursos les causa enojo porque la realidad es que en México millones de gentes padecen una aguda crisis económica y de falta de empleo. Ya no se diga los que están en el rubro de la ‘pobreza extrema’, eufemismo para llamar así a los olvidados.

Los funcionarios suelen recurrir al trillado argumento de que nuestros precios de combustibles y tasas de desocupación respecto de otros países, están mucho mejor. Lo que no dicen es que los sueldos en México, eso para quienes tienen trabajo e ingresos, éstos son tan paupérrimos que no alcanzan para llevar una vida digna frente a la carestía que provoca mes a mes precisamente el aumento de las gasolinas, que por supuesto es inflacionario. Y encima, el robadero en las gasolineras que no dan litros de a litro. Y por si algo faltara hay que pagar impuestos.

Quien afirma que el alza mensual a las gasolinas no produce carestía, es el mismo que hizo aquella declaración de que con 6 mil pesos mensuales se podía pagar lo de Bartola más una hipoteca, más las letras de un coche y hasta el colegio privado de los hijos, lo cual sonó a mentada de madre. Eso es no tener la menor sensibilidad ni la menor idea de donde se está parado, máxime cuando lo dice quien gana un sueldazo, la gasolina no la paga y tiene prestaciones con las que pudieran vivir miles de familias pobres al mes.

Aunque aquella ofensa fue grave para millones de mexicanos, la misma falacia sigue. Pero así se las gastan los panistas que aspiran a ser presidentes. Por ello la gente común y corriente, la de a pie que es muchísima, millones en el país, cada vez que escucha a los funcionarios hablar de un México que  no existe, nadie les cree: porque saben que todo es afán discursivo y palabrería engañosa.

En el México real nada cambia. Al contrario, empeora. Todo es un bla-bla-bla insultante si se compara en el terreno de los hechos con aquellos mexicanos que diariamente se truenan los dedos para subsistir, no sólo los que viven en las zonas urbanas que como quiera la irán pasando sino en las zonas rurales, ya no se diga en las apartadas zonas  indígenas del país en donde más injusticias padecen los que ahí habitan.

“Combatir la pobreza es una responsabilidad del Estado que no admite regateos de carácter político o de ninguna otra índole. En la pobreza, hay que recordarlo (…) se combate con hechos no con palabras” afirmó el presidente Felipe Calderón al inaugurar la subestación de energía eléctrica de Chemax, en Yucatán.

Pero los funcionarios de su gobierno prefieren acudir al discurso de lo fantasioso y hablar de un México que no existe cuando hablan de que la economía va mejorando y que el desempleo va disminuyendo, cuando la realidad es otra. Él mismo los convoca: La pobreza se combate con hechos, no con palabras. Y los hechos rebasan con mucho a la realidad en cuanto a la inequitativa distribución de la riqueza.

La sola guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado se ha llevado gran parte de los recursos del erario en lo que va del sexenio, por lo que otros rubros han quedado a la deriva sin ser atendidos, igual que las promesas de campaña inclumplidas, empezando por aquella de que Calderón sería “el Presidente del empleo” o aquella otra de que quienes menos ingresos tuvieran se les bajarían los impuestos. Sí Chucha.

Otro factor que ha impactado de manera directa e indirecta en la creación de empleos por parte de las empresas, sobre todo a las pequeñas y medianas (pymes), que son más susceptibles a la violencia del crimen organizado, es la inseguridad que priva en todo el país, como lo afirmó desde finales del 2010 el dirigente de la Confederación Patronal de la República Mexicana, Gerardo Gutiérrez Candiani.

El Banco de México reveló entonces, por primera vez, que los problemas de inseguridad pública en el país se habían convertido en el factor principal que podría obstaculizar el crecimiento económico durante 2011. La realidad es que el promedio de pérdida de empleos sigue siendo muy alto cada año, aunque el discurso oficial sea de optimismo.

En fin, que los funcionarios prefieren el grotesco manipuleo de cifras y datos que decir la verdad. Se insiste en el esquema del engaño para dar la impresión de que el país, con el calderonismo, está avanzando. Si se hiciera una encuesta no manipulada sobre la realidad económica y de subsistencia que abarcara las zonas rurales e indígenas del país, la verdad afloraría de manera no sólo dramática sino descarnada. Muchos llorarían.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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“Peligrosa bomba social”

PAULINO CÁRDENAS

El mundo está nuevamente al borde de una crisis alimentaria global. En varias partes del mundo los aumentos explosivos de los precios de los alimentos se están convirtiendo, dicen los especialistas, en una ‘peligrosa bomba social’. La volatilidad en los precios de trigo, maíz y arroz –productos que conforman la base de la pirámide alimentaria en el mundo en desarrollo– constituye un “riesgo adicional” a la crisis económica que  prevalece en muchos países en vías de desarrollo, como México.

El rápido incremento está generando la preocupación de que en el 2011 se repita la crisis de 2007-2008, que desembocó en intensos disturbos sociales en las calles de varios países que fueron sofocados con la fuerza pública, como sucedió en Filipinas, Haití, Egipto, Bolivia y Vietnam, escenas dramáticas de protesta que están empezando a darse en algunas naciones como Argelia, Túnez y Jordania.

La pregunta es si el gobierno mexicano está de veras listo para afrontar esta ‘peligrosa bomba social’, además de las que ya carga en su morral como el de la inseguridad, el estancamiento económico y la escasez de empleos permanentes, rubros que, entre otros,  han sido asignaturas pendientes de la actual administración que encabeza el presidente Felipe Calderón, aunque las prospectivas oficiales sean tan optimistas.

Desde noviembre pasado la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, la FAO, venía advirtiendo que serán “los consumidores” los que pagarán las consecuencias del incremento de precios registrados en los últimos seis meses del 2010 sobre la mayor parte de los productos básicos agrícolas, fenómeno que ha empezado a reflejarse desde que inició el año y que podría irse agravando.

El organismo de la ONU tenía considerado que también se redujeran 7 por ciento las reservas de granos, con un descenso del centeno de 35 por ciento, maíz 12 y trigo 10 por ciento, debido a que en lugar de aumentar 1.2 por ciento, como se preveía en junio pasado, la producción de cereales cayera 2 por ciento. El azúcar es otro de los productos que contribuye al aumento del precio de la canasta alimentaria mundial en los últimos meses. Según la FAO, los precios del azúcar, que superaron recientemente sus niveles más altos en 30 años, permanecieron elevados y muy volátiles el año pasado.

Un reporte del Banco Mundial coincide con el pronóstico de la FAO y también advierte la posibilidad de que la escasez alimentaria haga crisis pronto. Se señala que el alza de precios de granos básicos “esta llegando a una zona de peligro” como dijo el economista en jefe del organismo para la Agricultura y la Alimentación de la ONU, Adbolreza Abbassian. Son niveles similares a los que se dieron entre 2007 y 2008, cuando se elevó de 862 millones a 923 millones el número de personas que padecen hambre en el mundo.

El banco mutinacional apuntó que la volatilidad en los precios de alimentos generaría, además de escasez y carestía, riesgos adicionales que serían una carga extra especialmente para los productores del campo de bajos ingresos que cuentan con limitados mecanismos para hacer frente a estas fluctuaciones –ya no se diga para los campesinos más pobres–, así como para los consumidores que habrían de destinar una mayor parte de su ingreso a la compra de comida.

La variación de precios de productos de la canasta básica, principalmente de los tres granos que suelen estar procesados y presentes en la mesa como el maíz y el trigo, además del arroz, han registrado alzas muy considerables, un  aumento vertiginoso de precios en los productos básicos. Tan sólo en la segunda mitad del año pasado, el precio de los aceites y las grasas se disparó 57 por ciento, y el del azúcar se incrementó hasta 77 puntos porcentuales. En México el precio de la harina de trigo sunió 20 por ciento según poductores.

La causas también están en “los choques climáticos”. Las torrenciales lluvias e inundaciones así como las sequías e incendios forestales que se registran en los campos de cultivo en los cinco continentes, han incrementado el problema de escasez, el alza en los precios, y el encarecimiento en el costos de la producción de granos básicos. Hay otros factores que han incidido en el problema como el uso de algunos granos para producir a nivel industrial combustibles para vehículos automotores. La mayor demanda de alimentos para ganado también es causa.

Dice la FAO que los precios internacionales podrían elevarse más si la producción no se incrementa este año de forma importante, en especial la de maíz, soya, trigo e incluso el arroz, cuyo suministro, aunque es más abundante que el de otros cereales, puede verse afectado. El asunto pues, no es de la menor importancia; al contrario. ¿El gobierno mexicano estará capacitado para tomar providencias respecto a esta real amenaza?


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La ingenuidad de doña Josefina

PAULINO CÁRDENAS

El asunto de los aumentos que de forma indiscriminada han sido autorizados o permitidos por el gobierno federal desde finales del año, ha provocado diversas reacciones de repudio, no sólo en todos los sectores de la sociedad del país, sino también en los círculos políticos de la oposición.

El coordinador del PRI en el Senado, Manlio Fabio Beltrones, dijo que si el presidente Felipe Calderón no atiende la exigencia del Congreso para detener el aumento de los precios de los productos básicos y los combustibles, su partido considerará que no es conveniente aprobar la reforma política que está proponiendo el jefe del Ejecutivo al Legislativo.

Añadió que si el gobierno federal se muestra insensible a esta petición, “estaríamos en la ruta de observar que no es conveniente darle más facultades a un Presidente que no escucha, a un presidencialismo que no tiene control ni medida por parte del Congreso”.

Los nuevos aumentos, más los que sigan en el curso del año, han empezado a provocar una carestía incontrolable en bienes y servicios, lo que se traducirá en más pobreza en la población y un mayor desempleo y cancelará cualquier posibilidad de que el país salga de la crisis en el corto o mediano plazo. Esto, independientemente de la mayor carga fiscal que habrá.

Además de la sociedad en su conjunto y de las principales fuerzas políticas de oposición, también la clase empresarial reniega de los aumentos al precio de los combustibles. Ellos se verá obligados a compensar los aumentos a la gasolina y al diesel, lo que tendrá un efecto dominó en toda la cadena de comercialización, que acabarán pagando los consumidores finales.

Beltrones señaló que el aumento de precios “puede generar ambientes o un caldo de cultivo que sean propensos a que algunas ideas que busquen lograr algunos cometidos distintos a la paz social, triunfen”. ¿O sea? ¿Revueltas sociales? ¿Pacíficas?

Calificó el senador de inaceptable que el gobierno federal eleve los precios de los combustibles, además de que han aumentado los impuestos y el precio del barril de petróleo es superior al estimado de 59 dólares.

“Lo único que se está generalizando con esta alza de tarifas, de impuestos y en los precios del petróleo es que tengamos, paradójicamente, un gobierno sumamente rico frente a un pueblo empobrecido”, afirmó.

A ello, la coordinadora del PAN en la Cámara de Diputados, Josefina Vázquez Mota, le tocó tratar de enderzar el entuerto. Muy dispuesta realiza un periplo por todos los medios electrónicos explicando lo que debió explicarse hace al menos dos años, en busca de justificar lo que ningún argumento podrá ya justificar.

Lo hecho, hecho está y nada vendrá a revertirlo, aunque el gobierno panista ande queriendo compartir culpas con los legisladores priístas, aduciendo que Felipe Calderón sólo cumplió un mandato del Legislativo. ¿Entonces el jefe del Ejecutivo nada que ver con los aumentos a las gasolinas y la carestía que eso ha empezado a provocar? ¿De veras?

Doña Josefina peca de ingenuidad política. Pero en abono suyo hay que decir que más lealtad a su jefe el Presidente como la de ella, ningún otro funcionario. Ni aún los que ya empezaron a creérsela de que son los delfines de Calderón. Eso cuenta, aunque en la época de la campaña del 2006, a Juan Camilo Mouriño no le causaba ninguna gracia.

Las campañas políticas del 2010 en México estarán basadas en el tema de la pobreza. Que ni qué. PAN y PRI se pararán el cuello diciendo que sus candidatos arreglarán la desgracia de millones de mexicanos con los programas sociales, en los que, por ser programas electoreros, se maneja mucho dinero.

Pero el desquite de la gente vendrá en las urnas, como sucedió en los comicios intermedios de julio del año pasado. Y puede que hasta el PRD se beneficie por esa circunstancia.

pcardenascruz@yaho.com.mx

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Comienza recesión histórica

PAULINO CÁRDENAS

El gobierno federal –e incluso el del Distrito Federal que también se subió al tren de la mentira ingnominiosa para justificar alzas– cree que con campañas engañosas  por radio y televisión en las que se escuchan mensajes oficiales llenos de exacerbado optimismo sobre un país que no existe, la crisis se vendrá a resolver solita. Y no.

Este año, más que en los tres anteriores, la cruda realidad se encargará una vez más de poner en evidencia las carencias y debilidades del gobierno para sacar al buey de la barranca en materia económica. El asunto tendrá visos de tragedia en cuanto a pérdida de empleos y carestía de la vida. Por lo demás, la guerra contra el narco seguirá siendo la prioridad del gobierno.

Así como quiso la administración panista que terminara el 2009 con ajustes al alza en el precio a las gasolinas –sin importarle  los incrementos que ello provoca en los precios  al público de todo lo que consume porque todo lo que se consume se transporta– en Los Pinos se autorizaron otros aumentos a tarfias y servicios que presta el gobierno.

Esos desmedidos aumentos juntos, empezarán a arrastrar al país hacia una de las recesiones más profundas de las últimas décadas. Para los mexicanos no habrá tregua ni margen de flexibilidad. La recesión –que el gobierno dijo hace poco que había terminado– apenas dará comienzo. La otrora llamada ‘cuesta de enero’ se convertirá este año en ‘la cuesta del 2010’.

El efecto negativo de esas alzas pegará de inmediato sobre los niveles de pobreza, condición en la que actualmente viven 45 de cada 100 mexicanos; pero también en los diversos niveles de la clase media del país, lo que vendrá a agravar el panorama actual en donde la falta de opciones de empleo a echado a la calle a miles y miles de mexicanos que han dejado de pertenecer al mercado de trabajo en México.

Además del creciente desempleo –cuyo aporte lo dio el propio gobierno al dejar sin trabajo a más de 44 mil electricistas el año pasado– habrá que ver el efecto dominó que tendrá en la economía doméstica y empresarial los incrementos de bienes y servicios que presta el gobierno, y sobre todos los nuevos impuestos, mayores en varios casos, autorizados algunos de ellos desde finales del año, como el de las gasolinas, que ya Hacienda advirtió que seguirán subiendo durante 2010.

El gobierno federal, además de esas alzas progresivas a las gasolinas, puso en la lista el incremento a la energía eléctrica; impuesto de 3 % a las telecomunicaciones, excepto telefonía pública y rural e interconexión; aumento al Impuesto de Depósitos en Efectivo (IDE) de 2 a 3 por ciento, cobro que ahora será a partir de los depósitos de 15 mil pesos en lugar de los 25 mil de antes.

El IVA subió de 15 por ciento a 16 por ciento, y de 10 a 11 % en la frontera. Las empresas, por cierto, tienen plazo de pagar el IVA todavía a 15% en facturaciones del año pasado, hasta el próximo día 10 de enero. El Impuesto Sobre la Renta (ISR) aumentó de 28 a 30 % en ingresos mayores a 10 mil pesos mensuales. El gravamen al tabaco será de 80 centavos por cajetilla, y el impuesto a la cervezas será de 26.5 por ciento.

El gobierno del Distrito Federal no se quiso quedar atrás. El circo ‘gratis’ que  le dio a los habitantes de la capital del país –pista de hielo en el zócalo, eventos artísticos como el del tenor Plácido Domingo, la rosca de Reyes, etc.–, lo habrán de pagar caro con el aumento al boleto del metro de dos a tres pesos, el incremento al pago del predial, a la tenencia, a las licencias de manejo y la verificación vehicular, más lo que se le ocurra a Marcelo Ebrard.

Ni duda cabe que la feroz carestía que agudizará aún más la grave crisis económica familiar, se reflejará en las elecciones de este año, cuando el PAN-gobierno coseche peores resultados que en los comicios intermedios del año pasado. Y aquella ruptura que hubo entre el presidente Felipe Calderón y la cúpula empresarial, no tardará en renacer. Todo ello, más las protestas populares que no se harán esperar por la ominosa situación económica, harán de este 2010 el peor año del sexenio.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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