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¿Dónde quedaron los muertos?

PAULINO CÁRDENAS 

Desde hace mucho se ha escrito que Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública federal, podría llevarse al baile a Felipe Calderón porque, por algunas oscuras causas, el mandatario panista había quedado sojuzgado a los intereses y caprichos de quien acabó siendo la manzana de la discordia en la lucha contra los cárteles de la droga que emprendió Calderón desde el inicio de su gestión, y que acabó siendo un fracas porque las mafias siguen en lo suyo y por la pesada carga de miles y miles de muertos que ha cobrado esa aventura bélica. Al final de la jornada la pregunta que más empieza a pesarle a Calderón es: ¿Dónde quedaron los miles de muertos de su guera contra los cárteles de la droga?

Por un lado, ni duda cabe que si el primer duro golpe que le dio el Presidente Electo a Calderón fue desaparecer la Secretaría de Seguridad Pública Federal, el segundo gran golpe podría ser el ir tras su escudero del alma, a quien ya se le rastrean pistas sobre cuantiosos recursos que ha invertido en divesos negocios que se ubican en Estados Unidos, con base operativa en Florida. Reporte Índigo le atribuye a García Luna y su familia que tendrían que rendir cuentas sobre el monto y el origen de los recursos con los que el controvertido policía del sexenio, montará su retiro dorado en ese estado de la Unión Americana. El caso Tres Marías podría ser la punta de la madeja ya que lo que hay detrás parece de pronóstico reservado.

El coraje, frustración y rabia de familiares desaparecidos de todo el país, se puso de manifiesto el pasado fin de semana quienes con una piñata que representaba al Presidente quisieron sacar su rabia y dolor,  culpándolo de la guerra contra el crimen organizado y clamando con pancartas y a gritos: “!Justicia! ¿Dónde están, dónde están, nuestro hijos dónde están?”. Al referirrse a la piñata dijeron. “Ésta la queremos entregar como símbolo de lo que sufrimos miles de familias mexicanas fragmentadas, con nuestros corazones llenos de impotencia y coraje. Dejas a México como el cementerio más grande de la historia”. Le reclaman culpas por omisión e indolencia principalmente.

Alegóricamente se quiso representar a un Presidente sordo, ciego, mudo, atado de manos y pies; insensible. ¿“Te vas contento, con los nulos resultados de tu guerra?”, preguntaban los manifestatntes que se reunieron en la explanada del Palacio de Bellas Artes, portando fotografías de un centenar de víctimas de las miles y miles que ha cobrado la narcoguerra, con pancartas cuyos escritos pusieron de manifiesto el dolor y la rabia. La piñata de inmediato comenzó a recibir de palos. “¡Duro, duro, duro!”, gritaban. Uno tras otro, los familiares expresaron su rabia, impotencia y dolor. Hubo lágrimas que algunos no pudieron contener; primero golpearon la figura con un garrote; luego la patearon y zarandearon hasta destrozarla.

Fue como una catarsis donde se expresó el dolor que llevan dentro quienes perdieron a sus seres queridos por la absurda guerra que cobró tantos muertos en el sexenio que está por terminar y que, quiérase o no, Calderón llevará como pesada carga moral por el resto de su vida. Pero es evidente que ese odio y esa rabia no quedará ahí. Quieren saber dónde quedaron sus muertos. Si fueron enterrados en fosas clandestinas, si fueron tirados al mar o en barrancas, si fueron calcinados, si fueron desintegrados con ácidos para no dejar huellas. Nadie de los familares lo sabe. Y quiren saberlo.

Trascendió que se están organizando para ir con Enrique Peña Nieto una vez que tome posesión, a exigirle que haya una investigación de fondo sobre ese holocausto que provocó esa inútil guerra contra los cárteles de la droga que al final han seguido operando en el país. Irán a exigirle que como Presidente no permita la impunidad por tantos crímenes cometidos contra mucha gentes inocente y se castigue a quienes abusaron de su autoridad, sean militares, marinos o policías federales, estatales o municipales.

Esa protesta recuerda el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que surgió con el poeta y escritor Javier Sicilia a raíz del homicidio de su hijo y seis personas más sucedido en Morelos en marzo de 2011, exigiendo lo mismo. Mucha de esa culpa se le atribuye a las fuerzas armadas de México. Sin embargo, gran parte de las funestas consecuencias de esa guerra se ubicó en las filas de la Policía Federal que depende de la Secretaría de Seguridad Pública a cargo de Genaro García Luna, así como en las policías que dependen de los gobiernos de los estados y municipios.

Con sus respetables excepciones, en sus filas se ha anidado la complicidad con el crimen organizado. De ahí que la decisión primera de Peña Nieto fue desaparecer la SSP federal y convertirla en subsecretaría dependiente de Gobernación. ¿Qué sigue? ¿Cuál será el siguiente golpe seco del nuevo gobierno contra el que va de salida? ¿Se prepara un debut de la Comisión Nacional Anticorrupción atrapando, juzgando y encarcelando a varios ‘peces gordos’? Como sea, lo cierto es que los mexicanos claman que acabe la impunidad en la que se han venido amparando los corruptos en México. Y habrá tela de donde cortar.

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Oye apá ¿y los miles de muertos?

PAULINO CÁRDENAS

Respecto a su tema favorito al que le dedicó una gran parte de tiempo en su último Informe de gobierno, el presidente Calderón declaró que la lucha contra el crimen organizado impidió que los delincuentes tomaran el control del gobierno, aunque no habló de los miles y miles de muertos que ha cobrado su fallida guerra contra el narcotráfico de los cuales su gobierno se ha desentendido totalmente. Ayer decíamos aquí que hay rubros que el mandatario panista dejará en muy graves y peliagudos términos a su sucesor, y este es uno de ellos.

Aunque para él la guerra contra los cárteles de la droga y el crimen organizado a lo largo de su administración ha sido toda una proeza, para la mayoría de los mexicanos, sobre todo los que han padecido el rigor de las balas y los estallidos de granadas o han olido de cerca el tufo de la muerte, ha sido un total fracaso, ya que las mafias y los señores del narco siguen actuando como si nada, no obstante las cifras que dio a conocer el mandatario panista. La realidad echa por la borda cualquier intento demagógico de querer hace creer lo que no es. De los miles y miles de muertos que ha cobrado esa fallida lucha, ni el gobierno sabe cuántos van.

La razón es simple: al mandatario saliente no le han interesado los muertos de esa guerra; ni siquiera las víctimas que ha dejado ese baño de sangre que será el referente hacia él por el resto de su vida. Nadie sabe si son 55 mil, 70 mil, 90 mil, 120 mil 150 mil o más muertos, más los que se acumulen de aquí a que deje la presidencia. Eso sin contar los que han sufrido desapariciones forzadas, ni gente inocente que ha sido víctima del fuego cruzado y que ha caído sin vida en las cotidianas refriegas por esa estéril lucha armada que se ha generalizado en más de la mitad de las entidades del país.

Dijo Calderón que la lucha contra el crimen organizado impidió que los delincuentes tomaran el control del gobierno, en el inicio de su mensaje con motivo del sexto y último informe de gobierno. En realidad los términos serían otros muy distintos: más bien la corrupción y la impunidad que existe entre las mafias y las autoridades gubernamentales que deberían perseguir a la delincuencia organizada, ha permitido que los capos vayan ganando terreno en las entidades federativas con gobiernos abyectos.

El mandatario panista reconoció que en esta lucha “algunos” elementos de las fuerzas federales “han cometido errores y abusos”, pero sostuvo que estos han sido la excepción y no la regla. Señaló que lejos de ocultar estos abusos, se ha actuado con justicia y castigado a estos elementos militares y policiacos. Y estimó que por algunos casos no se puede juzgar lo que hacen todos los días el Ejército y las corporaciones policiacas, de trabajar de manera permanente por la seguridad de los mexicanos.

En el caso de las víctimas, el poeta y escritor  Javier Sicilia le acababa de reclamar que al haber enviado una nueva Ley General de Atención y Protección a las Víctimas al Congreso, “Calderón borra, miente, trampea y manda una iniciativa de ley que no es la que debe estar a la altura de la emergencia nacional y de la responsabilidad del Estado y los criminales frente a este desastre que vive México”. Para Sicilia, el presidente saliente “traicionó su palabra, no está siendo honesto y traiciona a las víctimas”. Además, reclamó, dota de atribuciones a Províctima, una instancia sin presupuesto ni personal. “Nos quiere dar atole con el dedo”.

El secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, ahora en su nuevo cargo se ha convertido en el vocero defensor de la política de inseguridad –que no de seguridad como pomposamente la llaman–, y a base de verborrea quiere convencer de que la lucha contra los cárteles de la droga y el crimen organizado ha sido exitosa. Habla por ejemplo de los exámenes de confianza que ni están completos, ni han servido para gran cosa, ya que lo que ha imperado –y él lo sabe mejor que nadie–, es la corrupción y la impunidad impuesta por los capos en los tres niveles de gobierno a base de dinero, ya no se diga entre los mandos altos y medios de las Fuerzas Armadas y de la Secretaría de Seguridad Pública.

Para los mexicanos la guerra de Calderón contra la criminalidad organizada se ha convertido en emergencia nacional, mucho a causa de no haber querido modificar su estrategia en esa lucha armada que ha puesto en evidencia a las Fuerzas Armadas haciendo un papel que no les corresponde. El propio titular de Marina, Francisco Sáynez, dijo el día del Informe que el próximo Jefe Supremo deberá actuar contra los capos “con más inteligencia y menos violencia”. Esa fue una crítica a su actual jefe soberano, señalándole de paso que sí pudo haber otra estrategia. Lo que le faltó a Calderón fue voluntad política. Es la lectura a esa declaración del almirante.

El hecho es que esa guerra será sin duda la peor herencia que le dejará su antecesor a Peña Nieto. Y los pobres muertos que ha cobrado esa aventura bélica, seguirán en las mismas. ¿Cuántos son? ¿Cómo murieron? ¿Existen actas circunstanciadas de sus decesos? ¿Dónde quedaron? Como dijo el Monje Loco: nadie sabe y nadie supo. Esa grave omisión la tendrá que encarar el michocano tarde o temprano.

@Paulincomenta

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Subsanan vergonzante omisión

PAULINO CÁRDENAS

La grave y vergonzante falta en la que ha permanecido el Estado al ser omiso ante la violación a los derechos humanos e incluso asesinatos a mansalva de gente inocente ocasionados por la guerra que el presidente Felipe Calderón le declaró a los cárteles de la droga desde diciembre de 2006 con el Ejército mexicano por delante, fue subsanada en primera instancia el pasado miércoles en el Senado de la República al aprobarse por unanimidad la Ley General de Víctimas. Ahora falta que la Cámara de Diputados también le dé para adelante, la apruebe y sea publicada en el Diario Oficial de la Federación en su momento para luego intentar lo más difícil: que las nuevas disposiciones se cumplan en el terreno de los hechos.

Tardíamente como suele suceder en México, cuando están por terminar los trabajos legislativos, cuando empieza a declinar el sexenio, y cuando el número de muertos, desaparecidos, abusos, secuestros, torturas, violaciones y graves daños morales que ha dejado esa inútil lucha, son de escándalo mundial, esa nueva Ley pretende ponerle coto a tanta negligencia e impunidad, buscando ahora darle  nombre y apellido a quienes pierdan la vida en esa guerra, ver las causas de su muerte, indemnizar a los deudos e incluso ir más allá para investigar responsables.

Con miras a cerrar el abismo entre justicia e impunidad que ha prevalecido a lo largo de la guerra de Calderón, el nuevo ordenamiento señala el derecho a la reparación integral del daño, asistencia jurídica, médica y económica de quienes padezcan ataques de la delincuencia o abusos en garantías individuales por las autoridades; prevé la creación de un registro nacional de víctimas y de un fondo permanente de ayuda y reparación integral, quedando su instrumentación bajo control de un Sistema Nacional de Víctimas en el que estarían representadas las organizaciones de la sociedad civil. De hecho esta aprobación es un logro del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

Pese a que de cualquier modo no habría retroactividad, la serie de disposiciones contenidas en la Ley General de Víctimas buscará frenar la impunidad con la que se han venido manejando las fuerzas gubernamentales armadas en el combate a la delincuencia, dándole un asidero a las víctimas civiles y sus deudos, para exigirle al gobierno federal, encargado de combatir a la delincuencia organizada, responder por las violaciones de los derechos humanos de la población y obligue a las autoridades a que rindan cuentas de por qué matan, a quienes ultiman y por qué razones, obligado por el Poder Judicial.

Es verdaderamente lamentable que hayan pasado cinco años para que el Poder Legislativo respondiera a hechos que se han venido celebrando a ojos de todo el mundo y haya reaccionado sólo por las presiones del movimiento que encabeza el poeta Javier Sicilia y a cuyo vocero y gestor ante las instancias de gobierno y cabildeo de ante las instancias legislativas, Emilio Álvarez Icaza, al que se debe gran parte del avance para empezar a resarcir esa ominosa omisión que ha sido vergüenza nacional, sin que al gobierno federal le haya preocupado mientras. Para el jefe supremo de las fuerzas armadas, las muertes que ha cobrado la guerra que ha promovido, han sido por los enfrentamientos entre sicarios de las mismas mafias rivales y que, como son criminales, que queden en el olvido. ¿Y las viudas? ¿Y los huérfanos? ¿Y los deudos? ¿No tienen derecho a saber de sus muertos?

Nadie sabe por qué el presidente Calderón ha insistido señalar que su gobierno es ‘humanista’ cuando ha permitido la aberrante omisión de dejar regados tantos miles de muertos por donde quiera en todo el país, a causa de su guerra contra las mafias, sin que nadie se ocupe de saber quiénes eran, en qué condiciones murieron, ni dónde quedaron, tal vez olvidados en campo traviesa para ser devorados sus cadáveres por aves carroñeras o acaso enterrados masivamente en fosas comunes localizadas nadie sabe en qué lugar del territorio nacional.

Lo indiscutible es que la negligencia con la que se ha comportado su gobierno respecto de esa vergonzante omisión, ha sido atentatoria contra los más elementales derechos de miles de mexicanos que, echándole culpas al también desidioso cuerpo Legislativo, juntos le han dado largas a asuntos tan relevantes que debieron ser de pronta resolución, como la ley contra la trata de personas que también fue dejada para la última hora, no obstante que ha sido de las principales actividades del crimen organizado en nuestro país.    

Lo mismo sucedió con los llamados ‘protocolos’ con los que debieron actuar siempre las fuerzas armadas militares y civiles en el combate al crimen, que también ‘al cuarto para las doce’ voltearon a ‘estudiarlos’ para supuestamente ponerlos en práctica, cuando eso debió de haberse hecho hace al menos cinco años. Pero bueno, así se las gastan el gobierno federal que inició la guerra contra los cárteles de la droga sin decir agua va y sin consultarle a nadie desde que comenzó el sexenio, y los legisladores que apenas parecen estarlo descubriendo.

pcardenascruz@yahoo.com.mx

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Justicia para los muertos

PAULINO CÁRDENAS

Justicia es lo que le han estado pidiendo al gobierno mexicano los organismos de derechos humanos y las familias de tantos miles de caídos por la lucha armada contra las mafias a la que está aferrado el Presidente, en torno a la cual no se sabe si pasarán años para que pudiera llegar a hacerse, como sucedió en alguna medida con la matanza de estudiantes del 2 de octubre del 68 o la masacre de Acteal donde el 22 de diciembre de 1997 el estado mexicano cometió una de las grandes masacres del país: paramilitares asesinaron a 45 indígenas. Lo que sucede es que la guerra de Calderón lleva más de 60 mil muertos, hasta ahora.

De hecho el recurso legal metido en la Corte Penal Internacional de La Haya por un grupo de académicos, intelectuales y periodistas que ahí va avanzando, también trata de clamar justicia e imponer castigo a quienes resulten responsables de tantas muertes que ha habido en México por esa inútil guerra gubernamental contra los cárteles, cuyos resultados han sido muy decepcionantes. Muchos en el país y fuera de él se preguntan: ¿Qué fue de tantos muertos? ¿En dónde quedaron? ¿Cómo murieron? Hasta ahora son muertos sin nombre, sin rostro, sin tumba.

Human Rights Watch y Amnistía Internacional han estado machacando a lo largo del sexenio sobre el tema, poniéndole énfasis a los abusos de los militares contra gente inocente, a lo que las autoridades han puesto oídos sordos o respondido que en México sí se hace justicia, lo cual todos saben que en la gran mayoría de los casos eso no dista de ser verdad. Incluso HRW acaba de dar a conocer la proporción de asuntos atendidos por el gobierno en relación al número de quejas, y la diferencia es abismal. Pero el caso de los muertos por la guerra es aún peor.

La gran mayoría de los más de 60 mil muertos que lleva la guerra del Presidente están en el anonimato. Nadie sabe en dónde quedaron. No existe un acta ministerial de prácticamente ningún caso. Si como dice al cabo que son muertos de los mismos grupos criminales en conflicto, pocos son los que logran ser identificados. Si tienen suerte llegan al forense de algún pueblo para ser enterrados por sus familiares, aunque siempre hay miedo de que pueda haber venganzas y acaben matando a más gente.

A nivel económico esa guerra ha arruinado la vida de miles de mexicanos. Se dice que cuando las familias abandonan sus casas por el temor a la violencia, obligadas a emigrar a otros lados, hay quienes van y acaparan de inmediato esas propiedades abandonadas en operaciones hormiga de las que casi nadie se percata. ¿Quiénes están quedándose con tantas propiedades? ¿Para qué? Las autoridades hacen mutis sobre ese asunto, como si no existiera.

Mucha gente inocente ha quedado a expensas de los abusos de los militares sin escrúpulos, policías federales e incluso grupos paramilitares que dicen andar en busca de cómplices de los grupos armados que trabajan para los jefes de los cárteles y las mafias criminales, cometiendo graves abusos contra los derechos ciudadanos. Ha habido quejas de que se cometen desapriciones forzadas, torturas, violaciones e incluso asesinatos, sin que nadie haga nada por evitarlo.

Ante tales atrocidades, miles de ciudadanos huyen a diario con sus familias a otras ciudades y varios miles de desplazados acaban yéndose a diversos poblados o ciudades urbanas. La situación es mucho peor de lo que la gente conoce a través de los medios porque incluso varios de ellos no se atreven a publicar lo que acontece en sus poblaciones o entiades por temor a represalias. La gente se entera de crímenes y masacres diríase que a la antigüita; de oídas, de boca en boca. Eso es un hecho.

Lo cierto es que miles y miles de muertos producto de la narcoguerra, sin nombre, sin rostro, desconocidos pues, en el mejor de los casos pudieron haber quedado en la morgue de alguna de las instancias judiciales de algún poblado donde casi nunca son reclamados, y tal vez hayan acabado, preservados en formol, en alguna universidad para ser usados en las clases de medicina forense.

Lo paradójico es que hay zonas del país que a pesar de que estar militarizadas, existe un vacío de autoridad civil, policial y militar. El cohecho o el miedo a morir es lo que impera en muchos poblados del país. Nadie se explica cómo, en Michoacán por ejemplo, tierra natal de Calderón, a pesar de que hay miles y miles de soldados y de policías federales destacados en la entidad, sigue habiendo atrocidades por parte de las mafias que no acaban de ser controladas. No es lógico.

Como tampoco es lógico para Human Rights Watch y Amnistía Internacional que haya abusos de militares contra gente inocente además de tantas muertes que se están dando en México por una guerra contra los cárteles que ni fu ni fa, en tanto miles de familiares de gente caída en esa guerra no tiene idea en dónde pudieron quedar sus muertos o si están desaparecidos. Ellos claman justicia. Y para los mexicanos su clamor es que haya castigo para los responsables de esa inútil guerra.

pcardenascruz@yahoo.com.mx


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