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Inseguridad: realidad vs ‘sensación’

PAULINO CÁRDENAS

Según los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI, correspondiente al primer trimestre de 2015, la ‘sensación’ de inseguridad bajó. Al menos 20 mil habitantes esperan que los siguientes meses la situación continúe igual de bien, mientras que casi 40 mil esperan que siga igual de mal y 25 mil esperan que empeore. Sin embargo, algunos medios siguen dando cuenta diariamente de los crímenes violentos que se dan en todo el país, como emboscadas del narco contra policías federales, matanzas en diferentes zonas del país, secuestros, extorsiones y crímenes atroces por parte de organizaciones vinculadas al narco, lo cual, entre lo que reporta esa encuesta y la terca realidad, hay bastante diferencia. No checa cabalmente esa ‘sensación’ con los hechos.

Si no hubiese esa realidad no se estaría adquiriendo armamento por parte del gobierno federal, que en teoría es para dotar a las policías ministeriales, la policía federal, las estatales y federales, al ejército y la marina y de material militar, supuestamente para combatir al crimen. Está también el número de granaderos, de miembros de las corporaciones de las fuerzas armadas que han crecido en número, con un costo no revelado por la federación. Más las tanquetas, camiones de agua, equipo protector, escudos y gases lacrimógenos también tienen un costo. Eso, por no hablar de los enormes desembolsos que han hecho los gobiernos federales en los dos sexenios panistas -el de Fox y Calderón- y el actual régimen priísta a cargo de Peña Nieto-, para la compra de poderoso armamento bélico.

Ese armamento bélico se refiere a armas que se usan en una guerra, como granadas, bazucas, tanques, rifles de asalto, bombas, aviones de combate, misiles, etc., que México ha estado comprando a diversos países, no se sabe bien a bien para qué. Tampoco se cree que hayan sido compras simuladas, pero en estos tiempos de corruptelas y de impunidad, quién sabe. El hecho es que ese tipo de inversiones son descomunales en cuanto a lo que cuestan. Primero porque el pago es en dólares. Segundo porque el armamento de última generación -si es que no se ha estado adquiriendo chatarra bélica de la que se deshacen algunos países que les venden a naciones del tercer mundo a precios de ‘ganga’-, tienen costos altísimos. En todo caso el endeudamiento es fenomenal. ¿O acaso es un intercambio de armamento por petróleo?

Como sea, el hecho es que parece que de poco ha servido la adquisición de tanto armamento, si el crimen organizado y las bandas que se dedican a diversas actividades ilegales son mafias que siguen vigentes, que se han empoderado de comunidades enteras por otro factor que también cuenta, y mucho, que es la insana relación entre capos y gente de las corporaciones policiacas, militares y marinas, aduanales y gubernamentales dizque dedicadas a perseguir a los criminales: las corruptelas que existen de unos con otros, amparadas por la Santa Impunidad. ¿De qué sirve que el gobierno haga gala de detenciones de capos de primera, segunda y tercera generación, si la criminalidad sigue? ¿De veras los crímenes violentos siguen bajando en el país?

Diversos apuntes señalan que la delincuencia que de 2007 a la fecha ha ido creciendo en el país. Además del estancamiento económico, es el problema que más lacera a los mexicanos en algunas entidades federativas y específicamente en ciertas comunidades y poblados más alejados de las cabeceras municipales. Son esos lugares en donde los grupos criminales se ensañan con los pobladores. De ahí que hayan surgido los grupos de autodefensa cuya misión, ciertamente ha ido degenerando y en no pocos casos ha decantado en complicidades con el crimen. Michoacán ha sido ejemplo de ello, en donde el ex comisionado plenipotenciario envido por el presidente, Alfredo Castillo Cervantes, acabó siendo un rotundo fracaso.

De hecho la incidencia delictiva ha crecido, además del robo a transeúntes, en lo que se refiere al secuestro y a los homicidios dolosos, estos derivados del acoso de las fuerzas gubernamentales armadas, cuyas bandas criminales han respondido ferozmente realizando emboscadas donde acribillan a mansalva a policías, militares y marinos. De hecho en esos ataques no se da cuenta de detenciones ni encarcelamientos; sobre el número de detenidos y encarcelados no hay cifras; son esporádicos los casos cuando así sucede. Al final los criminales salen libres ‘por falta de méritos’, es decir, porque no se les haya culpa.

La delincuencia común realiza el robo o asalto al transeúnte, robo a casa-habitación o a negocios. Después viene el otro estrato, que ya corresponde a la delincuencias organizada, donde hay la extorsión, la trata de personas, el narcomenudeo, el lavado de dinero, la pornografía infantil y el secuestro. El peor escenario es el que componen las ejecuciones, las decapitaciones, los descuartizamientos y los colgados, muchos de los cuales acaban en fosas clandestinas. Hay por supuesto, colusión entre el crimen organizado y las autoridades en diferentes escalas gubernamentales: mandos policiales, militares y marinos, tropa, aduaneros, jueces, ministerios públicos, alcaldes, gobernadores, legisladores, etc., etc.

El dinero del narco es el recurso más poderoso que tiene el crimen organizado y los cárteles de la droga. Estos últimos utilizan dólares para convencer al más pintado de los incorruptibles. Si no acceden, es muy posible que no duren mucho para contarlo. Los traidores también causan baja. Quienes entran a ser parte de las mafias y luego se arrepienten, les toca bala mortal. Por todo eso la incidencia delictiva se ha incrementado progresivamente, sobre todo del sexenio del panista Felipe Calderón para acá. Dicen los especialistas que en términos comparativos, internacionalmente las tasas delictivas en México son altas.

Acá las autoridades quieren hacer creer que las encuestas ciudadanas dicen la verdad. Habrá que ver si esa encuesta nacional del INEGI, del primer trimestre del año, la realizaron en poblados marginales de Michoacán, Chihuahua, Coahuila, Durango, Morelos, Tamaulipas, Sinaloa, Jalisco, Nayarit, Baja California, Baja California Sur, Sonora, Veracruz, la ciudad de México, Hidalgo o el estado de México, en donde, entre otras entidades federativas, el crimen sigue su marcha.

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BM ajustó a la baja nuestro PIB

PAULINO CÁRDENAS  

De nueva cuenta, por segunda vez en este año, el Banco Mundial redujo el horizonte del Producto Interno Bruto (PIB) de México. El ajuste fue a la baja. De 3 por ciento que era su estimación en abril, la colocó en 2.3 por ciento. Esto empata con la proyección mínima también a la baja que había dado a conocer hace unos días el Banco de México, aunque la máxima la daba en 3.3 por ciento; el pasado 6 de junio reconoció que este rango del PIB aún podía ser menor, por los datos más recientes sobre el débil desempeño en algunos indicadores de la economía del país. De esta manera el BM se unió a la ola de recortes sobre la perspectiva de crecimiento económico de México. Por supuesto que no son buenas noticias para el país.

Cuando el INEGI y el Banco de México dieron a conocer sus cifras de crecimiento para este año, la Secretaría de Hacienda tuvo que ajustar su expectativa de crecimiento en 1.2 por ciento de lo estimado en septiembre de 2013 y aceptar que el bajón sería de 3.9 por ciento a 2.7 por ciento. Y si había dudas, el Banco Mundial le acaba de poner la puntilla al optimismo oficial. Se sigue culpando a factores externos como las malas condiciones climáticas en EU, la crisis en Ucrania, el restablecimiento del equilibrio en China, disturbios en varias economías de ingresos medianos, entre otros. En términos simples eso equivale a que las cosas en México seguirán igual de estancadas como ha sucedido desde que inició el actual régimen. Quiere decir también que el panorama para México seguirá enrarecido.

Ante ello la Secretaría de Hacienda tendría que hacer algo más que esperar que los factores externos mejoren y procurar darle una inflexión al esquema trazado para reactivar los principales índices que han estado deprimidos. Hasta ahora no hay señales de un crecimiento y menos que este pudiera llegar a ser sostenido en el corto plazo. La industria manufacturera de México, al igual que los sectores comercio y servicios, mantienen un desempeño débil sin indicios de una recuperación de fondo de la debilidad económica percibida desde el año pasado. ¿Qué hacer para darle respiración artificial y revivan un poco los sectores productivos y en general al mercado interno del país?

El hecho de que el país dependa en gran medida de lo que le suceda a la economía estadounidense, es un factor que parece no ser favorable para el propósito de impulsar nuestro desarrollo integral en el corto plazo, lo que habrá de repercutir en el aspecto social y político, lo cual incluso podría empezar a verse en las elecciones intermedias que habrá en 2015 si, como se teme, las cosas no mejoran. Y ni se diga para el 2018 si la apuesta por el nuevo esquema de explotación petrolera no funciona o sus resultados acaban siendo demasiado tardíos. Sin embargo, en teoría no todo está perdido. Hay un mensaje de aliento que sin duda comparte el responsable de la política económica del país Luis Videgaray.

Según el economista de la Universidad de George Mason, Tyler Cowen, al mediano plazo México vivirá un ‘boom’ económico producto de las reformas estructurales que envió Peña Nieto en paquete al Congreso el año pasado, cuya gran apuesta está cifrada primordialmente en la reforma energética que, según el reconocido especialista, provocará una “explosión” en el crecimiento de México en los próximos años. Incluso sugirió que lo mejor sería que este avance sea gradual, para evitar una desaceleración como la que enfrenta Brasil después del boom que empezó a vivir hace dos décadas, señaló una nota de la agencia Notimex.

Al participar en el XXVI Simposium IMEF 2014, Cowen consideró que con la aprobación de reformas en diversas áreas económicas, México ya ha dado muchos pasos importantes, aunque pequeños, para consolidar su desarrollo. Indicó que aunque el resto del mundo no reconozca de inmediato los avances que ha hecho México, “va a haber una gran explosión; el crecimiento es una explosión”. Pero advirtió sobre los riesgos que esto puede implicar y se repita el caso de Brasil. Mencionó que tras los cambios que emprendió Brasil en los últimos 20 años, alcanzó tasas de crecimiento de 8.0 por ciento, pero en la actualidad sólo es en alrededor de 2.0 por ciento, y “yo no creo que ese sea el patrón que ustedes desean”.

Opinó que México necesita registrar un crecimiento moderado, con tasas entre 2.0 y 4.0 por ciento, y luego ver hasta dónde puede llegar, y precisó que si bien no puede afirmarse que hay un “Mexican moment”, el país sí ha avanzado mucho con la aprobación de reformas. Tyler Cowen, nombrado como “el economista de la década” por la revista The Economist, refirió que para alentar la inversión hacia México uno de los principales elementos es mejorar el régimen legal, lo que hay ha ocurrido en el país.

Señaló que entre los principales problemas que enfrentan los inversionistas en México es la educación de la fuerza laboral, que se ha mejorado con mucha lentitud, así como el alto costo de la energía, pues los precios son mejores en China. “Yo creo que los servicios de electricidad pueden mejorarse en los próximos años, aunque todavía hay un problema: la educación, los servicios públicos y, finalmente, la percepción de la seguridad, eso se tiene que mejorar”, añadió.

El también columnista del periódico The New York Times, refirió al citada agencia, anticipó que todo esto va a provocar un “boom” en México, y vaticinó que el futuro “puede ser mucho mejor, y con todo esto van a ser mejores en los próximos 10 años, están en camino para ser mucho mejor”. Indicó que es bueno que se vaya de manera lenta, pero segura. Sobre la inseguridad en México, opinó no todo está mal. Dijo que hay muchas ciudades seguras, como la capital del país o Puebla, aunque reconoció que hay otras regiones que no lo son tanto. Subrayó el destacado economista que lo importante es revertir esta percepción que hay sobre el país.

Comentó que México destina 6.3 por ciento del Producto Interno Bruto a educación, mientras que Suiza asigna 5.0 por ciento. “Ustedes no tienen que gastar más; simplemente tienen que dejar de invertir de forma equívoca”, consideró. Por otra parte, agregó que la corrupción es mucho menor que en otros países como China, aunque la parte positiva es que esta economía asiática está registrando un mayor crecimiento económico. Todos esos comentarios vienen a darle un poco de aire a la alicaída apuesta del gobierno peñanietista en materia económica. Aunque sea por ahora algo hipotético.

 

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México sigue mal y de malas

 PAULINO CÁRDENAS 

Aunque el discurso oficial sea de pleno optimismo basado en apuestas a futuro, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), reveló que México registra el peor índice en la caída en el ingreso que afecta fuertemente a las familias. “En producción y bienestar, México se encuentra en los niveles más bajos de la OCDE”, dijo Gabriela Ramos, coordinadora de gabinete y representante de ese organismo. De igual forma, indicadores del INEGI y del Banco de México señalan que nuestro país anda mal y de malas en diversos rubros, como son los índices de confianza al consumidor, el de confianza empresarial y en el de pedidos manufactureros, en tanto el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) rechazó la información oficial sobre la estabilidad macroeconómica del país y destacó que México no está en los niveles competitivos internacionales que permitan consolidar las actividades productivas ni enfrentar el riesgo de crisis recurrentes, ni la pobreza ha sido revertida.

Un estudio de la OCDE divulgado el pasado martes, señala que las familias mexicanas resintieron una caída de cinco por ciento en un periodo de tres años que siguieron a la crisis económica más reciente, “una de las caídas más pronunciadas entre los países de la OCDE”, estableció el estudio “¿Cómo es la vida? Medición del bienestar”, elaborado por esa organización, que reúne a los países con las mayores economías del mundo. México, de acuerdo con ese estudio, es el país con las jornadas laborales más largas y menos productivas. Al mismo tiempo, señala, en uno de cada cinco hogares mexicanos con al menos uno de sus miembros empleados, “se dieron condiciones de pobreza de los ocupados”, mientras que uno de cada diez de los miembros de familias en las que todos los adultos trabajan, estaban en situación de pobreza. Ambos porcentajes son los más altos en los registros de ese organismo, dice el documento.

El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) se ubicó en 84.5 puntos en febrero de 2014, nivel 11.4 por ciento inferior al reportado en febrero de 2013, cuando había sido de 95.5 puntos. “La caída anual que mostró el ICC con cifras originales en el segundo mes del presente año fue reflejo de disminuciones en los cinco indicadores parciales que lo constituyen”, informó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Banco de México (Banxico). El Indicador de Confianza Empresarial (ICE) correspondiente a febrero mostró un retroceso, informó el INEGI. En su comparación anual, el Indicador de Confianza Empresarial por sector de actividad, en el mes que se reporta, fue el siguiente: el ICE Manufacturero y el del Comercio cayeron 5 puntos de manera individual, y el de la Construcción descendió 1.6 puntos frente al mismo mes de 2013, con series originales.

Por su parte el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, CEESP, señaló tres rubros que deberían preocupar al gobierno, en especial a quienes llevan las riendas de la economía y las proyecciones a futuro del desarrollo del país. Ese órgano de análisis del sector privado señaló tres malas noticias: que México no está en niveles competitivos para consolidar las actividades productivas; que tampoco podríamos enfrentar el riesgo de crisis recurrentes, y que los índices de pobreza no han sido revertidos. Esto coincide con los datos que han dado a conocer la OCDE, el INEGI y el Banco de México. El panorama, pues, no es nada halagüeño, pese a que el discurso oficial habla de un futuro promisorio basado en supuestos beneficios que dejará la reforma energética y la venta petrolera con la participación de emporios extranjeros que explotarán nuestros hidrocarburos y capitales venidos de fuera que se sumarán a los proyectos de exploración, extracción y comercialización de crudo. Lo mismo, aunque en otra medida, será en el caso de la industria eléctrica.

Según los datos de la OCDE, que constantemente realiza estudios comparativos entre los países que pertenecen a ese organismo, relacionadas con el ingreso, empleo, salud, educación y el contexto local, hasta la seguridad personal y la satisfacción general con la vida, con el que trata de identificar las cualidades y deficiencias del bienestar de las sociedades en los países que integran el organismo, México aparece en el reporte como uno de los países más desiguales en cuanto a la distribución del ingreso. Esto, más los referentes de medición que coinciden con la OCDE, como los que realiza el INEGI y Banxico, más los presagios nada halagüeños de organismos como el CEESP, no dejan dudas sobre la realidad que vive México, muy distinta a los discursos oficiales de optimismo a veces exacerbados en los que se habla de una situación radiante de la que solo gozan unos cuantos privilegiados.

Dice el estudio de la OCDE algo ‘chistoso’ por decirlo amablemente. “Si en la mayoría de indicadores de bienestar social México se ubica por debajo de la OCDE, en cuestiones relacionadas con el bienestar subjetivo está mejor, lo que quiere decir que los mexicanos se sienten bien con su vida”, según la coordinadora de gabinete y representante de la OCDE, Gabriela Ramos. Eso equivaldría a acepar que los mexicanos viven jodidos pero contentos. O que simplemente son masoquistas, lo cual dista de ser cierto. Quizá esas encuestas las hacen entre la clase media alta o muy alta. Porque entre los estratos de clase media, y sobre todo entre las clases más pobres y miserables de las que forman parte millones de mexicanos, ese resulta un absurdo.

Solo hay que imaginar si los más pobres y olvidados o los indígenas que habitan en las serranías o que viven en los lugares más apartados del país, se atreverían a decir que ‘se sienten bien’ con la vida de miseria que llevan todos los días, cuando muchas veces no tiene nada qué comer para ellos ni sus hijos. Habría que preguntarles a estas gentes si entienden qué es el ‘bienestar subjetivo’ a ver qué contestan; eso si hablan castellano. Es mucho más realista lo que dice el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, de que México no está en niveles competitivos para consolidar las actividades productivas, que tampoco podría el país enfrentar el riesgo de crisis recurrentes, y que la pobreza que priva en muchas partes del territorio nacional no ha sido revertida. Así de simple.

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¿Hay maniqueísmo oficial?

PAULINO CÁRDENAS

Hay quienes piensan que para justificar y apurar que en el Congreso se aprueben las reformas del jefe del Ejecutivo federal tal como las propone, se ha manejado una estrategia de modo maniqueo para hacer creer que la economía de México se la está llevando el tren y que el país está a punto de declararse en bancarrota. Parece ser la misma estrategia que ha seguido el gobierno para la primera industria del país, al decir que Pemex está en quiebra, cuando no ha dejado de aportar el casi 40 por ciento de sus ingresos para sostener el gasto público del gobierno federal. Una empresa que está quebrada no sería capaz de eso, de manera que ese argumento no es creíble.

Existe la percepción de que el INEGI, al dar a conocer los últimos resultados de la información económica, ha optado por acoplarse a esa estrategia del gobierno, de hacer hincapié en que la economía de México no solo sigue estancada sino que va para abajo, al parecer para justificar la urgencia de que se apruebe en septiembre las reformas energética y hacendaria o de otra manera el país no saldrá del atolladero. Ese Instituto dio a conocer esta semana que el crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB) en el segundo trimestre fue superior al avance de 0.6 por ciento en el primer trimestre, con lo que de enero a junio la economía creció 1.0 por ciento.

El dato del PIB durante abril-junio de este año estuvo por debajo del crecimiento de 2.5 por ciento estimado por Hacienda y al 2.3 por ciento esperado por el consenso del mercado para ese periodo. En tanto, la contracción de 0.74 por ciento que registró la actividad económica con cifras desestacionalizadas es la primera caída desde principios de 2009, lo que revela que la desaceleración de la economía se intensificó en el periodo abril-junio de este año. Hacienda tuvo que aceptar que su proyección de crecimiento del PIB que era del 3.5 para este año, será del 1.8 lo que equivale a que el impacto en la economía como medio para lograr un crecimiento sostenido, generar empleos de calidad para todos los mexicanos, etcétera, etcétera, se fueron al caño con el nuevo ajuste de la proyección gubernamental para 2013. ¿En dónde ha estado la falla?

¿Qué instancia es la principal impulsora y sirve de combustible para echar a andar la economía? Se supone que el gobierno federal. Para eso tiene un presupuesto multimillonario aprobado en el Congreso de la Unión. ¿Se está en espera de lo que suceda en el Congreso con las reformas energética y hacendaria antes de soltar todo el presupuesto programado por trimestre? Porque si bien el secretario de Hacienda, Luis Videgaray es el mejor cabildero y vocero de Peña Nieto para empujar las estrategias presidenciales de reforma energética y la que viene hacendaria y fiscal, hay también la queja de que esa dependencia no ha soltado todo el presupuesto para inversiones del gobierno que podría reactivar en parte la economía. ¿A qué obedece?

Se supone que un factor había sido el subejercicio del gasto de la administración pública federal, pero el propio Peña Nieto dijo que ya se estaba corrigiendo, pero al parecer no es así. El pasado 8 de julio, mencionó que estaba decidido a incrementar el impacto positivo de las compras gubernamentales en la economía como medio para lograr un crecimiento sostenido y generar empleos de calidad para todos los mexicanos. En esa fecha recordó que el Estado es un actor económico esencial al ser el principal consumidor e inversionista de la Nación. Dijo que las contrataciones públicas en nuestro país representan un importante porcentaje del Producto Interno Bruto, situación que se traduce en impactos muy relevantes para el desempeño de la economía en su conjunto. ¿Luego entonces?

Ahora bien, si como se infiere de lo que dice ese Instituto, México anda en picada en cuanto a las actividades industriales y de comercio, en donde poco se compra y poco se vende, es una muy mala noticia para el país y entonces lo que habría que preguntar, ¿que ha ocasionado esa debacle económica? ¿Cómo es que en nueve meses que lleva el nuevo gobierno federal no se ha podido recuperar, hay estancamiento y las cifras indican que vamos para atrás? ¿Será cierto que como dijo Luis Videgaray, es parte de la inercia de cómo dejó las cosas el gobierno de Felipe Calderón? ¿Qué es lo que en realidad ha fallado? ¿El cálculo? ¿La proyección? Pocos lo creen.

Lo que más preocupa es la lectura que pudiera dársele afuera a la situación económica de México, que tiende a empeorar. Si el país tiene un problema artrítico en su economía, lo que equivale ir camino a la ruina ¿el mensaje es que vengan a invertir en un país en parte estancado y en parte en ruinas, pero con una enorme riqueza de hidrocarburos en el subsuelo mexicano a la que se invita participar en ‘contratos de utilidad compartida’ para extraer y explotar yacimientos que hay en aguas ‘utraprofundas’ del Golfo?

Los sospechosistas consideran que hay gato encerrado y maniqueísmo en cuanto a la situación de la economía mexicana, lo mismo que en la presunta quiebra de Pemex donde, por cierto, todo mundo habla de modernizar la industria petrolera, pero nadie habla de erradicar la corrupción que sigue imperando en ella.

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México es de clase baja

PAULINO CÁRDENAS

Las contrastantes cifras que dio a conocer el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Inegi, en cuanto a los estratos sociales –clase alta, clase media y clase baja, seguramente con alguna finalidad política que pronto se sabrá–, no son ninguna novedad, aunque sí lo es que las haya publicado por primera vez y en donde queda claro que México es un país de clase mayoritariamente baja. ‘Ya lo sabía’ dirán los 66 millones 400 mil de mexicanos que quedaron catalogados en ese estrato. Según ese instituto, en la punta de la pirámide hay un millón 340 mil personas de ‘clase alta’; en la media quedaron registrados en ese estudio 44 millones de mexicanos.

En la clase alta están entre otros, los depredadores del sistema, aquellos ex funcionarios públicos de primer nivel que acaban ricos al término de su gestión, trátese del poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial. En este grupo están por supuesto aquellos empresarios que han gozado, entre otros privilegios, de pagar casi nada de impuestos porque saben cultivar amigos en los altos niveles de decisión y repartir favores. Cualquiera podría adivinar los hombres de nombre que están en la llamada clase alta.

En su exposición, el instituto buscó tamizar los conceptos, al decir por ejemplo que clase social baja no es sinónimo de pobreza en esta investigación. “No necesariamente todos los miembros de clase baja son pobres en el sentido de que caigan debajo de un umbral normativo de ingresos y de acceso a bienes y servicios públicos que les impide ejercer su capacidad como miembros de la colectividad nacional”, señala el estudio. ¿Será algo así como que hay pobres que se creen ricos porque completan muchos de sus gastos a base de tarjetazos, lo que complica más su economía y su pretendido estatus?

En el documento se afirma que la pobreza no es una clase social, sino “una condición que puede presentarse con mayor probabilidad para la clase baja”, la cual está constituida por 59.1 por ciento de los habitantes del país, mientras la población en situación de pobreza representa 42.6 por ciento del total nacional, comparó. El estudio define a la “clase baja” como un “segmento heterogéneo pero estable estadísticamente hablando, en el que se presentan distintas situaciones de previsión frente a la adversidad, de cercanía a los mecanismos de protección del Estado y de pertenencia a redes de solidaridad grupal”.

Pese a esa explicación un tanto eufemística, los pobres de siempre han sabido bien que los son, más que nada porque las políticas públicas que prometen instrumentar los gobernantes que aspiran a serlo con el voto mayoritario del ciudadano, a nivel federal, estatal y municipal, no se cumplen cabalmente y muchas ni siquiera logran arrancar.

Antes de las elecciones, los candidatos andan en busca del voto de esa clase baja que es la mayoritaria e incluso sucede lo mismo con la clase media, aunque al final de la película los privilegios de gobierno son para los de la clase alta. Así ha sido siempre. Esta vez, con el gobierno de Peña Nieto, no ha sido la excepción. Hay quienes forman parte de la elite de poder que encabeza el gobierno federal, con los dirigentes de los tres principales partidos políticos que integran el Consejo Rector del Pacto por México, quienes se reparten el pastel y ven por sus intereses más que por los de la ciudadanía que dicen representar o a quienes dicen gobernar. Ahí empiezan las discriminaciones, las desigualades. Y si no, que se lo pregunten al propio Legislativo que se siente desplazado en la toma de decisiones torales porque cuando llegan al Congreso de la Unión, los asuntos ya fueron ‘planchados’ en el Pacto.

Como sea, México siempre ha sido mayoritariamente de clase baja, para no hablar de los mas de 60 millones de pobres que viven como Dios les da a entender, más cerca de siete millones que integran los más pobres de todos los pobres y quienes viven con el Jesús en la boca, ya que por más que gobiernos van y gobiernos vienen que prometen programas y planes para reducer la pobreza, nada sucede. En esta administración la promesa se llama Campaña Nacional contra el Hambre, la cual sigue en veremos, igual que otros programas que por razones diversas no han podido arrancar en este sexenio después de cumplirse seis meses de gobierno.

Todos los gobernadores cuando andan en campaña prometen terminar con la creciente polarización entre ricos y pobres, pero nunca lo logran. Lo innovador en este sexenio ha sido mandar al por mayor iniciativas de reforma al Congreso de la Unión, a ver cuál pega después de ser aprobada y afinadas sus leyes reglamentarias. El problema estriba en que por más reformas que haya, el país no va a cambiar, en tanto la dupla corrupción-impunidad siga reinando en todo acto de gobierno, sobre todo cuando se trata de gastar a discreción el dinero puúblico por parte de los mandatarios de los tres niveles de gobierno, sin ningún coto ni restricción, y sin rendición de cuentas.

Los ejemplos sobran; los hay de cualquier sexenio tomado al azar. Algunos están de moda como Andrés Granier, quien vino a México dizque a demostrar que es inocente. Pero hay muchos otros, como Humberto Moreira quien  dejó a Coahuila peor que el químico a Tabasco. Otros que pertenecen a esa clase depredadora de las arcas públicas anda tras de ellos la justicia; y muchos más, los millonarios de los últimos sexenios a costillas del cargo public o de los favores repartidos, siguen por ahí gozando del discreto encanto de la impunidad que priva en México. Son los que pertenecn a la clase alta.

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Se desplomó la economía

PAULINO CÁRDENAS

El pasado viernes el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer el desplome en la economía en el primer trimestre del año, cuya desaceleración afectó al desempleo y  la inflación, sobre todo en alimentos, además de una severa caída industrial. Ese desplome motivará una menor recaudación de impuestos y por ende provocará recortes al gasto público. Sin embargo, hay quienes apuestan a que para el gobierno federal, lejos de significar ese anuncio un desaliento, resultará el pretexto perfecto para impulsar, a través del Pacto por México, las reformas estructurales en las que tiene mayor interés el jefe del Ejecutivo, como son la hacendaria y la energética. De hecho esa brusca baja caída afectó a todas las actividades productivas.

En términos reales, ese desplome provocó una reducción de 567 mil millones de pesos en el valor de la economía mexicana en marzo respecto del nivel alcanzado en diciembre, de acuerdo con los datos del INEGI. Se trata de una cantidad que, para efectos comparativos, equivale al valor de las exportaciones mexicanas de petróleo en un año: en 2012 alcanzaron 46 mil 788 millones de dólares, unos 561 mil millones de pesos, al tipo de cambio de este viernes. El secretario de Hacienda, Luis Videgaray, expresó: “No son buenas noticias”. Apenas el pasado 5 de mayo, Peña Nieto había dicho en Puebla que México estaba listo para despuntar y convertirse en una potencia económica emergente. El pronóstico se lo echó por la borda el mencionado instituto.

Lo que se teme es que esa tendencia pudiera seguir yendo a la baja en el segundo trimestre del año, lo que significaría una recesión peor, que podría llevar a los linderos de una más severa caída de la economía mexicana en términos generales. Señalan los expertos que es prioritario que se fomente el mercado interno si se quiere evitar que México sea arrasado por la debilidad de la economía de Estados Unidos hacia una nueva fase de estancamiento, o peor, a una nueva recesión que parece estar en ciernes en el vecino país.

Lo que algunos se preguntan es, ¿por qué fallaron los cálculos del gobierno federal? ¿Fue deliberado llevar más allá del entorno de la realidad las proyecciones que sonaban tan optimistas y que ahora el INEGI los ajusta a la baja después de analizar los resultados del primer trimestre? Las cifras mostraron una desaceleración adicional de la actividad económica en los tres primeros meses del año. ¿O hubo cálculos deliberadamente ficticios, más allá de lo razonable, a sabiendas de lo que vendría y entonces tomar esa caída como pretexto para que el gobierno federal enarbole la bandera del rescate con las reformas hacendaria y energética?

Entre enero y marzo de 2012, el Producto Intero Bruto aumentó a una tasa anual de 4.9 por ciento. En los tres primeros meses de 2013 resultó ser de 0.8 por ciento, lo que significa una sexta parte del que se observaba hace un año, de acuerdo con los datos del INEGI, y la cifra más baja desde el cuarto trimestre de 2009, cuando el país pasaba por una recesión. El hecho es que la economía mexicana cayó en una desaceleración más pronunciada de lo esperado. Ese sería el mejor argumento para el gobierno con miras a impulsar las reformas hacendaria y energética que pronto serán enviadas al Congreso de la Unión en busca de que la oposición legislativa no le pongan tantos peros.

De suyo esos signos negativos para la economía resultan preocupantes para el país, y no se descarta que, al margen de su optimismo, el gobierno peñista tenga problemas para empujar las reformas hacendaria que pretende el cobro de impuestos a medicinas y alimentos lo que reduciría el poder adquisitivo de la población en general, lo mismo que la reforma energética que tendrá la amenaza lopezobradorista que se opondrá con todo a que pase en el Legislativo, ya que para los radicales de izquierda eso sería abrir la inversión privada en Pemex, lo que supone comprometer la riqueza petrolera de los mexicanos, además del propósito de querer quitarle el subsidio a gasolinas y electricidad.

Incluso la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) recomendó al gobierno de México permitir la entrada de capital privado en Petróleos Mexicanos, así como gravar alimentos y medicinas, a fin de incrementar la recaudación hacendaria en el país, con el objetivo de obtener mayores recursos que permitan combatir la pobreza a nivel nacional. En el Estudio Económico de México 2013, el economista Sean Dougherty advirtió que una de las principales debilidades que impiden el crecimiento de la nación es el sistema fiscal, por lo que consideró urgente que se elimine la tasa cero de alimentos y medicinas para dar mayor solvencia al gasto público. 

Para contrarrestar la destada carestía, derivada, entre otros factores, por el incremento mensual a las gasolinas, que históricamente ha quedado demostrado que es inflacionario, el presidente Peña Nieto ordenó comprar a otros países alimentos de primera necesidad. Por otra parte, el gobierno hará una evaluación de los rubros de gasto que podrían ser susceptibles de revisión. Asímismo, se utilizará la Ley de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria para revisar los procedimientos que sean necesarios y, en su caso, utilizar el Fondo de Estabilización de los Ingresos Petroleros, mientras llegan los tiempos de enviar las reformas hacendaria y energética al Congreso de la Unión.

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Pegaría a México otra recesión en EU

PAULINO CÁRDENAS

Hay optimismo por parte del oficialismo gubernamental con respecto de la economía mexicana, al anunciar la semana pasada que el Producto Interno Bruto aumentó 7.6 por ciento en el segundo trimestre del año, lo que para el presidente Felipe Calderón fueron ‘buenas noticias’. Sin embargo, aunque  el crecimiento superó al del primer trimestre del 2010 que fue de 4.3 por ciento, aun se está lejos de compensar las caídas registradas en los trimestres de 2009 que fueron de 7.9 y 10 por ciento respectivamente.

El Producto Interno Bruto de México creció a una tasa de 7.6% durante el segundo trimestre del año con respecto al mismo periodo del 2009, es decir, 614,599 millones de pesos, para ubicarse en 8.75 billones de pesos, según información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, y reportó que el crecimiento en la primera mitad del año fue de 5.9 por ciento.

El dinamismo mostrado durante el segundo trimestre del año es atribuíble en especial al impulso proveniente del mercado externo pues el interno avanza moderadamente. “Aunque la recuperación económica del primer semestre del año fue mejor a la prevista, ésta se moderará ante la desaceleración económica de EU”, coinciden analistas financieros, quienes señalan que Estados Unidos sigue presentando problemas estructurales muy serios y el más evidente es una recuperación sin crecimiento en el empleo.

Aun cuando la economía de Estados Unidos se desacelere, la mexicana no se verá afectada. “Ya se esperaba una desaceleración en aquel país y las autoridades han estado pendientes sobre la gravedad que pudieran presentar los indicadores económicos, de tal manera que pueden actuar en cualquier momento de manera más agresiva”, declraba ahace unos días a CNN Expansión, Alfredo Coutiño, director de Moody’s Economy.com.

Si hay un repunte en Estados Unidos y hay señales francas de recuperación en el  empleo allá, sería señal de que las empresas norteamericanas estarían empezando a recontratar, a invertir, y las expectativas serían por supuesto positivas. ¿Pero si no es así? Hay analistas que no ven las cosas con tanto optimismo y consideran que el 2011 podría ser otro año duro, difícil, en el que pudiera llegar a recrudecerse la recesión norteamericana, con efectos negativos también para México.

Ello, basado en las medidas anunciadas el martes pasado por Ben Bernanke presidente de la Reserva Federal estadounidense, encaminadas a reactivar su economía y a dotar de mayor liquidez a los mercados emergentes, lo cual sin lugar a dudas beneficiará a México. Hay optimismo en México de que así sea.

Por lo pronto, el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero dijo la semana pasada que el paquete económico que el Gobierno Federal propondrá para 2011, privilegiará la fortaleza de las finanzas públicas y la generación de ingresos suficientes para atender las necesidades de inversión del país, y advirtió que cualquier medida contraria a ello –refiriéndose obviamente a los legisladores de los partidos de oposición– “sería irresponsable”.

Señaló que aún no hay nada definitivo, y aunque en materia de impuestos están sobre la mesa todas las alternativas y posibilidades desde el punto de vista técnico, en estos momentos sería irresponsable poner en riesgo la fortaleza de las finanzas públicas, que es lo que a final de cuentas ha hecho que México tenga una recuperación económica ‘tan sólida’ como la registrada en el primer semestre del año.

Cordero habló en la reunión plenaria del grupo parlamentario del Partido Acción Nacional en el Senado de la República, en donde, al término de la misma, al responder a periodistas vino el famoso lapsus del funcionario que luego tuvo que enmendar. Había dicho que hasta habría la posibilidad de quitar impuestos, pero tres horas más tarde tuvo que recular y decir que él no había dicho lo que sí dijo.

El caso es que el panorama para México el año venidero no está del todo claro. Se ha reconocido que sí hay riesgos de una recesión en Estados Unidos. Y que  pese a los nuevos estímulos anunciados por el presidente de la Reserva Federal estadounidense, Ben Bernanke, sí podría haber ‘una tercera recesión’ en el 2011 en el vecino país, de cuyos efectos no se libraría México.

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