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México acogió al “Gabo”

PAULINO CÁRDENAS

Como Úrsula Iguarán, el personaje de Cien Años de Soledad, Gabriel García Márquez también partió de este mundo un Jueves Santo. Su genio narrativo era solo equiparable a su mítico universo que plasmaba en cada obra que escribió. Vivió una niñez acogido a la figura de sus abuelos; pero su abuelo le dejó honda huella, al que consideró siempre “la figura más importante de mi vida”. ‘Gabo’ como le decían desde su infancia, fue el mayor de doce hermanos. Su padre, Gabriel Eligio García, era telegrafista; su madre, Luisa Santiaga Márquez; ella era bien vista en Aracataca de donde era originaria, pero al esposo no lo veían con buenos ojos porque había llegado entre los inmigrantes que los llevó hasta ahí la ‘fiebre del banano’; no querían al padre de Gabo porque lo consideraban uno de los ‘aventureros’ que pertenecía a la ‘hojarasca’, es decir, a los que llegaban de otros lugares. Sus padres se conocieron en Riohacha, pero los papás de la madre de Gabo -el coronel Nicolás Márquez y Tranquilina Iguarán- quisieron que su hija tuviera a su primogénito en Aracataca.

Tras vencer múltiples dificultades, Gabriel Eligio y Luisa Santiaga consiguieron casarse, y alejándose de la familia se instalaron finalmente en el poblado donde se habían conocido. Pero García Márquez se quedó a vivir con los abuelos. Tal fue el impacto que recibió, sobre todo del abuelo, que su primera obra la tituló ‘La hojarasca’, aunque de hecho sus grandiosas novelas son la narrativa de su propia vida. Escriben sus biógrafos que de sus primeros ocho años de “infancia prodigiosa” que vivió con sus abuelos surge lo esencial del universo narrativo y mítico de García Márquez, hasta el punto de que, con alguna exageración, habría llegado a decir: “Después todo me resultó bastante plano: crecer, estudiar, viajar… nada de eso me llamó la atención. Desde entonces no me ha pasado nada interesante”.

Así pues, Gabriel García Márquez, quien había nacido el 6 de marzo de 1927 en Aracataca, un pueblo de la costa atlántica colombiana, quizá en su niñez nunca se imaginó lo que le tenía reservado el destino. Su genialidad narrativa y su inigualable prosa que le mereció el Premio Nobel de Literatura en 1982, es comparada con otra faceta de su enorme personalidad, como fueron muchas de sus declaraciones y decisiones de vida que hoy por hoy quedarán como las grandes anécdotas que sin querer a veces, pero muchas veces queriendo, fue tejiendo al paso de su esplendorosa vida que llevó de hecho como quiso, sin perder un ápice de su estilo directo y sin ambages del que gustaba hacer gala, dentro de la sencillez que también lo caracterizó.

Una de esas vivencias fue cuando a finales de 1995, cuando acababa de concluir ‘Noticia de un secuestro’, y su país, Colombia, vivía pendiente de otro secuestro –el de Juan Carlos Gaviria, hermano del ex presidente-, lee un insólito comunicado publicado en la prensa: los secuestradores ofrecen la liberación de Juan Carlos Gaviria si García Márquez asume la presidencia del gobierno en lugar del actual mandatario, Ernesto Samper. La respuesta de García Márquez fue contundente: “Nadie puede esperar que asuma la irresponsabilidad de ser el peor presidente de la República (…) Liberen a Gaviria, quítense las máscaras y salgan a promover sus ideas de renovación al amparo del orden constitucional”.

Lo cierto es que los recuerdos de su familia y de su infancia, el abuelo como prototipo del patriarca familiar, la abuela como modelo de las “mamás grandes” civilizadoras, la vivacidad del lenguaje campesino, la natural convivencia con lo mágico… aparecerán, transfigurados por la ficción, en muchas de sus obras (La hojarasca, Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera…) y el mundo caribeño, desmesurado y fantasmal de Aracataca se transformará en Macondo, que en realidad era el nombre de una de las muchas fincas bananeras del lugar y que según unos alude “a un árbol que no sirve pa un carajo” y según otros “a una milagrosa planta capaz de cicatrizar heridas”, escribió Olga Martínez Dasi para el diario El Colombiano.

Como el propio novelista explica: “Quise dejar constancia poética del mundo de mi infancia, que transcurrió en una casa grande, muy triste, con una hermana que comía tierra y una abuela que adivinaba el porvenir, y numerosos parientes de nombres iguales que nunca hicieron mucha distinción entre la felicidad y la demencia”.

 García Márquez nació para ser un genio de la literatura, aunque él no lo consideraba de ningún modo así. Estudiaba Derecho pero la vida lo llevó por el camino literario. En Bogotá, empezó a escribir, para el periódico El Espectador, sus primeras obras: Diez cuentos, de los que abjurará después, que constituyen su “prehistoria” como escritor. También es remarcable que García Márquez participase, como otros muchos estudiantes, en las manifestaciones surgidas a raíz del “bogotazo”: el asesinato en 1948 de Jorge Eliecer Gaitán, político progresista aspirante a la Presidencia de la República.

El asesinato de Gaitán desencadena una escalofriante y larga oleada de violencia (casi trescientos mil muertos entre 1948 y 1962) que tendrá su reflejo en la literatura de García Márquez y de otros escritores, como Fernando Garrido y Álvaro Mutis, hasta el punto de que la narrativa colombiana de estas décadas ha sido designada como “literatura de la violencia”. Pronto, García Márquez abandona los estudios de Derecho: en un viaje a Barranquilla conoce a un grupo de periodistas que le fascinan y decide instalarse allí y orientar totalmente su vida al periodismo, por lo que empieza a trabajar de columnista en “El Heraldo”, y a la literatura: se instala en un cuartucho ínfimo de un bloque de cuatro piso llamado “El Rascacielos” y allí empieza a escribir su primera novela, ‘La hojarasca’.

Ya como escritor, conoció a figuras del mundo intelectual de renombre. Gabo se integró en el llamado “Grupo de Barranquilla”, que se reunía en el “Café Happy” y el “Café Colombia”. Miembros del “Grupo de Barranquilla” eran Germán Vargas, Álvaro Cepeda y Alfonso Fuenmayor, periodista de “El Heraldo” de gran formación intelectual, al que García Márquez le debe el descubrimiento de los autores que más tarde se convertirán en sus modelos literarios: Kafka, Joyce y, muy especialmente, Faulkner, Virginia Woolf, y Ernest Hemingway. A las tertulias del “Café Colombia” acude también Ramón Vinyes, un viejo catalán republicano, escritor, ex-librero y profesor de un colegio de señoritas, al que García Márquez homenajeará en “el sabio catalán”, junto a sus tres amigos, en las últimas páginas de ‘Cien años de soledad’, descrito como una obra que escribió con realismo mágico.

Conoció y fue amigo de personalidades como Fidel Castro, Torrijos, Carlos Andrés Pérez , Tomás Borge y Hugo Chávez, entre otros. Dos que le dejaron profunda huella en su vida fueron el sacerdote Camilo Torres que se convirtió en cura guerrillero y quien fue cruelmente asesinado, y Plinio Apuleyo Mendoza, uno de sus amigos más íntimos de toda su vida.

Su obra literaria es vasta. De entre las que han alcanzado mayor fama está la magistral ‘Cien años de soledad’, su novela de Macondo y los Buendía. ‘El amor en los tiempos del cólera’, ‘El otoño del patriarca’, que, escrita según la técnica del monólogo múltiple (voces diferentes que cuentan, desde perspectivas diferentes, la misma historia), fue para García Márquez “mi libro más experimental y el que más me interesa como aventura poética. También el que me ha hecho más feliz”. Otras de sus novelas son ‘Relato de un náufrago’, ‘Crónica de una muerte anunciada’ y ‘Noticia de un secuestro’, además de su primer trabajo literario que fue ‘La hojarasca’.

Desde los años 50’s García Márquez no abandonaría nunca su actividad periodística; fue colaborador habitual en periódicos de Colombia, Venezuela, México, España y Estados Unidos. En Barranquilla, conoce a Mercedes Barcha, quien más tarde se convertirá en su compañera de toda la vida. Con ella procreó a sus dos hijos, Gonzalo y Rodrigo. En 1954, convencido por Álvaro Mutis, García Márquez regresa a Bogotá. Allí, de nuevo para El Espectador, trabaja como reportero y crítico de cine. Ese periodo de apasionada dedicación al periodismo, dejará posteriormente huella en su literatura. 
Como señala Vargas Llosa, de allí proviene en buena medida su fascinación “por los hechos y personajes inusitados, la visión de la realidad como una suma de anécdotas” y “las virtudes de concisión y transparencia de estilo” de sus mejores libros, en los que narra pasajes con la precisión de un cirujano. Llegó a México en los años 60 y el país lo acogió para siempre. Murió a los 87 años en su casa del Pedregal.

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Silva Meza dignifica a la Corte

PAULINO CÁRDENAS

Es de esperarse que con la respetable y ganada fama de que goza Juan Silva Meza quien acaba de ser ungido como ministro presidente de la Suprema Corte, la justicia en México recupere el prestigio perdido en mayor o menor medida con el tiempo en cuanto a su rol en el análisis y resolución de controversias constitucionales y acciones de inconstitucionalidad, así como en los recursos de revisión contra sentencias pronunciadas en la audiencia constitucional por los jueces de distrito o los tribunales unitarios de circuito, entre otros de sus importantes atributos.

Ha sido un clamor nacional que en materia de procuración e impartición de justicia se evite el arrasamiento del más débil por el más fuerte que indebidamente orilla a soluciones pactadas y negociadas por la autoridad juzgadora y los infractores, lo que suele dejar a las víctimas en la total indefensión o que los culpables acaben protegidos por la impunidad. La SCJN es el organismo al que corresponde decidir, obviamente cuando el caso lo amerita y está dentro de sus atribuciones, si una cosa juzgada fue justa o injusta y apegada a derecho.

Un caso que motivó muchas expectativas de la ciudadanía por parte de la Corte fue el de los 49 bebés que murieron calcinados el 5 de junio de 2009 en el incendio de la guardería ABC en Hermosillo, Sonora. Silva Meza –junto con el ministro ponente del caso, Arturo Zaldívar, y la ministra Olga Sánchez Cordero–, votó en esa ocasión a favor de que se señalaran culpables de aquella tragedia.

Sin embargo, por ocho votos contra tres el pleno determinó que el máximo tribunal se limitaría sólo a señalar si se habrían registrado o no violaciones graves de garantías en el incendio y, si fuera el caso, a las autoridades que se vieron involucradas en las mismas. Al final el asunto dejó mucho qué desear de cara a la nación. La opinión pública y sobre todos los padres de las víctimas siguen clamando justicia y cárcel para los verdaderos culpables porque se considera que el caso quedó en la impunidad.

Con la designación del recién ungido ministro presidente, de 66 años y una larga carrera judicial, se renueva la esperanza de todos los sectores de la sociedad para que haga frente a los retos que debe afrontar el máximo tribunal del país, privilegiando en cada caso los principios de justicia y equidad. Al asumir el importante cargo, se comprometió a encabezar una administración que colabore a garantizar la seguridad y paz social de la población y aseguró que su única misión “será con la ley”.

Considerado un hombre de inquebrantable honestidad y un juzgador crítico y liberal, el nuevo ministro presidente  fue electo por nueve votos contra uno, para el periodo que va del 3 de enero de 2011 al 31 de diciembre de 2014. El ministro Sergio Aguirre Anguiano, considerado el más conservador de todos, le negó su voto. Desde el principio fue opositor a la designación de Silva Meza ya que sus simpatías estuvieron siempre a favor de la ministra Margarita Luna Ramos de manera abierta.

Dijo que seguirá muy de cerca el proceso de las recientes reformas en materia de amparo y de protección a los derechos humanos. Señaló que, de ser el caso y dentro de sus competencias constitucionales y legales, el Poder Judicial de la Federación participará activamente en esta reforma. En casos polémicos como los del aborto y de los matrimonios entre personas del mismo sexo o bodas gay, votó por validar las reformas que se aprobaron en este sentido en el Distrito Federal.

Silva Meza ha sido un abierto defensor de las garantías ciudadanas inscritas en la Constitución. Es un crítico importante de las autoridades. Formó parte de los ministros que votaron de manera unánime por responsabilizar de violaciones graves debido al caso de la matanza de Aguas Blancas, que sucedió en junio de 1995, al entonces gobernador de Guerrero, Rubén Figueroa Alcocer.

Como encargado de la investigación de la detención de la periodista Lydia Cacho, pidió responsabilizar al gobernador de Puebla, Mario Marín, de violaciones graves de garantías. En el caso de los enfrentamientos registrados en mayo de 2006 en San Salvador Atenco, estado de México, votó por responsabilizar a funcionarios del gabinete del gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto y del ex presidente Vicente Fox.

En el caso de los enfrentamientos en Oaxaca, sucedidos también en 2006, el ministro Silva Meza votó por responsabilizar por omisiones que afectaron a la población al gobernador Ulises Ruiz Ortiz. Entre sus votos destacan las resoluciones que permitieron la liberación de las indígenas de Querétaro, Alberta y Teresa, acusadas de secuestrar a seis federales.

Durante años se descuidó la formación de los encargados de ejercer la acción penal y decir quién era inocente y quién culpable. La corrupción también ha tenido mucho que ver. Con un poder político centralizado en manos del PRI, durante décadas decidir quién era inocente o culpable de un delito no exigía mayores destrezas. Ante un extremo, bastaba una llamada telefónica de algún influyente personaje al juez, para enviar a prisión o liberar a una persona. A medida que el poder se fue distribuyendo, esto ya no resultó tan simple. En la actualidad, cada vez va siendo más cierta la separación de atribuciones entre Poderes.

Con la llegada de Silva Meza se espera que los actos de la burocracia ministerial se ajusten a lo que marca la ley y los jueces hagan su trabajo bajo el mandato, primero que nada, de los preceptos constitucionales, empezando por respetar los derechos fundamentales de los ciudadanos en vías de ser procesados o que ya hayan sido juzgados. El giro que se espera así lo demanda. Sin duda con su elección ganó la Corte.

 

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